27 de agosto de 2020 17:23 hs

Por Gideon Rachman

En la convención demócrata de la semana pasada había cierta atmósfera de miedo. Pero la ansiedad que carcomía al partido no se relacionaba exactamente con las preocupaciones de que el presidente republicano Donald Trump realmente pudiera ganar las elecciones presidenciales estadounidenses. Se enfocaba en que el presidente pudiera robarse las elecciones, ya fuera saboteando la votación o negándose a conceder la derrota.

Después de todo, el presidente se ha negado a comprometerse a aceptar los resultados de las elecciones. Pero, al enfocarse en el peligro de un robo de las elecciones, los demócratas corren el peligro de subestimar un riesgo más convencional: que Trump pueda ganar sin hacer trampa.

Es cierto que durante meses las encuestas han mostrado que Joe Biden, el candidato demócrata, le lleva mucha ventaja a Trump. Pero en ocasiones previas ya se han superado ventajas como la que disfruta Biden actualmente. En 1988, el demócrata Michael Dukakis tenía 17 puntos de ventaja después de la convención de su partido, pero perdió en noviembre. El sistema del colegio electoral también favorece estructuralmente a los republicanos, lo que significa que Biden podría necesitar cuatro puntos de ventaja en el escrutinio nacional para asegurar la victoria.

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Los mercados de apuestas definitivamente no descartan la posibilidad de una victoria de Trump. Las probabilidades recientes han puesto las posibilidades de reelección del presidente entre un 36 y un 43 por ciento.

Incluso algunas de las encuestas que muestran que Biden goza de mucha ventaja contienen detalles que sugieren que puede haber cierto apoyo oculto al presidente. Una encuesta realizada a mediados de agosto mostró que Biden tenía siete puntos de ventaja. Pero cuando se les preguntó a los votantes a quién creían que apoyaban sus vecinos, la ventaja fue para Trump por cinco puntos. Esto podría señalar la existencia de un grupo de partidarios "tímidos" de Trump, quienes no quieren admitir su lealtad ante los encuestadores.

Debbie Dingell, una congresista demócrata de Michigan, no está convencida sobre la ventaja de Biden en su importante estado pendular. Señaló el número de letreros de "Blue Lives Matter" (Las vidas azules importan) que había visto en su distrito, que expresan su apoyo a la policía contra el movimiento Black Lives Matter. Resumió sus preocupaciones sobre el sentimiento de los electores, citando una publicación viral en las redes sociales que se quejaba: "Yo solía pensar que era más o menos una persona normal. Pero nací de raza blanca en una familia biparental, lo cual ahora me tacha de privilegiado, racista y responsable de la esclavitud".

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Incluso citar un pasaje como ése podría ser polémico en los círculos del Partido Demócrata, puesto que algunos partidarios podrían verlo como una muestra de credibilidad y apoyo tácito al sentimiento racista. Los demócratas inicialmente reaccionaron a la derrota en 2016 con la determinación de comprometerse a lidiar con las adversidades de la clase trabajadora de raza blanca. Pero eso se ha visto desplazado por la indignación a causa de la conducta del presidente y un enfoque apasionado en la injusticia racial.

Potencialmente, eso le da a Trump una oportunidad. Su estrategia electoral está dirigida precisamente a fomentar la ira y el resentimiento de los votantes de raza blanca. Le agradarían mucho unas elecciones que se enfoquen en el tema de la raza.

Aun así, Trump enfrenta obstáculos formidables, muchos de ellos creados por él mismo. La pandemia del coronavirus y la alta tasa de mortalidad en EEUU han expuesto de forma cruel su ineptitud administrativa. También ha puesto de manifiesto la importancia de cuestiones que favorecen a los demócratas, como la atención sanitaria y las vacaciones pagadas. El presidente había estado planeando basar su campaña de reelección en la solidez de la economía, pero la pandemia de Covid-19 ha dado al traste con eso. Los ex principales asesores de Trump, como el ex asesor de seguridad nacional John Bolton, lo han denunciado. Steve Bannon, quien dirigió la campaña del presidente en 2016, acaba de ser acusado de fraude. (Él se ha declarado no culpable).

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A muchos demócratas les es difícil comprender cómo alguien podría votar por Trump; suponen que debe ser racismo o discapacidad mental. Pero es esa misma incapacidad para sentir mucha simpatía o comprensión por las personas que están considerando votar por el presidente lo que representa la mayor debilidad potencial de los demócratas. La campaña de Trump hará todo lo posible para convencer a sus votantes fieles de que siguen siendo, según las palabras de Clinton, los "deplorables", un grupo oprimido y despreciado. Esa estrategia de resentimiento ha funcionado antes. Le da a Trump la oportunidad de ganar nuevamente.

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