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Economía y Empresas > EQUIDAD DE GÉNERO

Lo que aprendimos haciendo RompeCristales

¿Qué enseñanzas y nuevos conceptos les dejó conducir el podcast sobre equidad de género a las periodistas Carina Novarese y Gabriela Malvasio?

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08 de marzo de 2021 a las 15:27

Por Carina Novarese y Gabriela Malvasio

En El Observador veníamos pensando desde hace un buen tiempo en generar un espacio de reflexión sobre la equidad (o más bien, la inequidad) que afecta a la sociedad en todos los ámbitos en materia de género. Finalmente, junto a la agencia Alva, se nos ocurrió que ese espacio podía ser una cabina de grabación, desde la que reverberar estas reflexiones, datos y experiencias de mujeres a través de un podcast.

Luego de 10 episodios, nosotras, que como periodistas hemos cubierto temas de género y como mujeres los hemos experimentado en pequeñas o grandes inequidades, nos sorprendimos al descubrir que nos faltaba mucho por escarbar, entender, empatizar. En RompeCristales tuvimos el tiempo y el contacto con investigaciones, puntos de vista y mujeres que incluso cambiaron alguna de nuestras concepciones sobre el tema.

Esa fue tal vez la principal enseñanza. Nos hicimos conscientes de las inequidades que habíamos protagonizado (incluso desde un lugar de privilegio) y de otras que nosotras mismas o nuestro entorno estaban generando aún. En la producción previa, durante las entrevistas y a partir de las repercusiones que tuvimos –de tantas mujeres y hombres que nos escribieron comentando los episodios–, empezamos a detectar qué podíamos hacer –ya no desde el podcast sino desde lo personal– para seguir construyendo en este cierre de brechas.

RompeCristales fue grabado en los estudios de La Mayor

En medio de una charla entre nosotras, luego de grabar una de las entrevistas sobre los roles de géneros asignados desde el mismo nacimiento, Carina Novarese descubrió que le había enseñado más a cocinar a su hija que a su hijo. Era verano y las vacaciones liceales ya se volvían espesas, cuando su hijo le reprochó que no había nada de comer. “Hacete un omelette mijo, sacá milanesas del congelador y cortate un tomate”, fue la respuesta y así lo hizo. Pero evidentemente ahí había una brecha que se podía cerrar.

En otra grabación, Gabriela Malvasio contó su experiencia como madre sola, como la única que se encargaba de todo lo relacionado a sus hijos, en un año por demás desafiante, cuando la pandemia nos tenía encerrados y RompeCristales se grababa a distancia, cada una en su casa, pero unidas por la pasión y el placer de escuchar a estas mujeres y de profundizar en realidades que no siempre teníamos presente.

Formar parte del proyecto RompeCristales fue una gran experiencia que dejó claro que, más allá de todos los avances que se han dado en materia de los derechos de las mujeres, es fundamental seguir hablando de inequidades de género, de sus consecuencias y de las maneras de superarlas. Las conquistas feministas son contundentes, pero también lo es la resistencia, que viene desde lo cultural, desde lo aprendido, y está tan internalizada.

Con RompeCristales nos propusimos brindar herramientas y conceptos prácticos para incrementar las posibilidades de traspasar los famosos “techos de cristal”.

Comenzamos con tématicas vinculadas al ámbito laboral. Profundizamos en conceptos interesantes como el síndrome de la tiara, esa percepción de las mujeres de que tienen que tener una actitud más pasiva y esperar que algún día alguien venga a reconocer su valor, a lo princesa de cuento de hadas. Aprendimos que las habilidades blandas, promovidas más en las niñas, hoy están siendo particularmente requeridas para generar liderazgos más asertivos. O cómo evitar reproducir determinados estereotipos en nuestras conversaciones de todos los días, en nuestras interacciones laborales o con fuentes, o en la propia familia.

Pero después sentimos la necesidad de ir hacia temáticas más amplias como la violencia hacia las mujeres o la representación femenina en la política y, por ende, en el poder y la toma de decisiones que afectan a toda la sociedad.

Aprendimos y reforzamos muchos conceptos. Desde cómo sentarse a negociar el salario a cómo identificar los sesgos no conscientes a la hora de seleccionar personal, o cómo reaccionar ante situaciones de acoso laboral. En ese aprendizaje nos identificamos con muchas de las cosas que nos contaban y nos dimos cuenta de que también nosotras, de una u otra manera, habíamos vivido situaciones similares, pero que frecuentemente no las habíamos identificado como tales. Por eso, un poco en broma y mucho en serio, llegamos a la conclusión de que somos feministas “tardías”, pero más convencidas que nunca sobre el papel de cada persona en una sociedad a la hora de acercar posiciones, buscar soluciones más ecuánimes y justas para todos.

Lo que le pasa a una mujer, le pasa a su familia entera, para bien y para mal. Un mercado tan desequilibrado no solo en salarios, sino también en liderazgos y puestos jerárquicos aún dominados por hombres, no suma, solo resta.

Al convocar a mujeres que militan por estas causas, en las altas esferas y desde el llano, y escucharlas en las grabaciones y en las charlas de pasillo, quedó en evidencia que impulsar estos cambios requiere de esfuerzo y paciencia, pero nunca de complacencias. No es solo cuestión de convencimiento propio, sino también de estar dispuestas, una y otra vez, a instalar la temática sobre el tapete, por más que rechine o genere reacciones furibundas. Se endurece la piel al ocupar un lugar que sigue siendo incómodo, por más removedoras y fuertes que sean las movidas como las de #MeToo o “varones en”.

Pudimos ver que muchas tenían claro desde el principio de sus carreras profesionales las inequidades de género y la necesidad de combatirlas, pero otras las fueron descubriendo en el camino, muchas veces, al entender lo que les pasaba a otras mujeres, y fueron adquiriendo así una conciencia de su rol.

Entrevistamos a Verónica Raffo, Fernanda Ariceta, Fiorella Haim, Marta Jara, Beatriz Argimón, Valeria Ripoll, Mónica Bottero, Cecilia Demarco, Cristina Morán. Esta polifonía de voces, de experiencias, de procedencias y realidades, fue la mayor riqueza de RompeCristales. En sus relatos nos identificamos nosotras, pero sobre todo se identificaron los oyentes de un podcast que ahora queda, atemporal, para segur sumando.

Y más allá de que campeó la sororidad (una palabra hermosa y relativamente nueva, inspirada por el término sóror, que significa hermana en latín), también quedó patente lo vital que es el involucramiento de los hombres en estas temáticas.

Apostamos a estas charlas para seguir evolucionando en el camino de la equidad. Nos queda por tratar una multitud de temas y de problemáticas que no siempre visibilizamos. RompeCristales sembró una semilla, una que que hay que seguir regando y que levantó alguna que otra tormenta y crítica furibunda, porque ya sabemos que los cambios cuestan siempre y a todos.

Somos parte del problema y somos parte de la solución. Nos vemos en una próxima temporada.

* Este artículo fue publicado originalmente en Hacer Empresa del IEEM bajo el título RompeCristales en limpio.

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