Mundo > Encuestas favorecen a Johnson

Las elecciones en Gran Bretaña equivalen a un segundo referéndum sobre el brexit

El primer ministro británico espera lograr una buena mayoría parlamentaria para concretar la salida de la Unión Europea

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01 de diciembre de 2019 a las 05:00

El  próximo 12 de diciembre los británicos acudirán una vez más a las urnas en unas elecciones anticipadas convocadas para destrabar la parálisis que desde hace tres años arrastra el sistema político, incapaz de resolver el quemante asunto de la salida de la Unión Europea (UE) votada en 2016 en referéndum. De hecho estos comicios se parecen más a un nuevo referéndum sobre el brexit que a unas elecciones generales. 

El primer ministro Boris Johnson, del Partido Conservador, se ha convertido en el más ferviente impulsor del divorcio de la UE a como dé lugar. Nunca había sido un euroescéptico militante hasta que el exprimer ministro David Cameron convocó a aquella consulta funesta en el verano boreal de 2016. Desde entonces, Johnson ha sido la figura del brexit más visible dentro del establishment británico; y una vez investido como primer mandatario en julio pasado tras la renuncia de Theresa May, su abanderado más influyente. 

Lo secunda Nigel Farage, el líder del Partido Brexit, un euroescéptico incombustible de todas las horas, cuya carrera política ha girado pura y exclusivamente en torno a este asunto. En los últimos días decidió retirar a todos sus candidatos de los distritos conservadores para dejar vía libre allí a los Tory y concentrarse en disputarles escaños a los laboristas en su propio patio. 

El Parlamento de Westminster le impidió a Johnson sacar al Reino Unido de la UE antes del 31 de octubre como se había propuesto; pero entonces consiguió una prórroga hasta el 31 de enero, fecha que el mandatario británico espera ahora hacer buena con una mayoría parlamentaria.

Para impedirlo está, del otro lado de la vereda, su archirrival el Partido Laborista, aunque no muy convencido y con notorias contradicciones en su interior, proponiendo la celebración de un nuevo referéndum sobre el brexit y, más recientemente, un paquete de medidas radicales que su líder, Jeremy Corbyn, sacó de la galera para intentar detener la sangría de votos de las circunscripciones laboristas. 

Y es que la singularidad de esta elección ha difuminado los límites territoriales de los partidos. Ambos partidos tradicionales han apostado al factor demográfico para tratar de captar votos nuevos en distritos rivales, en una elección donde lo que importa ya no son las preferencias partidarias sino los deseos o no deseos de partir de una vez adioses con la UE.

La estrategia de los Tory ha sido penetrar el llamado Red Wall (Muro Rojo), en el Norte de Inglaterra y en las West Midlands, regiones predominantemente obreras que siempre han votado al laborismo, pero que en 2016 le dieron el triunfo al brexit. Y vaya si eso les ha dado resultados. Como en Estados Unidos, las zonas industriales, tradicionalmente bastiones de la izquierda, hoy se inclinan más hacia la derecha populista.

Eso que en Estados Unidos llaman el “Rust Belt” (Cinturón del Óxido), y que en las elecciones de 2016 le dio la victoria a Donald Trump. El perfil del votante es casi idéntico en Inglaterra. Se trata de electores con inclinaciones e ideas típicamente de izquierda tradicional pero que en lo social son bastante conservadores. No tan preocupados por la agenda de derechos de las minorías, el matrimonio gay o la acción afirmativa, sino con la inmigración, con la sobrecarga que ellos creen que ésta implica para los servicios públicos y la delincuencia . Y sobre todo, tal vez lo más relevante para esta contienda, quieren marcharse de la Unión Europea y marcharse ya.

Para estos votantes el mensaje de los Tory es muy claro: votar al Partido Conservador es la única manera de garantizar un brexit inmediato.

Por su parte, el Partido Laborista ha tratado de hacer lo propio en las ciudades, donde en 2016 muchos votantes conservadores le dieron su respaldo a la opción del Remain, que ganó por buen margen en esas grandes zonas urbanas. Pero desde que se lanzó la campaña para esta elección general, los laboristas han tenido serios problemas a la hora de mostrar una postura inequívoca frente al brexit.

