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17 de noviembre de 2011 21:33 hs

Tras participar en los Juegos Olímpicos de Atlanta empecé a notar algunas dolencias”. Con esas palabras el ex ciclista estadounidense Lance Armstrong comenzó a narrar el momento más crítico de su increíble historia de vida. Antes de ser un múltiple campeón en la ruta, el deportista nacido en Texas libró una dura batalla contra el cáncer. Y ganó. Armstrong, de 43 años, recordó en una conferencia brindada en Miami, durante el foro anual del Consejo Americano de Negocios, que “su travesía empezó en 1996”.

“En una semana se me juntaron dolores fuertes de cabeza, tenía la visión borrosa y empecé a sangrar”, relató.

“Llamé a mi vecino que era doctor y me dijo que quizás era una alergia o una sinusitis. Pero no le comenté un detalle y es que pasaba entre cinco y seis horas encima de una bicicleta”, dijo.Explicó que en esa época “un joven de Texas podría estar avergonzado de hablar de esos temas” pero ese no fue su caso, “gracias al trabajo de concientización de las valientes mujeres” que lucharon por erradicar “el estigma del cáncer de mama y cambiar la percepción de esta enfermedad”.

“Gracias a esa iniciativa del ejército rosado, ahora podemos hablar del cáncer” con naturalidad, dijo Armstrong, a quien se le diagnosticó “un cáncer testicular avanzado”.

Según relató, tenía “entre diez y doce tumores del tamaño de pelotas de golf”, aunque luego se dio cuenta de que su situación tampoco era “tan mala”, ya que era un deportista profesional y tenía dinero para costearse los tratamientos.

Horas antes de su operación, el doctor Craig Nichols le dijo: “Mi mujer falleció de cáncer de mamas y no voy a fallar en esto”.

“Noté que él estaba operando contra una enfermedad que se llevó a su esposa y a la madre de sus hijos. El propósito era mayor y me di cuenta de que el doctor estaba listo”, explicó el deportista.

El ex ciclista recordó que sus peores momentos fueron cuando regresó a casa y “no estaba rodeado de médicos ni medicinas”.

“Ante cualquier síntoma, cualquier dolor, pensaba que el cáncer volvería. Llamaba muy a menudo a mi doctor, incluso hasta por un dolor de cabeza”.

Al terminar la quimioterapia y recuperarse de la operación, Armstrong mantenía la ilusión de volver a subirse a una bicicleta, pero “ningún equipo me quería”; sólo “el equipo americano (US Postal), el peor de todos”.

“Todos aprendimos a luchar, al igual que luché con mi enfermedad, hasta que en 1999 gané mi primer Tour, y así sucesivamente”, dijo.

En vísperas de ganar el sexto Tour, en julio de 2004, su patrocinador Nike le dijo: “Tenemos una idea”. Se trataba del nacimiento del proyecto “Live Strong” para recaudar fondos para la investigación y prevención del cáncer.

“Al principio me comentaron que lo iban a llevar los jugadores de básquetbol. Pensé que era una broma”, dijo Armstrong entre risas, antes de explicar que “empezamos a utilizar estos brazaletes y en el sexto tour vendimos muchísimos”.

El proyecto consiguió su éxito definitivo cuando, en los Juegos Olímpicos de 2004 en Atenas, algunos atletas iban a recoger sus medallas con “esas pulseras amarillas”.

“Vendimos, 10, 15, 20 millones... Y tras cinco años llegamos a vender 80 millones de pulseras, lo que suponía US$ 80 millones”, concluyó. Un éxito. (En base a EFE)

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