6 de junio de 2013 18:23 hs

"No hay actriz sobre la tierra que no atestigüe que (Tennessee) Williams creó los mejores personajes femeninos”, dijo el escritor Gore Vidal poco después de la muerte en 1983 del que fuera uno de los grandes dramaturgos de la historia. Mujeres como Blanche Dubois o Maggie “la gata”: duales, tironeadas por sus deseos y apariencias, esclavas de sus fantasías y sumidas en contextos represivos. Pero es Alma Winemiller, la protagonista de Verano y humo, a quien Williams consideraba como su mejor retrato femenino.

Con dirección de Roberto Jones, la obra se presenta todos los viernes y sábados a las 21:30 y los domingos a las 19:30 en la Sala China Zorrilla del Teatro Alianza Uruguay-Estados Unidos.

La historia transcurre en una pequeña localidad del sur de Mississippi, después de la primera guerra mundial. Alma, una joven espiritual y solitaria, hija del predicador del pueblo, se reencuentra durante el transcurso de un caluroso verano con su vecino John Buchanan, un médico apasionado y rebelde, del que ha estado enamorada desde la infancia. La pasión que cada uno siente por el otro es dicotómica y representativa de dualidades más amplias: alma y cuerpo, cielo y tierra, religión y ciencia.

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Jenny Galván realiza una notable interpretación en el rol de Alma, a quien sabe dotar de la complejidad que atormenta a un personaje que bajo su máscara de frialdad y puritanismo esconde un fuego interior que lentamente la va asfixiando. Álvaro Armand Ugón también destaca en el papel de John, un hombre que encuentra en el camino de las sensaciones y los deseos carnales su forma de huir del legado paterno y comunitario.

Esa dicotomía es muy bien resuelta por Jones en su puesta en escena, en la que los actores se mueven con fluidez. A un lado, el mundo de Alma: la casa de su familia regida por una gran cruz. Al otro, el de John: un consultorio a los pies de una lámina del cuerpo humano. En el medio: la plaza con el ángel de piedra, donde transcurren sus encuentros.

También sobresale el vestuario, que capta la atmósfera de los años cuarenta, y el resto del reparto, en el que hasta aparecen las versiones juveniles de John y Alma. Susana Groisman, quien regresó a los escenarios después de casi un año sin actuar tras un accidente, ofrece un breve pero intenso papel en el rol de la madre de Alma. Se trata de una mujer con problemas mentales, un personaje típico del dramaturgo, cuya hermana fue lobotomizada por esta causa.

Puede que Verano y humo no sea ni el mejor ni el más reconocido trabajo de Williams, pero el autor confiere a su teatro un sello de calidad, belleza y desazón que Jones sabe traducir con una puesta en escena cuidada e imaginativa y con un elenco actoral a la altura de los diálogos.

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