2 de julio 2014 - 21:18hs

En 2007, los baños de la terminal Ramón Tabárez, del Cerro, se habían convertido en moteles o búnker donde concretar el delito. Por esa razón, la gerencia de la terminal ordenó colocar 16 cámaras de seguridad y contratar guardias que vigilen la puerta de los baños. El fenómeno desapareció, aseguran los informantes, pero la terminal sigue siendo un centro vinculado a la explotación sexual infantil.

La investigación del Comité Nacional de Erradicación de la Explotación Sexual Comercial (Conapees) encontró que muchos de los relatos de explotación sexual tenían a la terminal como escenario. Niñas y adolescentes esperan allí a los explotadores y se pierden en la noche, dentro de los autos o de los ómnibus. Por esa razón, Conapees se propone trabajar en la sensibilización de las empresas de transporte y de choferes, guardias e inspectores.

También aparecen relatos de explotación en las otras terminales de la zona: Santa Catalina, Playa del Cerro y Casabó. A su vez, los tres parques de la zona suelen ser un escondite nocturno frecuente de los explotadores.

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La orilla del arroyo Pantanoso aparece en reiterados relatos como el lugar donde se consuma el delito.

Las obras de saneamiento que se realizaron en la zona generaron mano de obra masculina y buenos escondites. Los entrevistados también concuerdan en que durante el trabajo de saneamiento aumentó la explotación sexual infantil.

Los impactos de los megaemprendimientos en la zona, entre ellos el de la regasificadora, que generan mano de obra masculina con dinero en mano, son percibidos de diferentes maneras que dependen, fundamentalmente, de la posición ideológica de los entrevistados.

Durante la reunión con vecinos y referentes, fueron mencionados varios escenarios más, como el puente en el que se cruzan las rutas 1 y 5.

Y luego están las casas y las cerraduras. A veces, niños, niñas y adolescentes no tienen escapatoria, incluso cuando el explotado es sancionado. Deben, necesariamente, volver a la escena del delito para desvelarse bajo ese techo.

“No tenemos dispositivo de alojamiento cuando algunos casos, aunque no todos, lo requieren”, reconoció Luis Purtscher, presidente de Conapees.

Como si la multiplicidad de sitios propicios para los explotadores no fuera suficiente, los profesionales también advierten que las nuevas tecnologías, desde Facebook a WhatsApp, pueden potenciar relaciones desiguales camufladas que conduzcan hacia la explotación.

Conapees considera que el entramado social y económico de la zona contribuye con la aparición y reproducción del fenómeno. En la periferia de la villa del Cerro se concentra la pobreza y la extrema pobreza: viviendas precarias, asentamientos, escasa o inadecuada oferta educativa, difícil acceso a los servicios de salud y precariedad laboral, una incubadora perfecta para que germine la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes.

Las víctimas reciben desde $ 20 a $ 1.000 y existen indicios de que los varones explotados de mayor edad exigirían bienes de mayor costo. Su explotación está aún más invisible que la de niñas y adolescentes.

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