Leonardo Haberkorn
Nicolás Tabárez

Nicolás Tabárez

Periodista de cultura y espectáculos

Espectáculos y Cultura > ENTREVISTA

Leonardo Haberkorn: "Hay muchos que por la tentación de un clic son capaces de hipotecar cosas que no hay que hipotecar"

El periodista participará de la próxima edición de Encuentros Life, y habló sobre el rol de los medios y el periodismo, así como los desafíos de la profesión
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04 de noviembre de 2023 a las 05:01

En una semana en la que el rol del periodismo volvió a celebrarse y a discutirse en Uruguay, a Leonardo Haberkorn no dejan de rondarle algunas preguntas sobre el futuro de la profesión. También algunas preocupaciones sobre distintas amenazas –económicas, políticas, sociales– que el oficio enfrenta desde hace ya algunos años, pero que en el último tiempo se han intensificado.

En semanas como esta, con crisis políticas, al periodista de Desayunos Informales y El Observador, que prefiere las investigaciones de más largo aliento y sin la presión de la inmediatez, se le despierta el fervor por estar en la primera línea. Pero las preguntas de fondo no desaparecen. Y en ese contexto, Haberkorn protagonizará el próximo viernes 10 de noviembre la cuarta entrega de los debates de Encuentros Life que se desarrollan en Cultural Alfabeta.

Allí conversará con su colega argentino Luis Majul –en un momento agitado para el país vecino, con la elección inminente—, y charlarán sobre el futuro y el presente de los medios de comunicación, así como sobre ética y los desafíos de la profesión. Las entradas se pueden conseguir acá.

Antes del debate, Haberkorn conversó con El Observador sobre los desafíos que enfrentan los medios, cómo ve las diferencias entre el periodismo argentino y el uruguayo, y sobre cómo se lleva con las críticas y las protestas desde que está en televisión.

¿Qué lugar creés que tienen el periodismo y los medios ahora?

Nuestro rol está en discusión, hay muchos factores que han jugado para que eso pasara. Uno es la irrupción de las redes sociales. Otro es también la emergencia de algunos actores políticos muy importantes, a la izquierda y a la derecha, que han intensificado su discurso demonizando a la prensa, desde Cristina Fernández hasta Bolsonaro, para poner ejemplos cercanos y opuestos, pero que curiosamente coinciden en lo mismo: en que el enemigo es el periodismo. Trump es otro, Rafael Correa es otro, hay para los dos lados. Eso ha permeado mucho en alguna gente, y a su vez también la ilusión de que la información es gratis, todo disponible, gratis y para quien lo quiere. Todos estos personajes se tiran contra la prensa porque es una molestia para ellos, porque les impide edificar el discurso y actuar impunemente. Y las redes dan mucho, por supuesto, pero no permiten la información investigada, contrastada, profunda, que solo permite el periodismo profesional. Pero son momentos como el que ahora vimos en Uruguay que terminan demostrando que lo necesita. Si no estuviera, la democracia estaría en juego.

¿Ese discurso antiperiodístico lo ves acá también, o todavía no ha arraigado?

Ha estado en algunos momentos. Hubo un sector que intentó trasladar el discurso de Cristina Fernández, pero por suerte no con esa intensidad, ni con una animosidad tan exacerbada. Pero cada tanto emerge algo de eso. Hoy está el desafío de sortear esos discursos, después el de demostrarle a la gente que es más que las redes sociales. Pero muchas veces el periodismo equivoca el camino, entonces compite por la inmediatez, se suma a los errores de las redes sociales, o a su frivolidad, a la falta de profundidad, a la falta de rigor, entonces muchas veces le damos la razón a los críticos haciendo las cosas mal. Tenemos el desafío de reinventarnos, porque durante mucho tiempo tuvimos el monopolio de la información. Si alguien quería pasarle un mensaje a la ciudadanía, un político, tenía que pasar por nosotros. Y la gente, si quería enterarse, tenía que pasar por nosotros. Era muy fácil. El monopolio no existe más, hoy cualquier actor político, deportivo, un escritor, lo que sea, transmite directamente. Nosotros tenemos que ofrecer algo distinto, no la inmediatez, que sirve, pero nuestro diferencial es otra cosa. La inmediatez no es nueva, acá del gol de Ghiggia en Maracaná nos enteramos en el momento por la radio. Nosotros podemos dar profundidad.

Y a su vez tenemos otro desafío que es la cuestión económica, que no se logra estabilizar. La publicidad ha migrado hacia las plataformas, hacia Google, Facebook, Instagram. La gente se enoja cuando tiene que pagar por los contenidos, pero conseguir información buena da trabajo, lleva tiempo, hay que investigar, hay que dedicarle horas, que hay que pagarlas, porque si no, no hay manera. Los medios todavía están ahí y no lo logran del todo. Entonces claro, eso genera que haya equipos periodísticos más débiles, con menos gente, que no tienen la misma disponibilidad horaria, ni el mismo salario, que terminan haciendo contenidos peores y agravando el círculo vicioso. Es un momento complicado. Yo pienso mucho en la gente más joven que recién está saliendo de las facultades, y la tiene complicada. Hay muchas amenazas pero bueno, por suerte siempre aparecen momentos en que queda claro que se lo necesita.

