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22 de abril de 2012 21:28 hs

Errores graves e infantiles para profesionales, lentitud exasperante con la pelota, falta de sorpresa, nerviosismo que cada vez se siente más. Esos son algunos de los rasgos de este Peñarol, un equipo que no transmite nada.

Fénix venía en picada y todos pedían la cabeza de su técnico, Rosario Martínez, quien en la temporada pasada lo llevó a la Sudamericana. Nunca había anotado dos goles en un mismo partido en este Clausura.

Pero Peñarol demostró lo que es hoy en la cancha. Por algo, de los últimos nueve puntos que disputó en el torneo, ganó solo dos.

Dentro de la bronca que tenía después del partido, el Polilla dio la cara. Pero, ¿sirve de algo? “Soy el técnico y me hago cargo”, dijo. Está bien. Tiene que hacerse responsable como se hicieron otros técnicos anteriores. Pero este ya parece ser un tema mucho más profundo.

Ni Gregorio ni ahora el Polilla pudieron encauzar a este plantel. No dieron con la horma. No encontraron el fútbol y siempre se hicieron responsables. ¿Y? Tienen razón, pero como dice el dicho: “Marchen presos”.

El Polilla entró con una mueca en su cara al vestuario tras el 2-2. Habló con los jugadores un largo rato.

No estaba tan caliente como tras el primer tiempo ante Godoy Cruz en la Copa, pero a juicio de este periodista, no hubo mucha diferencia. Peñarol parece estar entregado, parece un equipo entregado. No existe actitud, que es lo peor. Obviamente que aún falta mucho para el final del campeonato, pero jugando así, el conjunto de Da Silva no va a conseguir nada. Solo algún insulto desubicado de la tribuna.

En pleno palco de prensa, había hinchas que no ocultaban su nerviosismo. “¡Sacala!”, gritó desaforado un hombre un minuto antes de que Fénix lograra el 2-2 en uno de los tantos centros que llegaban al área mirasol.

Eso es lo que transmite este equipo. Inseguridad, lo que es igual a nerviosismo y que se transforma en la nada misma si de fútbol se habla.

Lo de Peñarol es de preocupante para arriba. Y no se escribe ahora con el resultado visto. En la libreta de apuntes ya estaba escrito inclusive con el 2-1 a favor.

Ya aburre el grito de la hinchada pidiendo “un poco más de huevo”. ¿Por qué no piden un poco más de fútbol, un poco más de juego? Ya prácticamente no se gana más metiendo “huevo” como quiere la Ámsterdam, hinchada fiel si las hay. Pero hasta los más fieles a veces pierden la paciencia cuando no ven casi nada del otro lado.

Gregorio ya se hizo responsable. El Polilla también. Los dirigentes también. ¿Y los jugadores? Parece haber llegado su hora. Porque en este momento, ellos son los verdaderos responsables de este nuevo mal presente de Peñarol. Es la hora de que demuestren en la cancha que más allá de las variantes tácticas y técnicas que hizo el Polilla el domingo, son ellos los que tienen que cambiar esta historia. De lo contrario, será otro campeonato que verán de lejos.

EO Clips

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