21 de octubre 2014 - 17:39hs

Jorge Batlle miró con desconfianza el ramo de rosas coloradas que los organizadores del acto habían puesto sobre la mesa del Club Social de Rocha y no dudó ni cinco segundos en tomar una decisión. “Vamos a sacar esto porque ya no soy más de este partido”, dijo y escondió el arreglo floral debajo de su silla.

Recién habían pasado las cinco de la tarde del sábado 20 de noviembre de 1999, el candidato colorado le estaba disputando el balotaje al frenteamplista Tabaré Vázquez y no quería correr riesgo alguno –ni siquiera cromático- en su estrategia de llevarse consigo el voto de los nacionalistas que habían quedado terceros con el liderazgo de Luis Alberto Lacalle Herrera.

Una semana antes al lanzar su campaña hacia el balotaje en la Piedra Alta de Florida, Batlle vio que el público agitaba muchas banderas de la colectividad fundada por Fructuoso Rivera, y la orden desde el estrado fue tajante. “Bajen las banderas coloradas y levanten la bandera uruguaya: acá no tenemos partidos”, dijo el locutor luego de que uno de los asesores del candidato le hablara al oído.

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Quince años después de aquella elección que Batlle ganó gracias al aporte masivo de los nacionalistas, el candidato presidencial blanco Luis Lacalle Pou ya previó una estrategia parecida a la del dirigente político colorado, y eligió la bandera uruguaya por sobre la del Partido Nacional para agitarla con el mismo objetivo: vencer al líder izquierdista con la suma de los partidos tradicionales.

El domingo 19 en Rocha, Lacalle Pou narró que en una reciente gira por el interior una señora le regaló una bandera uruguaya y que su candidato a la vicepresidencia, Jorge Larrañaga, le sugirió que la guardara: “Te acaban de dar la bandera para el resto de la campaña”, le dijo. Y, aunque Lacalle olvidó aquel pabellón en alguna de las idas y vueltas por el interior, agitó otra bandera similar ante sus seguidores rochenses.

Luego le pidió a los dirigentes que pusieran “unos pesos” para comprar emblemas patrios ya que el Partido Nacional “pretende gobernar para todos los uruguayos”.
“El Partido Nacional es el instrumento, no el fin, para tener una mejor sociedad. A partir del 27 de octubre esta es la bandera (la uruguaya) que tenemos que usar”, agregó.Un poco más tarde en Minas, volvió a contar la anécdota de la bandera y recibió otro pabellón, esta vez de manos de su esposa Lorena Ponce de León.

Integrantes del comando de campaña de Lacalle Pou dijeron a El Observador que los blancos tienen un sentido de pertenencia muy fuerte que les torna dificultoso desprenderse de sus íconos y, por tanto, el rostro de Aparicio Saravia o el de Wilson Ferreira continuarán apareciendo en cada movilización. “Pero la idea es que prime la bandera uruguaya. De cualquier, manera nuestros colores son los mismos”, dijo uno de los allegados al candidato blanco.

En aquel 1999 evocado al principio de este artículo, Batlle cambió los colores de su campaña y, a través de su jingle institucional, invitó a los uruguayos a “seguir haciendo patria, juntos”.
“Hoy ya no soy más el candidato del Partido Colorado. Soy el candidato de todos los uruguayos”, le decía a quien quisiera escucharlo en aquel tramo que fue desde el último domingo de octubre hasta el último domingo de noviembre. A Batlle la jugada le salió bien gracias a que Lacalle Herrera hizo una activa campaña a favor del candidato colorado y la casi totalidad de los votos blancos de la primera vuelta los captó el hijo de Luis Batlle Berres.
Según un reciente estudio de la empresa consultora Equipos, un 59% de los que votarán en octubre al Partido Colorado comprometen su voto a Lacalle Pou en la segunda vuelta, mientras que 14% lo haría por Vázquez y 20% se mantiene sin responder.

Ahora, es Lacalle Pou el que se propone convocar el voto extrapartidario para ganarle a Vázquez en un balotaje. Eso si el próximo domingo no ocurre una sorpresas de esas que que rompen todos los pronósticos.

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