Este debate va a ser entre un uruguayo y un argentino, y desde este lado del Río de la Plata se suele decir “acá eso no pasa” en referencia a la polarización política que se traslada a los medios. ¿Se puede llegar a esa situación en Uruguay, o ya la estamos viviendo sin darnos cuenta?

No, creo que no llegamos, por lo menos en algunas cosas. Me gusta mucho escuchar radio argentina, y el otro día escuché una entrevista que le hicieron a Patricia Bullrich en el programa de Jorge Lanata, en Radio Mitre, al día siguiente de que anunciara su apoyo a Javier Milei para el balotaje. En un momento, Bullrich citó a Elisa Carrió, que está llamando a votar en blanco, y dijo algo así como “creo que lo que Carrió más quiere es que Massa no gane las elecciones”, y uno de los periodistas le respondió que había hablado con Carrió, y que eso no era así, y le dice “Carrió me convenció de que vote en blanco y lo voy a hacer”. Anunció su voto. Y los demás periodistas no lo hicieron, pero por lo que preguntaban te dabas cuenta que estaban en el arco opositor al peronismo, entonces iban a votar a Milei o en blanco. Y al final de la entrevista, Lanata le agradece su presencia y le dice que no está de acuerdo con su posición, dando a entender que también votaría en blanco. Eso en Uruguay no pasa. No estamos en esa cosa tan partidizada. Hay periodistas que se sabe que votan, pero incluso así tratan de cumplir con su rol de una forma adecuada.

Por otro lado también creo que el sistema político tiene todavía unos niveles de diálogo, que si bien estamos en la crispación que se da a nivel mundial, todavía hay posibilidad de acercamiento, que en otros países se han perdido. Creo que estamos un poco lejos de la Argentina, aunque no diría que quizás tan lejos y que no pueda aparecer también acá un candidato totalmente anti-sistema como Milei. Hay que estar atentos porque es un peligro latente y la tentación es muy grande porque cuando aparece alguien con un discurso berreta, antisistema y de quemar los puentes, inmediatamente recibe el apoyo en las redes, que es el territorio de los fanáticos. Hay muchos que por la tentación de un clic o de un me gusta son capaces de hipotecar cosas que no hay que hipotecar.

Se habla de que hoy ya no se sigue a los medios, sino a las personas, y que los individuos son los nuevos medios. ¿Lo ves así?

Los expertos de este mundo digital y las redes dicen que hay que construir la marca persona y que los periodistas son una marca, pero bueno, yo creo en los medios. Cuando fui corresponsal de Associated Press, que estaba solo, me di cuenta que el nivel de calidad que vos alcanzás cuando trabajás en equipo es mucho mayor, y si vos lográs tener una redacción que sea grande, pero que sea diversa también —que haya jóvenes, viejos, mujeres, hombres,  gente que venga de un origen acomodado y gente que venga de un origen muy humilde— ahí tenés una riqueza que es muy difícil de lograr cuando trabajás solo. Cuanto más diversos, mejor.

¿Qué tanto cambió tu forma de ver al periodismo llegar a la televisión?

Tuve que aprender muchísimo, pero cambió sobre todo eso de que yo empecé trabajando en semanarios, en revistas mensuales, que eran el sueño del pibe, tenía tiempo para hacer las notas. En la revista 3 me daban el tiempo que yo quisiera, lo mismo con algunas revistas extranjeras como Gatopardo, y con los libros también es así. Y la tele es vértigo, son tres o cuatro entrevistas todos los días. Entonces hay que aprender y romper muchos preconceptos.

Leonardo Haberkorn

¿Cómo te llevás con el comentario constante y la exposición que implica la televisión?

Te acostumbrás a no discutir, a no responder. Puedo tener alguna recaída, pero en una época discutía o peleaba en las redes, ya no lo hago. Y las críticas las leo, a veces te dicen “no le preguntaste esto”, y es buena la pregunta que te sugieren, pero también es cierto que es televisión en vivo y somos cuatro preguntando. Después muchísimas veces son simplemente críticas partidarias. Dicen que cuando te acusan de los dos lados no es garantía de nada, porque puede ser que hayas hecho todo mal, y es verdad, pero también es cierto eso de que si te acusan de los dos lados es porque estás haciendo algo bien. Así que primero tenés que descartar que hayas hecho todo mal para después pensar que vas bien (risas).

¿Tiene futuro el periodismo?

Yo siempre creí que sí. Me acuerdo de una charla que tuve con un amigo cuando internet era muy emergente, que le dije “la gente siempre va a querer saber noticias, no vamos a tener problemas”. Y le erré. Fui demasiado optimista. La gente quiere seguir sabiendo, pero el espacio está cada vez más complicado, hoy no reproduciría ese optimismo. Pero la necesidad de estar informado está, la pelota está en nuestra cancha para acomodarnos a un mundo que cambió mucho, y no podemos seguir pretendiendo que somos los de antes. No tiene sentido llorar por el monopolio perdido, está recontra enterrado, y esta nueva realidad cambia muy rápido. Pero seguimos dando la batalla.

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