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Las horas de Lula en prisión y la espera de una posible reversión

El miércoles el Supremo Tribunal Federal se dispone a discutir medida que podría cambiar su suerte

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09 de abril de 2018 a las 05:00

Luiz Inácio Lula da Silva –72 años, dos veces presidente de Brasil, valorado como uno de los líderes más carismáticos del país, 34% del favoritismo en las últimas encuestas previas a las elecciones de octubre– se baja de un helicóptero, acompañado de un puñado de hombres vestidos de traje y corbata. De fondo se escuchan gritos, aplausos, explosiones de fuegos artificiales. Desciende uno, dos, diez, veinte escalones. Tiene sus manos libres, sin esposas. Viste un traje gris pizarra, un buzo azul marino debajo. Son las 22.30 del sábado 7 de abril de 2018 y Luiz Inácio Lula da Silva ingresa a la sede de la policía Federal de Curitiba para cumplir su condena a 12 años y un mes de cárcel por corrupción y lavado de dinero.

"Yo no soy un ser humano más. Yo soy una idea. Mis ideas ya están en el aire y nadie las podrá encerrar. Ahora ustedes son millones de Lulas", dijo Lula da Silva frente a miles de personas.

La imagen –repetida casi que incansablemente en las cadenas de noticias del mundo entero– será recordada durante años, décadas, como el retrato de la noche en que por primera vez un expresidente de Brasil va preso. Fue el cierre de dos jornadas llenas de símbolos. Lula atrincherado en el edificio del Sindicato de Metalúrgicos en São Bernardo do Campo; Lula hablándole a sus fieles antes de entregarse el sábado. Lula gritando las siguientes ideas: "Yo no soy un ser humano más. Yo soy una idea. Mis ideas ya están en el aire y nadie las podrá encerrar. Ahora ustedes son millones de Lulas". Lula sin poder salir por el océano de fieles. Lula trasladado en andas por ese mismo océano. Lula, de nuevo, dando su mensaje a sus fieles. Ahora a través de las redes sociales del Partido de los Trabajadores y bajo el lema "Jamás podrán encarcelar nuestros sueños". La voz del expresidente ahora es más calma y dice: "Ya estuve preso una vez y toda mi vida cambió (...) más no tengo miedo de lo que está por venir. Quien me condenó sin pruebas sabe que soy inocente y que goberné con honestidad".

Y, después de la adrenalina, las voces gritando en coro "¡Lula libre!", la calidez, el apoyo ferviente, llegó el silencio –gris y pesado– de la cárcel.

Las primeras 24 horas

El expresidente de Brasil quedó totalmente aislado en la celda especial de 15 metros cuadrados que le fue improvisada en la sede de la Superintendencia de la Policía Federal en la sureña ciudad de Curitiba. Fuera de los guardias, su único contacto fue con Cristiano Zanin, uno de sus abogados. Así lo informó un comunicado del Partido de los Trabajadores (PT).

La celda, que cuenta con una cama de soltero, una mesa y un baño privado, fue equipada con un televisor, autorizado por la Justicia y que el expresidente pidió para poder ver el partido este domingo de su equipo de corazón, el Corinthians, que se medía por la final del Campeonato Paulista con su histórico adversario Palmeiras, y al que derrotó por penales para consagrarse bicampeón.

Como la edificación policial fue totalmente bloqueada, los únicos que accedieron, fuera de policías y guardias, fueron los mensajeros de la empresa que abastece los alimentos de los presos y que llevaron café y pan con manteca para el desayuno a las 7.00 de la mañana y arroz, frijol, pasta y un pedazo de carne en el almuerzo a las 11.00 horas.

"Él durmió tranquilo y no fue maltratado por los agentes del lugar. Permanece sereno y tranquilo", según consigna la nota del partido.

Zanin, por su parte, declaró en un video colgado en Facebook que Lula "está bien aunque indignado con la situación".

Fuera de la cárcel, lo que se denomina "vigilia permanente". Partidos políticos y movimientos sociales de la izquierda brasileña empezaron a montar un campamento en señal de apoyo al político brasileño. "Estamos en vigilia permanente por la libertad de Lula. Mientras él esté, nosotros nos quedaremos", aseguró a Efe Vanda Santana, miembro de la ejecutiva paranaense del PT.

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El miércoles

La propia defensa de Lula admitió que la estrategia ahora es presentar un recurso extraordinario exigiendo la libertad ante el Tribunal Superior de Justicia y otro ante al Supremo Tribunal Federal.

Por lo pronto, una corte suprema dividida volverá a reunirse el miércoles con varios asuntos en agenda con potencial para cambiar de nuevo el horizonte del expresidente, si modifica la norma que autoriza a encarcelar a personas condenadas en segunda instancia que aún disponen de recursos judiciales.
El juez del Supremo Tribunal Federal (STF), Marco Aurélio Mello, anunció que el próximo miércoles pedirá incluir en la agenda un nuevo debate que podría zanjar las divergencias internas que persisten en la corte sobre ese tema. El STF denegó el 5 de abril un recurso presentado por la defensa de Lula para impedir su encarcelamiento mientras dispusiese de recursos ante el Supremo Tribunal de Justicia (STJ, tercera instancia) o ante el propio STF.

Oliver Stuenkel, profesor de la Fundación Getúlio Vargas explicó a AFP cuáles son los pronósticos: "En Brasil todo es posible, así que puede pasar una semana en la cárcel y que, por ejemplo, un juez del Supremo Tribunal Federal (STF) le mande después a prisión domiciliaria".
Pero la decisión fue adoptada por el estrecho margen de seis votos contra cinco; una de las magistradas que votó contra Lula, Rosa Weber, dio a entender que era favorable a modificar la jurisprudencia actual, aunque no al juzgar un caso específico, sino cuando el asunto fuese tratado de forma general. La jurisprudencia que autoriza el encarcelamiento después de la condena en segunda instancia fue adoptada en 2016.

Quienes abogan por el encarcelamiento anticipado lo hacen en nombre de la lucha contra la impunidad, porque los procesos suelen demorar meses o años hasta llegar a instancias superiores. Los partidarios de modificar la norma invocan el respeto de la presunción de inocencia.

Si se modificara la jurisprudencia, todos los condenados en segunda instancia actualmente detenidos deberían beneficiarse de la medida e ir a esperar en sus casas el resultado de sus apelaciones ante el STJ o el STF. A menos que se haya decretado contra ellos prisión preventiva por su peligrosidad, por riesgo de fuga o por interferir en los procesos.

Aunque el STF paute para esta semana el debate, la discusión podría suspenderse por tiempo indefinido si uno de los 11 jueces pide más tiempo para estudiar la cuestión.

Oliver Stuenkel, profesor de la Fundación Getúlio Vargas explicó a AFP cuáles son los pronósticos: "En Brasil todo es posible, así que puede pasar una semana en la cárcel y que, por ejemplo, un juez del Supremo Tribunal Federal (STF) le mande después a prisión domiciliaria". Y aseguró: "Como hace tiempo que estamos en el campo de las decisiones sin precedentes, es realmente complicado decir lo que va a pasar".

Zanin, abogado del expresidente, declaró al salir de la edificación policial lo siguiente: "Evidentemente la prisión fue ordenada sin fundamentos jurídicos, bien sea porque fue condenado sin base legal o porque la Constitución no admite la anticipación del cumplimiento de la pena". (Basado en agencias)
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