El Canal de Suez fue impulsado entre 1859 y 1869 por Fernando de Lesseps bajo la dirección del ingeniero Louis Maurice Adolphe Linant de Bellefonds. Pertenece a Egipto desde la nacionalización de la compañía franco-británica Suez Canal Company en 1956 y la posterior guerra del Sinaí en 1957.1 El canal es de vital importancia para el abastecimiento europeo de petróleo y el comercio mundial en general, ya que permite la comunicación entre Europa y el sur de Asia sin rodear el continente africano por el cabo de Buena Esperanza. Inaugurado oficialmente el 17 de noviembre de 1869, el canal ofrece a los buques una ruta directa entre el Atlántico Norte y el Índico Norte a través del mar Mediterráneo y el mar Rojo, evitando el Atlántico Sur y el Índico Sur y reduciendo la distancia del viaje desde el mar Arábigo a Londres en aproximadamente 8.900 kilómetros, o de 10 días a 20 nudos (37 km/h) a 8 días a 24 nudos (44 km/h).
El canal se extiende desde el extremo septentrional de Puerto Saíd hasta el extremo meridional de Port Tewfik, en la ciudad de Suez. Su longitud es de 193,30 kilómetros, incluidos los canales de acceso norte y sur. En 2020, más de 18.500 barcos atravesaron el canal (una media de 51,5 al día).
Barcos de más de 50 países se vieron afectados por los 27 ataques realizados hasta el momento por grupos rebeldes yemeníes desde fines de octubre. La escalada en el Mar Rojo aumentó con el ataque aéreo británico-estadounidense a supuestas posiciones hutíes. Eso, a su vez, provocó la manifestación popular de rechazo más masiva que registra la historia de Yemen.
Oriente Medio sufre una escalada que convierte la región en una guerra de proporciones tan difíciles de prever como lo es la normalización del comercio que atraviesa el Canal de Suez que ya afecta provisión de insumos, de productos finales y, sobre todo, de petróleo, lo que impacta tanto en los volúmenes de provisión de gas y petróleo como en sus precios.
Más de dos mil barcos se vieron forzados a desviarse miles de kilómetros en otras rutas para evitar el paso por el mar Rojo, la principal arteria comercial que une Asia con Europa.
La escalada militar por la participación del Reino Unido y de Estados Unidos aleja la vuelta a la normalidad en el corto plazo y agita varios problemas: cuellos de botellas en las cadenas logísticas por el amontonamiento de barcos en el canal, el retraso en la entrega de mercancías, suspensiones en la producción industrial y presiones al alza sobre los precios.
La empresa Tesla, del magnate Elon Musk, anunció el viernes un freno de dos semanas en su fábrica de coches eléctricos en Alemania. Compañías de productos de consumo masivo como Tesco e Ikea avisaron de posibles retrasos en las entregas de productos y repuntó el precio del petróleo el mismo viernes de los ataques en un 4% con lo cual llegó a US$ 80 el barril.
Por el mar Rojo pasa entre el 12% y el 15% del comercio global. El Financial Times publicó el viernes mismo: “No está claro si el paso seguro por el mar Rojo se restablecerá en días, semanas o meses. Potencialmente, puede tener consecuencias significativas sobre el crecimiento global”.
El número de contenedores que cada día recorren esta ruta se redujo un 66% en los dos últimos meses de 2023, de 500.000 a 200.000 unidades, a causa de los asaltos de los rebeldes hutíes. Sus ataques aumentaron tras su apoyo a Hamás.
Muchas navieras decidieron buscar los itinerarios alternativos, más largos y más caros, pero más seguros. Entre ellas están la danesa Maersk y la alemana Hapag-Lloyd. La región más afectada por el freno al comercio en el mar Rojo es la Comunidad Económica Europea. Estados Unidos es menos dependiente de este itinerario, pero tiene intereses geopolíticos de primera magnitud.
En el caso de China, sus compañías navieras dijeron hace unas tres semanas que empezarían a desviar sus buques hacia el cabo de Buena Esperanza, Sudáfrica, para evitar el tránsito por el mar Rojo.
El precio de los fletes para la ruta afectada, de Asia a Europa, se fue de unos US$ 1.500 a unos US$ 4.500.
Cuando se construyó el canal, entre 1859 y 1869, Francia y el Reino Unido tenían posesiones coloniales en la región y era un paso clave en su comercio. En 1882, Egipto se convirtió en un protectorado de Gran Bretaña, precisamente para tener el control del Canal de Suez. Sin embargo, la presión nacionalista llevó a las autoridades británicas a conceder la independencia en 1922, a manos de un reinado aliado.
Todo cambió con la llegada al gobierno egipcio de Gamal Abdel Nasser a fines de 1954. Una de sus primeras medidas, concretada en 1956, fue la nacionalización de la compañía franco-británica Suez Canal Company. Eso desencadenó la Guerra del Sinaí, donde británicos y franceses se aliaron con Israel contra Nasser.
Si bien los tres aliados ganaron batallas, la entonces Unión Soviética presionó a Estados Unidos y el Canal de Suez quedó en manos egipcias.