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30 de noviembre 2014 - 21:07hs

Aunque el invierno estaba cerca, Luis Lacalle Pou vivió el 1° de junio una primavera política que se extendió –encuestas erróneas mediante– hasta la primera vuelta del 26 de octubre cuando, en plena primavera, se le vino el invierno.

Y a partir del balotaje de este domingo 30, Lacalle Pou parte de una nueva estación que le depara obstáculos bastante diferentes a los que hasta ahora se le han presentado y que suponen, entre otras cosas, el desafío de dejar de ser candidato para convertirse en líder.

Pero recorramos un poco la historia reciente. Lacalle Pou heredó el aparato herrerista de su padre, Luis Alberto Lacalle, y le fue sumando nuevos grupos y personas con las que construyó un paraguas electoral para disputarle la candidatura blanca a Jorge Larrañaga.

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Con su propuesta “por la positiva”, sus renovadores spots con discursos musicales y su, finalmente predictorio, “no venimos a evitarle al Frente Amplio las mayorías”, Lacalle Pou le ganó a Larrañaga y a las encuestas.

Empezó entonces a desplegarse, en los medios de comunicación, en las redes sociales y alrededor de los estrados, un aparente fenómeno político y social que encantó a militantes y analistas.

Miles de selfies compartidas, niños que tras los actos se llevaban los vasos de plástico de los que bebía el postulante y la calificación de “ícono pop” por parte de algún politólogo, son algunas de las pruebas del encantamiento.

La campaña hacia la primera vuelta del 26 de octubre lo tuvo como principalísimo protagonista. Para mejor, las encuestas acompañaban el fervor y lo mostraban disputándole el poder al Frente Amplio con muy buenas chances de arrebatárselo. Ni sus dudas y vacilaciones en algunas apariciones públicas ni su polémica pirueta con el “díganle a Tabaré que lo espero en esta bandera” parecían hacerle mella.

Incluso se dio el lujo de enfrentar a Tabaré Vázquez en el hall de un hotel de Melo y de invitarlo a conversar en un rincón en donde le increpó por haber catalogado sus propuestas como “pompas de jabón”.

Los blancos se entusiasmaban y los frenteamplistas se ponían nerviosos al paso del candidato de 40 años que decía rebelarse contra el “no se puede” para “gobernar y gobernar bien”.

Hasta que llegaron las elecciones de 26 de octubre con su ya conocida mayoría parlamentaria para el Frente Amplio y el consabido porrazo del candidato blanco.

Entonces comenzó otra historia. El mensaje “por la positiva” empezó a ser cuestionado por muchos dirigentes que lo habían abrazado con pasión, y hasta los asesores de Lacalle Pou se largaron a practicar un discurso de confrontación con el Frente Amplio.

Golpeado por el resultado, Lacalle Pou bajó la intensidad de sus apariciones públicas y se preparó para esperar el resultado de un balotaje con un final que nadie había imaginado tan cantado.

Con los resultados de la segunda vuelta a la vista y cumplido todo el ciclo electoral, a Lacalle Pou se le termina su primera experiencia como candidato y comienza una etapa en la que los golpes de efectos propios ajenos, los discursos en busca de votos, y las autofotos con admiradores ya no cuentan.

Ahora deberá demostrar que tiene la capacidad para dejar de ser candidato y convertirse en el líder de su partido y en el principal referente de la oposición.

Para lo primero, deberá terminar de convencer a ciertos sectores del Herrerismo que nunca dejaron de verlo como un candidato inmaduro que no calza los puntos de su padre y exconductor de ese grupo.

También tendrá que mostrar que el camino que propone es mejor que el de Jorge Larrañaga, quien, tras perder la interna, creció en consideración de los blancos y se reveló como una pieza fundamental del esquema nacionalista.

Además, deberá aprender a negociar con un partido de gobierno con el que ha tenido una relación muy poco amigable.

Si bien el presidente electo ayer lo consideró “un hombre joven, inteligente y con un futuro importante en el país”, en privado lo había considerado un interlocutor poco sólido –“le falta endurance”, le ha dicho a sus allegados.

José Mujica –quien tendrá un peso importante en el gobierno– lo considera sapo de un pozo del que no quiere pasar ni cerca.

Desde el Senado, Lacalle Pou deberá medirse con colegas que recién aterrizan en ese ámbito, pero también con otros que le disputarán el protagonismo.

Lacalle Pou había previsto tiempo atrás que 2019 sería el año en el que se arriesgaría a disputar la presidencia de la República. Luego decidió adelantar los tiempos y, a partir de hoy, deberá hacerse cargo de ese salto sin red.


“Los uruguayos están podridos, cansados de peleas que luego quedan disimuladas con el paso de las elecciones”
Luis Lacalle Pou
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