El periodo comprendido entre los meses de noviembre de un año y febrero del siguiente son los de la llamada “temporada de premios” en el mundo del espectáculo, que culmina con la entrega de los Oscar. Cine, música y televisión reciben prácticamente cada fin de semana un galardón diferente a lo mejor del año que termina.
Pero estos premios tienen dos caras: una buena y una mala. A todos sus aciertos se les suman varios errores que son resaltados por los medios y por los propios integrantes de las industrias del espectáculo cada año.
El arte es subjetivo y como tal es probable que sus manifestaciones no vayan a gustar a todo el público o a los encargados de otorgar los premios. Pero hay cuestiones de forma y criterios de selección que llaman la atención de parte del público, medios y artistas.
A pesar de eso, los premios son por varias razones algo positivo para la industria y pueden funcionar como una guía de qué ver o escuchar en medio del tsunami de opciones.
Este es un breve repaso de algunos de los puntos a favor y en contra de los premios en las distintas ramas del espectáculo.
LO BUENO:
Reconocimiento a los artistas
Los premios son un reconocimiento tangible a músicos, actores o directores que merecen la palmadita en la espalda, ya sea por un trabajo puntual o por una carrera destacada. De hecho, a veces se otorgan premios a obras que quizá no sean las mejores de un determinado artista, pero que sirven para compensar oportunidades anteriores en que fueron pasados por alto por otras creaciones maestras. Martin Scorsese, Jack Nicholson o Stevie Wonder son reconocidos por sus tareas en sus respectivos campos más allá de los galardones, pero haberlos recibido demuestra que los encargados de otorgarlos reconocen la excelencia y la destacan por sobre el resto.
Permiten conocer buenas obras
Un disco, película o programa de televisión puede arrasar en las entregas de premios y ser un completo desconocido para el público. Pero hoy en día, con el fácil acceso que permite internet, las ceremonias pueden tener la función de ser la fuente de las próximas idas al cine o de las búsquedas de música o series. Sobre todo en Uruguay, donde los estrenos suelen llegar algunas semanas o meses después, las ceremonias de premiación pueden servir como guía de productos culturales a consumir.
Shows divertidos y dinámicos
Este tipo de eventos suelen ser la oportunidad de ver duetos de artistas que en otro contexto no se darían (por ejemplo, Madonna junto a una versión holográfica de la banda ficticia Gorillaz en la edición 2006 de los Grammy) o de shows espectaculares, como el de AC/DC el pasado fin de semana en estos mismos premios. Además, ceremonias como las de los Oscar suelen tenerlo todo: de humor hasta momentos emotivos como los homenajes a las trayectorias destacadas, pasando por la música hasta el glamour de la alfombra roja.
Votan los que saben
Salvo por los premios que son específicamente de elección popular, la gran mayoría de los galardones en la cultura y sobre todo los más importantes, son elegidos por la interna de las industrias. Por ejemplo, los Oscar son otorgados por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, que está integrada por actores, directores, diseñadores, maquilladores y todas las partes implicadas en la producción. Algo similar sucede con los Grammy, donde pueden votar aquellos músicos, compositores, productores, técnicos o arregladores que hayan participado en una determinada cantidad de grabaciones. En los SAG, los actores votan a los mejores actores y así sucesivamente. Esto garantiza que los premios sean otorgados por colegas que reconocen el talento ajeno, algo que no siempre es fácil de hacer en mundos tan competitivos como los de la música o el cine masivo. De todas formas, este aspecto de las elecciones también tiene un lado malo.
LO MALO:
El "autobombo"
La cara negativa de estos premios, en contraste con el merecido reconocimiento, es que tienen un importante componente de autogratificación. Las ceremonias se convierten en cierta forma en un montón de gente rica y famosa felicitándose a sí misma por sus logros y contribuciones al arte y a la cultura (y, por supuesto, por el dinero recaudado). Por otro lado, están los presentadores haciendo chistes y juegos de palabras sobre los actores, músicos, películas, series o canciones mientras todos ríen educadamente, lo que a veces es muy gracioso, pero otras deja una sensación de falsedad que no ayuda al prestigio de los galardones.
Shows largos y poco atractivos
Si bien por lo general las ceremonias de premios son divertidas y atractivas, lo cierto es que las transmisiones tienen algunos problemas: en primer lugar, son muy largas. Se trata de galas de cuatro o cinco horas, que perfectamente se podrían reducir. Ceremonias como los Grammy de la semana pasada fueron el colmo de lo redundante: 23 espectáculos musicales a lo largo de la velada, con momentos en los que pasaba casi una hora entre la entrega de una estatuilla y la siguiente.
Poca variedad en los ganadores
Si bien hubo excepciones, la mejor película en los Oscar tiende a ser dramática, basada en una historia real, de época o sobre una persona con discapacidad física o mental. No necesariamente tienen que haber recaudado mucho. De hecho, a veces su éxito comercial se dispara después de una nominación o estatuilla. A estas películas se las suele llamar “Oscar bait” (carnada de Oscar). La grabación del año en los Grammy suele ser una balada y se premia lo joven o a veteranos que en su época innovaron pero son reconocidos por algo no tan fuera de lo común.
Conservadurismo
En la misma línea que la poca variedad en los ganadores, una de las principales críticas que se hacen a los encargados de nominar y premiar en cine, teatro, televisión o música es la línea conservadora al momento de la elección. Una de las razones para esto puede ser demográfica: una encuesta del diario Los Angeles Times de 2014 detalló que, de los más de 6.000 miembros de la Academia, 94% son blancos y 76% hombres, lo que marca un cierto perfil a la hora de nominar y desata polémicas. Este año hubo protestas por la escasa cantidad de nominaciones que recibió la película Selma, sobre la lucha por los derechos civiles de Martin Luther King. El periodista musical Rob Kenner, quien integró la Academia de Grabación (que otorga los Grammy), el año pasado contó al sitio Complex que “siempre ganan los mismos” porque varios de los electores no saben de ciertos géneros y votan los nombres que conocen. De ahí que no haya demasiado rupturismo en cuanto a nominados y ganadores.