La presión de grupo es responsable de muchas cosas. De los adolescentes que comienzan a fumar. De la extraña tradición japonesa del “giri choco” –chocolate por obligación– en la que las mujeres se sienten obligadas a comprarles chocolates a los colegas masculinos en el Día de San Valentín (y los hombres a corresponder). Incluso del escándalo de la tasa de interés Libor, en el cual los banqueros se incitaban entre sí para ‘manipular’ las tasas, y de los renuentes bancos que se vieron obligados a obedecer para evitar la exposición.
Sin embargo, la presión de grupo también tiene un lado positivo. Cuando se utiliza para obtener buenos resultados puede ser una motivación poderosa. Weight Watchers depende del apoyo público de otros para que sus clientes puedan perder kilos y no ganarlos de vuelta. El paraguas de Alcohólicos Anónimos mantiene a los seguidores ‘secos’. Las campañas impulsadas por las redes sociales –siendo una de los más memorables el Reto del balde de agua helada de 2014– recaudan dinero para buenas causas. En el trabajo, también, el monitoreo grupal del comportamiento puede representar un incentivo para hacer lo correcto, lo contrario de lo que sucedió durante el escándalo del Libor.
Los líderes sabios entienden el poder de la presión de grupo
Cuando se combina con incentivos en efectivo, es aún más eficaz