Espectáculos y Cultura > El retiro de la primera bailarina

Las alas irremplazables de María Noel Riccetto

La primera bailarina se despide, a fin de año, de los escenarios y deja un vacío difícil de llenar 

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11 de abril de 2019 a las 15:40

Hay una frase bastante poco simpática y, sobre todo, injusta que dice que nadie es imprescindible. Es uno de esos lugares comunes que hemos escuchado alguna que otra vez y que repetimos con liviandad sin entender la verdadera dimensión de lo que decimos. La idea me rebota en la cabeza desde hace una semana, cuando el jueves 4 apareció en mi casilla de correo (como en varias más) un comunicado que anticipaba lo que muchos imaginábamos hace tiempo. María Riccetto, primera bailarina del Ballet Nacional del Sodre (BNS) se retira a fin de año. Para los que cubrimos desde hace años las artes escénicas esta no es una noticia más. Esta es, seguramente, la noticia de 2019 porque Riccetto es irremplazable y el vacío que deja es monstruoso. Por algo, cuando en algún momento del año pasado, le dijo a Igor Yebra que en 2019 se iba a retirar, el director artístico de la compañía le dijo con mucha inteligencia y haciéndose el distraído “después lo hablamos”.   

Hay que respirar hondo y pensar bien cómo el BNS llena ese espacio. Es cierto sí que la compañía de ballet está fuerte y saludable. El mejor de los ejemplos es la impactante Carmina Burana, que terminó con funciones agotadas y fue un verdadero deleite. Hacía mucho tiempo que ballet, coro y orquesta no se reunían en el mismo espectáculo. Pero faltó Riccetto. Sobran las explicaciones. Hay dos bailarines que el público aplaude con la misma felicidad que se celebra una estrella fugaz en el cielo; Riccetto es una, el otro es Ciro Tamayo. 

En su libro La Habana en un espejo, la periodista y exbailarina mexicana Alma Guillermoprieto escribe la siguiente línea: “Un bailarín puede ser dueño de la mejor técnica del mundo, pero si no tiene nada que decir siempre será aburrido”. Riccetto con esa gracia y delicadeza digna de los elfos de El Señor de los Anillos tiene la valiosa capacidad de siempre ser fresca, sorprendente y hablar en el silencio de sus pasos. No importa lo que baile. Sea Julieta, sea Manon, sea una pieza contemporánea como su cuadro en El Quijote del Plata, sea un ballet neoclásico, sea su trabajo al lado de la barra en el salón de clase. Son pocos los artistas que logran hipnotizar al público. Digamos que Riccetto lo ha hecho buena parte de su vida. Primero aquí, en la Escuela Nacional de Danza. Después en Estados Unidos, a donde viajó muy joven para perfeccionarse en Carolina del Norte. Tiempo más tarde en el American Ballet Theater de Nueva York donde fue solista. Y, finalmente, en el Ballet Nacional del Sodre. La vuelta  a Uruguay de Riccetto tiene el sello de Julio Bocca, exdirector de la compañía.  Ella tenía muchas ganas de volver, pero si no hubiera habido Auditorio, si no hubiera habido un maestro como Bocca, si no hubiese habido un proyecto, un cronograma, un repertorio lo suficientemente atractivo, otra hubiese sido la historia. 

Riccetto alguna vez contó que la decisión la tomó en un viaje rumbo a Punta del Este. Ella iba en el asiento de acompañante, el que manejaba era Bocca. Era uno de esos diciembre en que la compañía cerraba su año en la Fundación Pablo Atchugarry y Bocca en su mejor modo Bocca le dijo: “Me tenés que decir qué querés hacer el año que viene, porque tengo que ver si cuento contigo o no”. Y Riccetto en su mejor modo Riccetto le contestó: “Pero la decisión no la tomo yo, sos vos el que me tenés que ofrecer trabajo para el año que viene”. 

El resto es historia. 

Hay una imagen que inmortalizó el momento de su regreso definitivo a casa. Es la foto de perfil de su cuenta de Facebook. Riccetto muestra una carpeta con el logo del Sodre, tiene la sonrisa amplia, los ojos felices. Dentro de esa carpeta hay un contrato que establece que, desde ese entonces, es primera bailarina residente del BNS. Riccetto mantiene esa foto hasta el día de hoy, seis años después. 

El miércoles en la mañana Riccetto apareció como tantas otras veces en el primer piso del Auditorio Adela Reta. Lo hizo a su manera, silenciosamente, sin llamar mucho la atención. No era un día cualquiera. No era una presentación de una temporada más. Era la conferencia de prensa donde iba a anunciar su retiro. 

Después de mirar decenas de veces al piso para contener las lágrimas y escuchar los elogios evidentes Riccetto habló y dijo: “Estoy buscando trabajo. Si saben de algo”. Así, con esa calidez tan propia, logró descomprimir tensiones y emociones. 

No sucede todos los días que una de las artistas más talentosas y queridas del país se despide de los escenarios. No hay que dar por sentado este momento, no hay que darla por sentado a ella. Puede que haya gente que sea imprescindible, no es este el caso. Como dijo Riccetto,  este es su año de festejos y, por suerte, será extenso y con espectáculos valiosos. Hay tiempo para acompañarla y celebrarla. 

Recomendación: compren las entradas con tiempo. Pero si pudiera pedirle un deseo a las autoridades de este país diría: qué lindo verla bailar en un espacio abierto y con entrada libre. Ella se lo merece y los uruguayos también. 

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