Fútbol > EL TAPADO DE LA FECHA

Dos cateterismos le salvaron la vida; se recuperó y ahora debutó en Primera

Ignacio Laquintana tiene 19 años y debutó con gol en Defensor luego de un año atípico en el que le practicaron dos cateterismos; el jueves viaja con la sub 20 a Catar

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11 de septiembre de 2018 a las 05:04

La pelota había entrado al arco. Era gol. Su primer gol y justo el día de su debut en Defensor. Había pasado mucha agua debajo del puente para llegar a eso. Y allí se acordó de su familia, pero también de este año muy particular en el que le hicieron dos cateterismos. “Fueron ablaciones que me practicaron porque en los electrocardiogramas me había salido que podía tener arritmia y cabía la posibilidad de que me colocaran un marcapasos. Tenía los latidos muy acelerados”, cuenta Ignacio Laquintana a Referí.

En el primero a principios de año, le quitaron una obstrucción en una arteria. Pero le tuvieron que hacer otro a mitad del mismo porque un nuevo electro mostró que seguía algo incorrecto en su corazón.

Por suerte le pudieron “quemar” lo que obstruía la arteria. No obstante, estuvo parado tres meses, no podía entrenar y se volvió a Paysandú hasta que se recuperó. Llegó ese gol y dice lo que pensó: “Algo bueno me tenía que llegar”.

A los 19 años mira hacia atrás y recuerda que solo tres atrás, se vino de la capital sanducera a probarse en Peñarol. “El técnico era el Chueco Perdomo y me dijo que le gustó mi rendimiento, pero después parece que Juan Ahuntchain me bajó el pulgar. Iban y venían y no decidían, entonces les dije que me volvía a Paysandú y me fui”, indicó.

Pocos meses después, Marcelo Tejera lo trajo a Defensor Sporting, lo vio José Chilelli en la Cuarta y allí se quedó.

Su padre Juan y su madre Pierina siempre lo acompañaron desde chico cuando jugaba en Juventud Unida en baby. Incluso Juan lo dirigió en cancha grande en sub 15 y luego, ya en la Primera de ese equipo sanducero, fue ayudante técnico.

“Mi viejo me dijo siempre que yo iba a llegar”, recuerda.

Su segundo nombre es Jesús. No sabe si se lo pusieron por un tema religioso. De lo que sí se acuerda es que su abuela Ana lo llevaba seguido a misa.

Al día de hoy, es creyente y va muy seguido a la virgen de Lourdes. “Siempre le pido a la virgencita y voy bastante, sobre todo, antes de los partidos. En mi casa tengo una y también un rosario bendecido que me dio mi abuela”, explica.

Ignacio juega como enlace y debutó el sábado luego de empezar a entrenar en enero con la Primera y de haber jugado hace años en la selección juvenil de Paysandú dirigido por Marcelo Rotti, aquel exzaguero campeón de América con Peñarol en 1987.

Antes de entrar ante Cerro, el primero que le habló no fue el entrenador Eduardo Acevedo.

“El que me apartó y me habló fue Nicolás Olivera: ‘Mira que vas a entrar y vos sabés lo que tenés que hacer con la pelota’, me dijo. Al poco rato me llamó Eduardo y me dijo exactamente lo mismo. El debut lo esperaba, pero el gol no”, dice.

¿Fue centro? ¿Fue tiro al arco? “No sé (se ríe). Yo le pegué, miré y había entrado. No sabía cómo festejarlo. Fue un debut soñado”, agrega.

Al poco rato, se subió al auto de su padrastro y cerca de las 10 de la noche ya estaban en Paysandú.

Lo esperaban sus padres, sus 11 tíos, sus primos, sus hermanas y sus abuelos.

Así lo cuenta: “Fuimos a la casa de mis abuelos y estaban todos. Fue un recibimiento tremendo y mi madre hizo una gran parrillada para todos. Fue el cierre de un día espectacular”.

Cuando llegó al club, estuvo un tiempo en una casa que le proporcionaban. “Allí conocí a Maxi Gómez –que también es de Paysandú–. Un muchacho humilde y gran tipo”, añade.

Este lunes entrenó con la selección nacional sub 20 y el jueves viaja a Catar para un triangular con Costa de Marfil, Vietnam y los dueños de casa. Hace un tiempo que está con la celeste juvenil. En junio viajó a China. Allí lo dirigió Gustavo Ferreyra porque Fabián Coito estaba en los Juegos Odesur.

Pero también estuvo en L’Alcudia hace muy poco. Allí en España fueron terceros tras perder la semifinal con Argentina por penales.

“Anduve muy bien en L’Alcudia. Contra Argentina, fue el mejor partido que jugamos. El arquero se atajó todo, hasta en los penales”, comenta.

Dice que con Coito aprendió “mucho”, sobre todo, “movimientos con y sin pelota. Te enseña de todo”.

A Montevideo se adaptó de a poco y le gusta ir a matear cada tanto a la rambla con sus amigos cuando tiene libre.

Está en pareja con Valentina –a quien conoció en Paysandú hace años– desde hace cuatro meses. Fue la única que no pudo recibirlo en la fiesta del sábado a la noche por su debut con gol, porque estaba enferma, pero Ignacio la fue a ver a su casa.

Aquel chiquilín de 16 años que llegó a la capital, se iba todos los fines de semana hasta su ciudad porque extrañaba. “Pero me di cuenta de que esto era lo mío y aposté fuerte”, sostiene.

Ha juntado algunos pesitos y uno de sus sueños es “poder ayudar a mi familia en un futuro. Es lo primero que voy a hacer”. Ignacio debutó con gol en Primera y el jueves viaja con la celeste. Mejor, imposible.

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