Corbyn en tres años no ha sido capaz de decir sin rodeos si está en contra o a favor. Preguntado al respecto hace apenas unos días en conferencia de prensa, otra vez eludió una definición, con la elección a la vuelta de la esquina. Pero no ha sido el único. El laborismo en general ha sido en este tiempo, como lo definió Shami Chakrabarti, una de sus más lúcidas dirigentes, “el partido del Leave y del Remain a la vez”.

Y en una coyuntura como la actual, con un asunto tan caliente e insoslayable en el corazón mismo de la discusión, no hay espacio para esas ambigüedades.

En el medio están los Demócratas Liberales, que buscarán atraer el voto conservador remainer para negarle la mayoría parlamentaria a Johnson. Aunque el leitmotiv del partido, expresado sin más en “cancelar el brexit”, les está costando horrores en las encuestas, donde han venido perdiendo pie en forma vertiginosa; y en los últimos días, hasta han tenido que retirar el eslogan antes de hundirse en el dígito. 

Todas las quinielas auguran una victoria resonante de Johnson, y ningún sondeo le da menos de 10 puntos de ventaja sobre Corbyn. En el agregado más reciente, la llamada Encuesta de encuestas del Financial Times, lo ubican con el 43% de la intención de voto, contra el 31% de Corbyn, 14% de los Demócratas Liberales y 4% por cabeza para el Partido Brexit, el Partido Nacional de Escocia (SNP) y los Verdes. 

Los laboristas tratan de cambiar el eje del debate hacia la superación de la polarización, o hacia los programas sociales. Pero hasta ahora nada de eso les ha dado resultados. “Somos el único partido capaz de restañar estas heridas y superar la división que estamos viviendo”, exclamaba el otro día una candidata laborista al Parlamento, en uno de esos enclaves del muro rojo al norte de Inglaterra. Su nombre: Laura Smith, y aseguraba que eso solo se podría lograr con un nuevo referéndum sobre el brexit. 

En un video de Reuters donde apareció, daba la impresión de no convencer a muchos parroquianos. Y es que entre “somos el único partido capaz de superar las divisiones y convocar a un nuevo referéndum” y “somos el único partido capaz de garantizar un brexit inmediato”, los británicos a esta altura parecen preferir por mucho lo segundo. Algunos porque así lo quisieron siempre, y otros tantos porque, sin haber sido antes euroescépticos, después de tres años de interminable tire y afloje, ya están hartos y quieren dar vuelta la página del brexit.   

Corbyn por su parte ha preferido volver a las fuentes socializantes de la economía y ha prometido el paquete de medidas más radical en varias décadas.

El programa, que ha lanzado escalofríos por la espina de dorsal de las grandes empresas y del sector financiero, comprende nacionalizaciones a troche y moche, desde la industria de las telecomunicaciones, hasta los trenes, pasando por el transporte de ómnibus y la salud. Servicios gratis para todos, desde educación superior hasta banda ancha de internet, todo libre de costo.

Y para todo ello, además de aumentar considerablemente el gasto público, propone subirle los impuestos a las empresas, de 19% que pagan hoy a 26%, y redoblar la carga tributaria a quienes ganan más de 90.000 euros al año.

Está claro que su estrategia apunta a detener la huida de esos votos brexitistas del muro rojo y, con suerte, dar vuelta la tendencia. Parece una empresa, cuando menos, difícil. Cambiarles ahora la prioridad del brexit a los votantes británicos, o distraer su atención con estas cosas, se antoja poco menos que imposible. De hecho hasta el momento las promesas del líder laborista no han movido un ápice la aguja de las encuestas; aunque también hay que decir en su favor que recién hace una semana que anunció el plan.

Nunca se sabe con Corbyn. En 2017 llegó a estar más de 15 puntos abajo de Theresa May en los sondeos y le recortó hasta poco más de dos puntos, que fue por lo que finalmente perdió la elección.

Ahora tiene mucho menos tiempo que entonces para lograr la hazaña. Aunque la apuesta es muchísimo más alta. La próxima semana sabremos si su estrategia ha dado resultados, o si Johnson sigue ampliando la ventaja. En este último escenario, es posible que el próximo 12 de diciembre Corbyn reciba una paliza histórica en las urnas, y que el Reino Unido empiece ya el segundo mes del año nuevo fuera de la UE. 

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