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Lo que los extranjeros aprenden en un Free Walking Tour por Punta del Este

Seis kilómetros a pie, dos horas y media de recorrido y varias historias escondidas entre las calles de la península son la propuesta de un joven de 28 años que armó su ruta en el balneario para encantar turistas

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31 de diciembre de 2018 a las 05:00

Uruguay era un misterio para Terry Lui y su novia. La pareja de canadienses compró pasajes para un crucero por la Patagonia, y Punta del Este les tocó de yapa. Fue un paseo más en torno a la vedette del recorrido, Ushuaia. No conocían ni a Luis Suárez, pero bajaron del crucero dispuestos a dejarse seducir. Gerónimo Miranda, sin embargo, tuvo que venirse desde Filipinas en una combinación improbable de vuelos para poder encontrar la distensión exótica que estaba buscando. Mientras los mochileros uruguayos peregrinan hacia Asia en busca de singularidad, este filipino pinchó Uruguay en el mapa, armó la valija y se vino con su madre. 

Todos comparten un tour por dos horas y media en la península. Para Lui será quizás un vistazo olvidable, pero para Miranda y su madre es el mapa a partir del que van a empezar a conocer la ciudad en los próximos días: lo que tienen que comer, conocer y comprar. 

Se trata del Free Walking Tour de Germán Pereira, un minuano que habla inglés como un nativo y que descubrió el oficio por casualidad. La primera vez que se cruzó con este formato de tour que se replica en todo el mundo fue en la Plaza Independencia. Cuenta que estaba de vacaciones en la capital y que le llamó la atención cómo un grupo de alemanes seguía a una mujer de remera roja. Entusiasmado, se sumó y pidió formar parte del equipo que gestiona estos paseos en Montevideo. Le dijeron que no lo necesitaban, pero no le importó. Al ver que en Punta del este no había oferta, se mudó a Maldonado y en el verano de 2018 fue su primera temporada. 

Se necesitan tres cosas para hacer un Free Walking Tour: tiempo, estado físico para caminar varios kilómetros a buen ritmo y dinero para una propina. Sí, aunque se supone que son gratuitos, el concepto se aproxima más a un “a la gorra” que al “free” que les da nombre. Aunque difícilmente un guía se enoje con quien no deje una propina, el arreglo implícito dicta que lo razonable es hacer una colaboración. 

El recorrido de Pereira empieza en los dedos y termina en el puerto. Cómo un turco millonario que bajaba a la playa con sus seis esposas dio nombre a la playa El Emir, la historia de un barco que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial pero encalló en las rocas esteñas y de cómo la virgen que llevaba terminó en la iglesia de la Candelaria, piques para distinguir a un lobo marino de un lobo fino y una advertencia: nadar con ellos no es lo más higiénico. En el camino, va dejando varios datos que aunque son parte del popurrí del balneario, bien pueden sorprender a más de un uruguayo.

Feliz convivencia entre la marihuana, los helados y las políticas antilavado

Ahora Pereira está parado en la intersección entre dos calles. Les pide a los siete viajeros que lo acompañan que formen una ronda y miren para abajo. En el pavimento hay pintada una estrella que marca un punto único de la ciudad: la esquina de los cuatro mares, entre las calles 12 y 7. Algún que otro conductor se queja de la intromisión de un grupo de peatones pero el truco es inofensivo, solo dura pocos minutos. Les pide que miren hacia cada una de las esquinas y todos se sorprenden. Un efecto propio de la geografía de la península hace que se vea mar para todos lados La clave de todo Free Walking Tour que se precie de ser exitoso está en el golpe de efecto: una sorpresa, un trivia, un giro narrativo o un chiste que mantenga la atención y el interés. 

El circuito de Pereira tiene todo eso. Cada pocas cuadras, algo nuevo, una historia mínima o un dato general sobre los uruguayos. En nada se parece a una charla expositiva de varias horas. Es dinámica, fresca y bien calculada. Al final del día, los turistas se van a ir con una guía básica del lugar. 

