Adriana Calcanhotto, quien se presenta en Montevideo el próximo miércoles en el Auditorio del Sodre, nació hace 49 años en Porto Alegre. Tiene sangre gaúcha y ascendencia italiana, ojos celestes y una de las voces más sugestivas de la música brasileña contemporánea.
Pero a pesar de ese origen, y de que su madre era profesora de música folklórica, nunca en su carrera apuntó hacia los ritmos riograndenses.
“Tal vez es algo que nunca me causó impacto, como sí lo hicieron el samba o la música popular de Bahía”, confiesa Calcanhotto a El Observador.
Su obsesión, su oído y sus dedos sobre la cuerdas de la guitarra siempre miraron al norte, a otros estados de Brasil donde se forjó la llamada MPB (música popular brasileña), y su mirada fue tan potente que incluso traspasó las fronteras naturales de su país, y atravesó el Atlántico para que su creatividad abrevara en Portugal, uno de los pilares donde se apoya la tradición musical de Brasil.
A lo largo de todo el año 2014 y en ese mismo espacio geográfico, Calcanhotto estuvo recorriendo Brasil de sur a norte y viceversa, y haciendo del océano un charco, con su show Olhos de onda, que presentará pasado mañana en esta ciudad.
Cuando creyó que la gira ya había terminado, de pronto Montevideo se coló en su camino como una flor sorpresiva, y Calcanhotto se decidió a agacharse un poco más al sur y tomarla en sus manos.
Golpes en la vida
Pero más allá de escenarios, planes y estructuras, las situaciones de la vida atraviesan a los artistas que tienen la misma indefención de cualquier humano. En enero pasado, Calcanhotto enviudó, luego de una relación de 25 años con Suzana de Moraes, hija del gran Vinicius de Moraes.
La mención al hecho no es trivial, porque en cualquier persona pero sobre todo en una artista tan emocional como Calcanhotto la secuela de una pérdida así es un golpe muy duro.
Pero Calcanhotto enfrenta el luto con “ganas de cantar, con saudade de cantar”, en un show donde promete la libertad sufiencte como para que “alguien se anime a pedir canciones”, porque confiesa que “todo puede pasar”.
Lo más importante es vivir. “Siempre les digo a los jóvenes que se acercan a mí y que quieren escribir música, que antes de nada tengan una vida. Es un ejercicio constante”, agrega Calcanhotto.
Esta es la tercera presencia de Adriana Calcanhotto en Montevideo. Y ante esta situación en el mapa, la artista reflexiona sobre lo que escuchará en 48 horas.
“Estas canciones tienen algo del sur profundo, canciones cercanas a determinada, línea de pensamiento y de construcción pero es difícil anticipar, porque puede ser que cambie el repertorio”, dice Calcanhotto.
Se trata de un show muy introspectivo, de profundidad los extremos de la voz y la guitarra. En el medio de esos mojones se despliega el territorio donde Calcanhotto toca las fibras de la intensidad: aparecen Portugal y el poeta Fernando Pessoa, entre otros. “Conceptualmente, el show tiene un gran peso literario y emocional”, explica.
El cuerpo también juega un papel sobre el escenario. Como a la intérprete ya no le queda cómodo tocar con piernas cruzadas, coloca sus pies sobre una columna de libros, donde se puede leer volúmenes tan diversos como poesía de TS Eliot o una biografía de Mick Jagger. “No tienen un significado concreto, más allá de servir de apoyo para mis pies. Están puestos para mi comodidad”, dice.
Además de sus clásicos como Devolva-me o Sem saída, entre muchos otros, también hará un cover de Amy Winehouse, Back to black.
“La canción es bellísima, solo con guitarra. La melodía es muy fuerte y tiene pocos acordes, muy bonita, pero a la vez muy simple”, dice.
Confiesa que los covers son canciones que le gustaría haber escrito y que disfruta en su ejecución. En dos noches, Calcanhotto pondrá su palabra cantada la servicio del arte de escuchar.
Quiere que su actitud descontracturada se cuele en la disciplina de la gira, a la que en Montevideo pretende “agregarle dulce de leche”. No olvidemos que el dulce siempre ayuda a vencer un milímetro la tristeza.