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Luis Lacalle Pou

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Lacalle Pou obligado a dejar un buen recuerdo para contener a la izquierda

La gestión del presidente influirá en las próximas elecciones pero también en las de 2029

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24 de junio de 2022 a las 14:43

Lo que se juega el presidente Luis Lacalle Pou en la gestión que inició el 1 de marzo de 2020 es bastante más importante que sentar el precedente histórico de alcanzar la reelección del Partido Nacional que no se lograba desde 1962: de esa labor dependerá también la expectativa de su propio regreso al poder en 2029, carta que se guardan sus seguidores para impedir una seguidilla de triunfos del Frente Amplio o para extender el predominio blanco durante tres lustros.

El razonamiento de varios dirigentes nacionalistas consultados por El Observador es coincidente acerca de los riesgos que acechan al oficialismo –no solo a los blancos, sino a toda la coalición gobernante- debido al desgaste que siempre supone ejercer el gobierno y la escasez de candidatos de cierto porte.

Tienen claro que Lacalle Pou no solo debe cumplir una muy buena gestión para habilitar el triunfo de quien sea el candidato blanco en los próximos comicios, sino que le resulta necesario dejar un buen recuerdo para que su figura sea opción en 2029.

En conversaciones informales con politólogos, dirigentes blancos recibieron la opinión de que probablemente no baste con realizar una gestión “correcta” para lograr el triunfo en las elecciones siguientes.

El Frente Amplio pudo permanecer en el poder tras tres elecciones seguidas pero lo hizo con una situación externa que empujaba a la economía local,

Los votantes suelen exigir algo más de lo ya dado –o algo distinto pero no tanto- para renovarles la confianza a los partidos gobernantes. Y la oferta electoral que hoy presenta el oficialismo no parece cumplir con ese objetivo.

En el Partido Nacional se perfila el secretario de la presidencia Álvaro Delgado como postulante del lacallismo, una figura que por su trayectoria y su cercanía con el presidente seguramente ofertará “más de lo mismo” a los votantes. En tanto que en el ala “wilsonista” de los blancos campea la confusión tras la muerte de Jorge Larrañaga y aún no se perfila un candidato fuerte.

Por su lado, los colorados esperan el retorno a la política de Pedro Bordaberry para ofrecer un postulante de peso, pero este regreso aún no es seguro.

La figura de Guido Manini Ríos al frente de Cabildo Abierto no parece reunir los requisitos de una candidatura que pueda aglutinar tras de sí en un balotaje a todas las corrientes que se expresan en la coalición gobernante.

Los votantes suelen exigir algo más de lo ya dado –o algo distinto pero no tanto- para renovarles la confianza a los partidos gobernantes. Y la oferta electoral que hoy presenta el oficialismo no parece cumplir con ese objetivo.

 

En ese sentido, un estudio realizado por el politólogo Ignacio Zuasnábar revelo que entre los votantes del Partido Nacional existe cierta desconfianza con las actitudes del excomandante en Jefe del Ejército.

Manini Ríos fue quien en la noche del fracasado referéndum contra la Ley de Urgencia lanzó una advertencia al ver la exigua diferencia con la que triunfó la postura del gobierno: “Creo que lo bueno del resultado de esto es que a todos nos pone nerviosos. Somos conscientes de que con cualquier error perdemos. Porque esta diferencia dentro de dos años no está más; cualquier error perdemos, cualquier error”, dijo.

A Manini le cabe razón: son unos 30 mil los votos de diferencia que llevaron a Lacalle Pou a la presidencia. Una distancia que se puede difuminar fácilmente si, como fue dicho, la gestión no es lo suficientemente exitosa como para que la gente quiera consumir dos platos seguidos con similar sabor.

El Frente Amplio pudo permanecer en el poder tras tres elecciones seguidas pero lo hizo con una situación externa que empujaba a la economía local, además de presentar candidatos de peso como lo fueron Tabaré Vázquez y José Mujica.

Cuando el dinero en el bolsillo de los uruguayos comenzó a mermar y la entonces oposición logró encontrar un candidato sólido y novedoso como Lacalle Pou, la coalición de izquierda sucumbió desplazada además por el magro desempeño en la campaña cumplido por Daniel Martínez.

Habrá que ver cuánto rinden en campaña los futuros candidatos del gobierno y la oposición (por allí se perfilan el ya mencionado Delgado en el oficialismo y Yamandú Orsi y Carolina Cosse en la izquierda). Pero sobre el tapete estará como primera carta la gestión del gobierno que, hasta el momento, se ha dedicado mayormente a reparar las heridas económicas y sociales del covid y a capear los problemas provocados por la guerra entre Rusia y Ucrania que tiene sus repercusiones negativas por estas costas.

Si la situación interna no mejora sustancialmente en los dos años y poco que restan de gobierno, la izquierda se hará favorita para ganar las elecciones de 2024. Y, como ahora la coalición multicolor, la izquierda tendrá que jugarse la continuidad en 2029 apostando antes que nada a la gestión y al mal recuerdo que eventualmente deje el gobierno de Lacalle Pou, quien peleará para que, en el largo aliento, su nombre suene grato en la memoria de los uruguayos.

 

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