El grupo pasa por la calle El Estrecho y descubre que se llama así porque es el acceso más cercano entre las playas Brava y Mansa. Algunos, como Lui, pasarán apenas unas horas en Punta del Este. Otros, algunos días más. A Lui le sorprende cómo los países de la región influyen en la economía y la política de sus vecinos y lo comenta. Charlan de la inflación en Argentina, de la nacionalidad de Carlos Gardel y de la grapamiel. A Miranda lo tiene fascinado la calma que vive la ciudad en los días previos al Año Nuevo y lo incomoda lo insípida que puede ser la comida uruguaya sin especias de sabor fuerte, picantes o salsas.  

Si hay algo que la brasileña Gabriela Dilly opinaba antes de venir a Uruguay era que es un buen país para lavar dinero y que Punta del Este es donde se pueden ver los resultados. Lo dice segura al tiempo que discute con Pereira sobre las políticas del gobierno para prevenir el lavado. Nunca falta el momento de hablar de Mujica, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la marihuana y el aborto. Hablar del “presidente más pobre del mundo” siempre rinde con los extranjeros. 

Dilly está viajando con un amigo por Uruguay. Es barato llegar, pero caro quedarse, dice, y pronto la conversación se desvía hacia la heladería Arlecchino, los chivitos y a por qué el hotel más viejo de Punta del Este –Hotel Risso– está en ruinas. La liviandad con que el turista pisa sobre un destino permite oscilar entre los debates de actualidad, historia y gastronomía. 


La incertidumbre de las propinas

Pereira cronometró y guionó cada parada del tour, pero sabe que tiene dos tipos posibles de jornada laboral. Una es cuando hay poca gente. Ahí puede tener buena interacción con los turistas, dilatar los relatos y conocer más a su público. En esas oportunidades disfruta más pero cobra menos. Cuando son grupos grandes, por otra parte, hay buena plata pero todo le queda más apretado en el itinerario. Los días que gana más suelen ser aquellos en los que hay un crucero por la vuelta.  

Para coordinar un tour, los turistas le escriben a través de Facebook, de su sitio web o del hostel en el que se quedan. A diferencia de otras ciudades, no hay día y hora asignados para el circuito porque la reserva funciona mejor. Es frustrante pasar a buscar gente para salir a recorrer y no encontrar a nadie, explica Pereira, al tiempo que cuenta que se mantiene con lo que gana como profesor particular de inglés y de lo que trabaja en un hostel. 

El promedio de propinas que Pereira recibe en un tour es de $ 200. En promedio, se lleva $ 600 en cada salida, aunque con los turistas de los cruceros suele ganar más del doble. 

“La idea es que agarren un poco de la cultura uruguaya, las costumbres, la historia y que todo tenga un poco de humor para que se diviertan”, cuenta. Pereira no tiene problema en revelar sus fuentes de conocimiento. Al principio empezó con internet, después siguió con libros y finalmente llegó a pedirle consejos a Yolanda Clavijo, descendiente de los primeros puntaesteños y autora del libro Punta del Este y yo, del que sacó varias de las historias que cuenta a los extranjeros. Otros datos, como la historia de la virgen que llegó a costas uruguayas tras un naufragio y que terminó en la pared de una iglesia, le llegaron por los propios turistas. Pereira paró la oreja, chequeó y modificó el itinerario para agregarlo. 

El paseo termina, como siempre, con una foto del grupo. Uno de las últimas paradas es en el punto más al sur de Uruguay, la plaza de los Ingleses en Punta de las Salinas. El guía les cuenta a los turistas que es el punto perfecto para admirar el encuentro entre el Río de la Plata con el Océano Atlántico con el Cerro Pan de Azúcar de fondo. 

El último destino es el clásico. En el Puerto, Pereira se despide de los viajeros y da lugar a las propinas. Antes de terminar, los turistas aprovechan para pedirle consejos sobre dónde comer y se despiden contentos luego de un aplauso. El guía se retira cansado con el sol de mediodía quemándole la nuca. Es un buen día, se lleva 55 dólares y 50 pesos envueltos que se mete en el bolsillo. 


 

Los puntos altos
El recorrido empieza en Los Dedos, sigue en el monumento por los 100 años de Punta del Este y el comienzo de Gorlero. Los puntos siguientes son la playa el Emir, la virgen de la Candelaria, la plaza de los Artesanos, la iglesia de la Candelaria, la plaza de los Ingleses y, finalmente, el Puerto. 

 

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