En 1935, cuando Allen Lane fundó la editorial británica Penguin, pensó que la buena literatura debería poder comprarse en todos lados y que además no debería ser más cara que un paquete de cigarrillos. Aquello, que parecía ser una utopía, terminó siendo todo un logro, y Penguin se transformó en una marca que revolucionó el mercado.
Los grandes tesoros de Penguin se pasan a 140 caracteres
La editorial británica se rinde a los encantos de Twitter y transforma algunas de las obras de Franz Kafka, Jack Kerouac, William Shakespeare y Ernest Hemingway, entre otros, en una irreverente colección de tuits