Hasta ahora, con algunas diferencias, las economías de la Unión Europea han venido evolucionando en forma favorable, en recuperación con respecto al descenso del 2020. Así, el crecimiento de la zona euro fue del 5.2 %, lo que permitió un descenso importante en la tasa de desempleo, que es ahora del orden del 7 %, la menor desde que se tienen registros del proceso de integración.
En el proceso de recuperación que está en marcha, pareció que Alemania, la principal economía de la zona, iba a ser la locomotora de la región, en base a su tradicional fortaleza y a su capacidad de reacción en años anteriores, pero en cambio, en estos últimos meses está siendo más bien el vagón de cola de la UE. Así, el año pasado varios países europeos alcanzaron antes que Alemania el nivel de producción anterior a a la pandemia.
El grueso de la debilidad reciente de Alemania se debe más que en otras economías a la mayor exposición de la industria a los estrangulamientos en la cadena de producción que se fueron conociendo una vez superado lo peor de la pandemia. La escasez de mano de obra calificada es otra limitación para el crecimiento, con una estimación de faltante de unos 400.000 trabajadores provenientes del exterior, que no ha sido cubierto por quienes han entrado en los últimos años.
Por lo tanto, el crecimiento de la economía alemana fue el año pasado de un 2.7 %, menos de la mitad de Francia e Italia y muy inferior al 5.2 % de la eurozona. Para este año se espera un crecimiento de Alemania del 3.8 %, en tanto se vayan superando las trabas en el proceso de producción.
Por su parte, el año pasado la economía de Francia creció un 7 % con una recuperación muy importante después de la baja del año anterior. Empero, la industria perdió participación en las exportaciones, en una tendencia que viene de años anteriores y que ha obligado al gobierno a aprobar diversas medidas de apoyo al sector.
Italia creció un 6,3 % en el 2021, con un impulso del 6 % de la demanda interna (consumo e inversión) y un 0.3 % del neto de exportaciones e importaciones. Para este año se espera un crecimiento de del 4,7 %. En cuanto a la tasa de desempleo, fue del 9,6 % en 2021 y se estima será del 9,3 % en 2022.
El año pasado, la economía de España creció un 5 %, un nivel intermedio entre los tres países anteriores, después de la caída tan importante, del orden del 10 % del año anterior, provocada por la irrupción de la pandemia. En España, el desempleo ha sido un problema grave durante las últimas décadas.
Ahora es del 13 %, el doble de la UE y con una tasa de desempleo de los jóvenes del orden del 31 %. Pero en forma sorpresiva, más de una tercera parte de los empleos creados en la zona euro el año pasado fueron en España, bajando en 10 puntos la tasa de desempleo de los jóvenes. Más aún, la cantidad de personas ocupadas alcanzó a los 20 millones de personas, un nivel sin precedentes en la economía española.
El gobierno entiende que buena parte de esta evolución se apoya en el cambio tecnológico impulsado por la pandemia y y en el gasto social impulsado por el mismo motivo. Con respecto al mes de febrero del año pasado, hay 429.000 puestos de trabajo más, de los que 229.000 son en el sector público y 200.000 en el sector privado.
Hace pocas semanas el parlamento aprobó una reforma laboral que era una condición para recibir la ayuda de la UE por 80.000 millones de euros del fondo coronavirus para la recuperación de las economías de la zona euro. La reforma intenta cortar la proporción de la fuerza de trabajo que está con contratos temporarios, que en la actualidad es un 25 % del total, por lejos la mayor proporción de la UE. La reforma tiene el acuerdo de empresarios y trabajadores y de este modo el actual gobierno de centro izquierda busca corregir y no anular la flexibilidad laboral impulsada por el anterior gobierno anterior de centro derecha de una década atrás.
En resumen, la tan esperada recuperación de la economía de la zona se está dando de acuerdo a lo que era previsible en Francia e Italia, al tiempo que muestra una debilidad en cierto modo sorpresiva en Alemania y un dinamismo destacable en España.
En el otro extremo del viejo continente, y aunque no forma parte de la UE, Turquía pasa por una situación económica comprometida, que tiene un particular interés en cuanto a la política que intenta superarla.
Hace unos días, la agencia de calificación Fitch rebajó la calificación de la deuda pública y emitió una advertencia crítica sobre el futuro de la economía. La deuda de largo plazo quedó ahora en la categoría de “basura”, al bajar desde B+ a BB-. En adición, Fitch puso en negativa a la perspectiva de la deuda, abriendo la posibilidad de nuevas rebajas de la calificación.
El año pasado la lira perdió un 40 % de su valor con relación al dólar después que el presidente Erdogan ordenó cuatro rebajas de la tasa de interés en los últimos meses del año.
El gobierno es partidario de tasas de interés bajas para estimular el crecimiento y confía en que un nuevo instrumento de ahorro en liras relacionado con el tipo de cambio permitirá quitar presión a la demanda de moneda extranjera. Por ahora, la tasa de interés es negativa en términos reales en un – 25 % anual, incentivando la fuga de capitales y la inestabilidad del sistema financiero.
La proyección de inflación es del orden del 40 % para este año. Todo indica que el Banco Central arriesga una pérdida de reservas o a menos que imponga un control de capitales.