21 de enero de 2014 21:01 hs

Ese gusto saladito en el sushi puede deberse a un animal muy conocido y poco bienvenido: el aguaviva. Esta alternativa alimentaria que ya se vende con distintos saborizantes en el barrio chino de Buenos Aires, y que es cuestión de tiempo para que se venda en buñuelos en Punta del Diablo, es una de las pocas soluciones posibles a un problema creciente.

“El cambio climático está influenciando los océanos en una forma positiva para los organismos gelatinosos”, explicó Gabriela Failla, investigadora del Laboratorio de Invertebrados de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República.

El aumento de la temperatura del agua favorece la reproducción de las aguavivas y la llegada a costas uruguayas de especies de lugares cálidos, inclusive de algunas sumamente tóxicas.

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En el gobierno existe preocupación por el efecto negativo que su presencia puede tener en el turismo. El riesgo que no se quiere correr es la clausura de playas como sucede en España y Australia. En España, por ejemplo, se ha intentado sin éxito colocar mallas para detenerlas.

Guardavidas en guardia

Failla le ha dedicado más de 20 años de trabajo a la fauna del zooplancton gelatinoso en la costa de Uruguay. En los últimos tres ha capacitado a guardavidas para que participen del relevamiento de especies.

El objetivo de la llamada Red de Avistamiento de Medusas es determinar la asociación entre laparición de aguavivas y los factores ambientales. Así, guardavidas de Rocha, Maldonado, Canelones, Montevideo y San José registran diariamente el tipo de animal, la temperatura del agua, la turbiedad, si el mar estuvo movido o si pasó un temporal. Este año se empezó a anotar las picaduras de bañistas. Pero también alertan cuando sucede algo fuera de la común.

Una vez que se cuente con toda la información, se podrá determinar cuánto ha variado la población de los visitantes más molestos del verano. La tendencia es que van en aumento y que, más tarde o temprano, se tendrá que aprender a “convivir” con ellos. “Comerlas es una manera de combatirlas. En China hay frigoríficos que las procesan y en Argentina las venden en sachet. Si ya están ahí, van a llegar en cualquier momento”, relató Failla.

Las medusas consumen grandes cantidades de huevos y larvas de peces, crustáceos y peces pequeños. Esto genera pérdidas económicas en las pesquerías. No obstante, el hombre está pescando mucho más de lo que debería en ciertos ecosistemas. Al sacar a un competidor del mar, las aguavivas tienen más alimento disponible. La regla es simple: comen más, crecen más, se reproducen más. Al mismo tiempo, las construcciones del hombre cercanas a la orilla les ofrecen una superficie dura en la que sujetar sus larvas.

Esa picadura veraniega

A Failla le preocupa la aparición de las cubomedusas. Las del género Tamoya son típicas del norte brasilero pero cada vez viajan más al sur empujadas por las corrientes cálidas. “Es un factor un tanto peligroso”, afirmó. Su apodo lo explica: se las conoce como las “avispas de mar”.

En 2013 se registraron ejemplares en el puerto de Punta del Este , La Barra y La Pedrera y La Esmeralda, sin incidentes. Todavía no han aparecido este año. “Parece que no ingresan más (adentro) en el Río de la Plata. Son organismos que no son costeros; eso quiere decir que en altamar hay muchos más”, explicó.

Su particularidad es que su veneno es neurotóxico; afecta el sistema nervioso, el corazón y la vascularidad pulmonar y sistémica. No obstante, la especie que llega a la costa uruguaya no tiene la misma virulencia de la que azota a los bañistas australianos donde se registran varias muertes cada año.

La responsable de la mala fama de las aguavivas es una célula llamada cnidocito que contiene una cápsula esférica con la sustancia tóxica y un filamento enrollado en su interior. Estas microscópicas cápsulas se concentran, principalmente, en los tentáculos. Un leve roce basta para que se desenrolle el filamento, salga de la cubierta, y se clave en la presa como un arpón.

Las aguavivas más comunes en Uruguay son la Chysaora lactea, de toxicidad moderada a elevada, y la Lychnoriza lucerna, también de toxicidad moderada. La semana pasada, por ejemplo, molestaron a los turistas en Playa Mansa de Punta del Este y en La Pedrera; y este año han sido vistas hasta en El Pinar.

En cuestión de picaduras, los niños y los ancianos son los más vulnerables. El ardor reporta un sufrimiento que, en la mayoría de los casos, se parece a una quemadura; pero puede agravarse si ocurre en el rostro o en los ojos. La exposición prolongada al sol incrementa la sensibilidad. Si la persona es alérgica puede padecer vómitos y cefaleas. El remedio que recomendó Failla es la aplicación de vinagre.

Una que reaparece, en especial después de las tormentas, es la Fragata portuguesa (Physalia physalis), la que posee la toxina más poderosa dentro de los gelatinosos más comunes de la costa uruguaya. Aunque no lo parezca, no es estrictamente una medusa, sino que está formada por organismos coloniales que flotan en la superficie del agua.

En 2009, la sequía provocada por el fenómeno de La Niña y un ingreso de agua salada y cálida procedente de Brasil provocaron su presencia masiva en las playas del este e, incluso, de Montevideo.

Recién llegados

La novedad de este verano es la aparición de las Aequorea sp., más conocidas como medusas de cristal, en playas de Maldonado y Rocha, una especie poco frecuente por esos lados. “Son como un disco transparente”, ilustró la bióloga. Éstas existen en casi todos los océanos y son habituales de Argentina y Brasil pero, en general, no se adentran en el Río de la Plata.

Lo bueno es que son visitantes inofensivos; tanto que se usan en medicina como biomarcadores en el seguimiento de metástasis de las células tumorales.
También llegaron otros organismos gelatinosos “que hacía rato que no aparecían”.

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