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El 2 de marzo de 2020 los jefes de Policía asumían en Torre Ejecutiva

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Los deberes para el sustituto de un ministro que dejó el listón alto

Los deberes para el sustituto de un ministro que dejó el listón alto

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25 de mayo de 2021 a las 05:00

El ministro del Interior Jorge Larrañaga dejó un sentir casi unánime en la Policía Nacional de que quién ocupe su lugar –este lunes se supo que será el ministro de Transporte, Luis Alberto Heber– no la tendrá fácil. 

Varios comisarios consultados por El Observador coincidieron en que “el hombre se ganó el respeto de la Policía” tanto de los mandos –comprensible porque el ministro designa los cargos jerárquicos a personal de confianza y cuando no hubo coincidencias no dudó en cesarlos– como de los subalternos, y ahí está la novedad de este ministro, que le hizo sentir a todos los uniformados el respaldo político del jerarca.

Y los protagonistas adjudican ese respeto a que los escuchaba. A que no imponía su criterio sino que preguntaba. Un comisario contó que en estos casi 14 meses que estuvo al frente de la cartera de seguridad mantuvo seis o siete reuniones de coordinación con los jefes de Zona de Montevideo (la capital se divide en cuatro zonas de acción policial), en las que trataba de interiorizarse en el trabajo de la policía. Hacía lluvia de ideas, los escuchaba, tomaba nota, y luego ejecutaba.

Además se hacía presente en los operativos. “Estaba en el terreno", dijo otro comisario.

"Venimos con el objetivo de restituir el orden, el respeto y el imperio de la ley como base de convivencia (...) Para la Policía respeto y respaldo, para los delincuentes la ley, para la sociedad un Estado garantizando derechos", les había dicho a los jefes de Policía reunidos el 2 de marzo de 2020 en la Torre Ejecutiva. Junto al presidente Luis Lacalle Pou, había señalado ese día que las prioridades estarían en darle respaldo a la Policía, luchar contra el narcotráfico, cambiar las cárceles y recuperar los espacios públicos. 

Uno de los primeros cambios que implementó al día siguiente de asumir fue un replanteo del Programa de Alta de Dedicación Operativa (PADO), un sistema de patrullaje implementado desde 2016 por el exministro Eduardo Bonomi que se despliega a partir de una previa determinación de los denominados "puntos calientes" y que se diseñan en base a aquellos lugares que registran una acumulación particular de denuncias de delitos. Sin embargo, con Larrañaga ese programa  pasó a depender de las jefaturas departamentales para que cada jefe le diera su impronta y fuera rotando de zona.

Otro comisario consultado contó que hizo ese cambio porque escuchó a los oficiales. "Le dijimos que el plan, como estaba ejecutado era demasiado estático y había que movilizarlo. El vecino que tenía al PADO en su zona estaba contento pero el que no… con esto se pudo aplicar en todo Montevideo”, dijo.

Larrañaga visitó la Jefatura de Canelones el 3 de marzo de 2020

También le dio más potestades a las comisarías, cumpliendo con lo que había sido una promesa de campaña del Partido Nacional. El comisario dijo que debido a la pandemia el egreso de policías de la formación se vio afectado y los recursos humanos llegaron por cuentagotas pero se estaba en camino de dotar de personal a las comisarías, que son el primer frente de respuesta para la población frente a la inseguridad.

Las cárceles eran otra prioridad para Larrañaga que sentó las bases del "Plan Dignidad Carcelaria", basado en tres ejes: lo edilicio, la educación y formación de los reclusos, así como su salud e inclusión en la sociedad. Como parte de este plan una de las últimas inauguraciones en las que participó el ministro fue una cárcel de pre egreso en el exComcar. Este centro se propone que los presos tengan un período de adaptación previo a salir en el que puedan trabajar, estudiar, limpiar, cocinar en el marco de una convivencia con reglas pero sin rejas. 

Por último, las cifras de los delitos, algo tan mirado en la gestión de seguridad, empezaron a mostrar una caída. Si bien el ministro se apuró en señalar tempranamente resultados en este sentido, los reportes le fueron dando la razón. Volvió a mostrar cifras con periodicidad, algo que el exministro Eduardo Bonomi había hecho pero luego abandonó.

Al pasar el primer año de gestión de la seguridad, y medir el primer trimestre de 2021 comparado con el mismo período de 2020 los principales delitos mostraron una caída: homicidios (41,7%), rapiñas (24,3%), hurtos (17,9%), violencia doméstica (15,8%) y abigeatos  (38,7%). 

Si bien desde algunos sectores se marcó que la baja estaba vinculada a la pandemia y a una reducción de la movilidad, Larrañaga defendió en todo momento que los delincuentes “no hicieron cuarentena”. De hecho destacó que las cárceles tenían 1.500 presos más.

Su sucesor tendrá el enorme desafío de darle continuidad a esa políticas. La decisión del presidente Lacalle de mantener el equipo que acompañaba a Larrañaga –Guillermo Maciel en la subsecretaría, Luis Calabria en la secretaría general y Santiago González en Convivencia y Seguridad Ciudadana– van en ese sentido.

Pero también tendrá el deber de mantener el estilo de conducción, con sus características personales, cercano a la policía que instaló Larrañaga.

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