27 de diciembre 2014 - 18:48hs

Otra elección perdida y ya suman decenas. Desde el llano, en el 2015 los blancos volverán a ver cómo otros, desde el poder, tomarán las principales decisiones políticas del país.

Aunque deberían estar acostumbrados a que los colorados en el siglo XX y la izquierda en el siglo XXI les arrebaten el gobierno, el balotaje del domingo 30 de noviembre no fue una derrota cualquiera para un partido que parecía beberse los vientos y que ahora –un poco desinflado por la decepción- deberá juntar ganas y diseñar estrategias para desempeñar su rol de principal opositor a un Frente Amplio que quiere seguir mandando durante muchos años más.

La recuperación anímica es uno de los desafíos inmediatos para la dirigencia blanca. “En la tarde del 26 de octubre yo era ministro y otros más nos veíamos ministros. Así de seguros estábamos y así de grande fue el golpe”, dijo a El Observador uno de los dirigentes cercanos a Luis Lacalle Pou.

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Aquella esperanza alentada por las encuestas durante varias semanas y la decepción que llegó en apenas unas pocas horas, dejó el tendal de nacionalistas con ganas de que el balotaje del 30 de noviembre pase a la historia lo más rápido posible.

Tras cumplir con la formalidad, a la fórmula presidencial nacionalista recogió un 41% del electorado –con votos prestados de un menguado Partido Colorado y, acaso, alguno aportado por el Partido Independiente– pero también juntó una cantidad de preguntas que tratarán de irse respondiendo a medida que miren el triunfo de Tabaré Vázquez con mayor perspectiva.

Pero lo primero es lo primero, y lo primero en asuntos electorales se trata de los comicios municipales del 10 de mayo. Estos suponen un desafío tanto para Lacalle Pou como para Jorge Larrañaga ya que deben colaborar para que sus candidatos ganen la mayor cantidad de departamentos y blanqueen un poco más el mapa que quedó tricolor tras el balotaje.

Los blancos no pueden darse el lujo de perder en lugares de fuerte tradición nacionalista como Cerro Largo –donde Sergio Botana va por la reelección– Paysandú –de donde es oriundo Larrañaga- o Florida– que es gobernado por Carlos Enciso, una de los dirigentes más allegados a Lacalle Pou.

Y la elección en Montevideo supone un desafío aún más complejo. Con la candidatura de Alvaro Garcé, los blancos intentarán terminar con 25 años de predominio frenteamplista pero, si les va mal, lo que tendrá fin será el recién nacido Partido de la Concertación a través del cual juntarán votos con los colorados.

Garcé tendrá como adversario no solo a la maquinaria del gobierno comunal de izquierda sino que se las verá con una coalición que, por primera vez en su historia, presentará candidaturas múltiples en la capital.

Liderazgo

Otra de las interrogantes que se le presentan a los blancos tiene que ver con la capacidad de Lacalle Pou para enamorar a los opositores a la izquierda. Una virtud que dada las enfervorizadas reacciones que despertaba a su paso no parecía estar en duda. Pero cuando se apagaron los jingles y se acabaron las selfies, el líder blanco sacó en la primera vuelta un 31% de los votos, dos puntos más de los que obtuvo su padre Luis Alberto Lacalle en octubre de 2009 pero cuatro menos de los que alcanzó Jorge Larrañaga en 2004.

Los politólogos no se ponen de acuerdo acerca de por qué el fervor callejero no se expresó con la misma intensidad en las urnas. Unos dicen que el eslogan “por la positiva” terminó por atar de manos a una dirigencia que quería marcar con mayor énfasis los errores del gobierno y que tuvo que callarse ante la estrategia del candidato. La diputada Ana Lía Piñeyrúa (Alianza Nacional) dijo que esa manera de proceder –que para Lacalle Pou es “una forma de vida”– “cercenó” la capacidad de criticar de los blancos. Eso es compartido en reserva por buena parte de la dirigencia blanca aunque muchos nacionalistas la siguen defendiendo.

Larrañaga, se sabe, siempre fue partidario de confrontar ideas y si para eso se hace necesario dar “palo” está dispuesto a hacerlo.

Esas distintas formas de manejarse serán evaluadas en sendas reuniones que las corrientes mayoritarias nacionalistas tendrán en el correr de enero. Y cada cual sacará sus conclusiones acerca de cuál es la mejor manera de pararse frente a un gobierno que fue elegido por el 53% de los uruguayos.

¿Qué se le puede ofrecer a la gente para que dentro de cinco años elija a un candidato blanco y deje de apostar a la continuidad frenteamplista? Hay nacionalistas que, en reserva, admiten que salvo una crisis económica seria la próxima batalla electoral contra la izquierda será igual de complicada que las tres precedentes.

Mientras tanto, Lacalle Pou y Larrañaga se preparan para exhibir sus propios perfiles en el Parlamento.

Ambos adelantaron que son partidarios de ocupar empresas públicas y entes autónomos para fiscalizar la labor del oficialismo. Hay que ver si Tabaré Vázquez les otorga esos lugares.

En el correr de enero el presidente electo invitará a reunirse a los líderes de la oposición y, en esos encuentros, Lacalle Pou y Larrañaga le harán saber cuáles son los asuntos que les interesa que sean abordados por la próxima administración, dijeron a El Observador fuentes del Partido Nacional.

A partir de la disposición que Vázquez muestre para abordar esos asuntos, se delineará el perfil opositor de los líderes blancos.

Desde el sector de Larrañaga advierten que la estrategia opositora nacionalista no será “única” ya que los parlamentarios de Alianza Nacional no estarán atados a lo que haga Lacalle Pou.

“Si coincidimos, mejor. Pero cada bancada tendrá su propio perfil”, dijo un allegado al hombre de Paysandú.

Lacalle Pou ha dicho que en las municipales de mayo empieza el círculo electoral que se cerrará en 2019, cuando espera que los blancos vuelvan al gobierno.

Pero antes, habrá cinco años más de poder frenteamplista y, como casi siempre desde la oposición, los blancos se preparan para hacerle frente.

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