Todo lo que los blancos pensaban que no podía ocurrir, ocurrió. Y eso los tiene paralizados, lejos de los medios de comunicación, esperando a que pasen unas horas para asumir el impacto y convenir la forma más presentable de enfrentar a Tabaré Vázquez en el balotaje del 30 de noviembre. Todo lo que los blancos pensaban que no podía pasar, pasó. El Frente Amplio se quedó con la mayoría parlamentaria, el Partido Nacional votó por debajo de lo esperado y el Partido Colorado se desfondó.
En una primera mirada de lo ocurrido en el primer tramo de esta campaña, se puede observar que el candidato presidencial Luis Lacalle Pou logró motivar a una militancia alicaída que necesitaba de alguien que les diera esperanza ante el oficialismo frenteamplista que, antes de que las encuestas empezaran a equivocarse, ya se perfilaba como favorito.
Lacalle se apoyó en una logradísima campaña televisiva, y creó alrededor suyo una mística que sedujo a politólogos y sociólogos que discurrieron sobre “ícono pop” que había llegado para revolucionar la política uruguaya.
Pero, una vez abiertas las urnas, su performance estuvo un poco por encima de la lograda por el Partido Nacional en 2009 y por debajo de la que obtuvo Jorge Larrañaga en 2004. A corto plazo, a Lacalle Pou lo espera el desafío casi imposible de arrebatarle el gobierno al Frente Amplio teniendo como aliado al menguado coloradismo. Ni siquiera sumando la totalidad de sus votos los partidos tradicionales alcanzan a la izquierda y la mayoría parlamentaria frenteamplista terminó por complicarle las cosas. En las elecciones pasadas, Luis Lacalle Herrera tuvo que lidiar con el mismo problema y para el balotaje pidió el voto aludiendo a la necesidad de lograr un equilibrio entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo. La invitación, muy difícil de aceptar, no fue comprada por los votantes.
Ahora Lacalle Pou tiene que vérselas con un panorama más difícil que el que enfrentó su padre. Si bien Bordaberry le dio su apoyo inmediato e incluso se subió con él al estrado para saludar a los militantes nacionalistas que lo recibieron al grito de “¡Pedro, Pedro!”, este Bordaberry no es el mismo que el de hace cinco años. Aquel había obtenido un 17% de respaldo con el que sacó del pozo en el que su partido había caído en 2004. Este del 2014 apenas sobrepasó el 13% de los votos.
Para peor, un periodista del programa radial No Toquen Nada grabó el momento en que el líder colorado le dijo al asesor de Lacalle Pou en educación, Pablo Da Silveira, “vine para que hagan mierda a Tabaré Vázquez”.
Esas palabras no encajan con el eslogan “la positiva” que propala el candidato nacionalista. Y ayer en El ObservadorTV el diputado colorado Fernando Amado declaró que Bordaberry “se equivocó feo” no solo por decir lo que dijo sino también por haber ido a apoyar a Lacalle Pou “La decisión de trasladarse hasta allí es una decisión personal que yo no comparto. El Partido Nacional es una cosa y el Partido Colorado es otra”, dijo Amado.
Al parecer, entonces, Lacalle Pou ni siquiera podrá contar con la totalidad de los votos colorados. Y si pretende juntar respaldos en otro lado tiene al Partido Independiente de donde podrá rascar uno o dos puntos. O a la Unidad Popular y al Peri que dificilmente le den un voto a un candidato que consideran representante de la “oligarquía” y demás.
Ayer, Lacalle Pou y Larrañaga conversaron sobre lo que se viene en los próximos días. Además se reunió con su comando, informó Telenoche de canal 4.
Los integrantes del comando se recluyeron para no tener que responder preguntas incómodas para las que todavía no tienen respuestas. Cómo por ejemplo qué pasó para que el Frente Amplio se quedara con la mayoría de los votos en departamentos de fuerte raigambre nacionalista como Cerro Largo o en los que Lacalle Pou tiene a intendentes afines, como en Florida.
La estrategia nacionalista para el balotaje todavía está durmiendo la siesta tras la intensa y difícil jornada del domingo. Por ahora los blancos tienen diseñado el eslogan “Uruguay unido por la positiva”. Y muy poca cosa más.