23 de enero de 2015 18:09 hs

"Esta historia está basada en hechos reales”, reza Foxcatcher antes incluso de comenzar, un cartel que hemos visto una y mil veces, pero que en estos premios Oscar se repite quizá demasiado. ¿Qué hace de las historias “reales” un material tan apetecible para Hollywood y, por asociación, para el público? ¿Por qué hay tantas entre los estrenos de estas últimas semanas? ¿Y cuánto de real tienen en verdad?

A efectos de documentación histórica, la historia real de la vinculación de Mark y David Schultz con John du Pont es esta: ambos hermanos en distintos momentos entrenaron para el equipo de lucha libre de du Pont, llamado Foxcatcher (de ahí el nombre del filme), y ambos vivieron en la estancia que él tenía en Pennsilvania. Tal como lo muestra el abundante material de archivo de la época, du Pont era un hombre muy curioso, obsesionado con el deporte. Por razones desconocidas, ese extraño millonario asesinó a David Schultz al cabo de siete años de este vivir en sus tierras y entrenar a su equipo.

La película de Bennett Miller busca explicar qué pasó realmente, llenar los vacíos de esta historia, iluminar sus puntos más oscuros. Para ello, desarrolla una compleja relación entre Mark Schultz (Channing Tatum), quien es presentado como un hombre parco, de pocas luces, voluble e influenciable, y John du Pont (Steve Carell), un excéntrico millonario con muchos traumas a cuestas y la enfermiza necesidad de generar relaciones humanas de las que naturalmente carece. La tercera pata de este triángulo lo ocupa David Schultz (Mark Ruffalo), el hermano mayor de Mark, la voz de la razón y de la experiencia, pero quien con su éxito y trascendencia oscurece todos los logros de su hermano menor.

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Verdad y veracidad

¿Cuánta responsabilidad tiene una película sobre la historia real que ficcionaliza? A priori, uno podría responder que muy poca. En definitiva, una película no tiene que mostrar la verdad, sino ser creíble (y atractiva) en el marco de la historia. En otras palabras, solo necesita permanecer fiel al espectador. Sin embargo, en Foxcatcher este es un punto polémico.

Su estreno, que en Uruguay fue esta semana, obligó al propio Mark Schultz a salir a declarar en público sobre las inexactitudes del relato. Si bien él cuenta su versión en el libro Foxcatcher: The True Story of My Brother’s Murder, John du Pont’s Madness, and the Quest for Olympic Gold, últimamente ha expresado su enojo especialmente por una escena que, dependiendo de su interpretación, puede ser de carácter homosexual. Además, aclaró: “Yo nunca fui así de bobo”.

Hay cierta responsabilidad con la historia real cuando uno utiliza el bendito cartel de: “Esta historia está basada en hechos reales”. Generar cambios que atenten contra los hechos y la perviertan en beneficio de una ficción más escandalosa o contundente, es nocivo. En especial porque el cine tiene la capacidad de implantar en la sociedad de forma inconsciente ciertas percepciones sobre la realidad.

Por eso, en esta búsqueda del límite entre la realidad y la ficción artística, el espectador informado tiene un rol importante.

La crítica cinematográfica

Ahora, si dejamos atrás esta discusión, nos queda la película en sí. ¿Y qué tiene para contar Foxcatcher? No mucho, en realidad.

Foxcatcher cuenta la historia de dos personas, Mark y du Pont, que se encuentran y se reconocen como pares. Dave es claramente un secundario en esta historia. De hecho, Ruffalo está nominado a Mejor actor de reparto en estos premios Oscar.

Mark es un excampeón de lucha libre olímpico y del mundo opacado en lo personal y en lo profesional por un hermano (también excampeón de ambos títulos) que, encima de todo, lo ama sin peros y eso lo hace muy difícil de odiar. Por su parte, du Pont es un bueno para nada, heredero de una millonaria fortuna, que pasa constantemente tratando de probar su valía a una madre anciana que poco y nada de atención le presta. En un mundo perfecto, el encuentro entre ambos hubiera desembocado en algo bueno, pero en este solo provoca una relación enfermiza, claustrofóbica, que termina arrastrándolos hasta la tragedia.

La historia en sí, filmada con calma y esa elegancia de cine clásico tan patente en las demás películas de Miller (Capote, Moneyball), es algo hueca. El conflicto y la relación entre los personajes se torna algo simplista y se apoya en fórmulas simples para impulsar la historia.

Por ejemplo, en un principio David se niega a ir al equipo Foxcatcher porque su cede está lejos de su hogar familiar. Pero, más adelante, cuando la película lo precisa, va sin ningún problema ni explicación de los porqué de su cambio de opinión.

No obstante, se trata de una película de actores, de esas que viven o mueren por su elenco. Y la verdad sea dicha, su elenco deja la piel para que Foxcatcher funcione.

Quien resulta vencedor en este duelo de a tres es, sin dudas, Ruffalo. Con el personaje con menos minutos en la cinta, el actor construye un ser inmensamente humano, a fuerza de miradas, gestos, una encarnación tan real que impresiona. Apenas abajo y en otra muestra de su impresionante desarrollo reciente está Tatum. Su papel como Mark es uno de esos que sirven para consagrar carreras.

Ruffalo y Tatum se entrenaron para sus roles, practicando lucha libre por más de cinco meses para dar con personajes convincentes. Lo logran ambos, con margen. La mejor escena de la película está en los minutos iniciales, cuando ambos hermanos entrenan a solas en un gimnasio, en una serie de ejercicios que rápidamente crece en intensidad y violencia.

Por su lado, la labor de Carell es igualmente recomendable. De todos modos, da la impresión de que, si no estuviera oculto tras kilos de maquillaje y esa nariz de gutapercha, podría hacerlo mucho mejor. En una película tan naturalista, su presentación como du Pont parece escapada de una comedia o sátira.

Finalmente, Miller es uno de esos ascendentes directores que, hasta el momento, siempre cumplen. Cumplió con Capote y con Moneyball. No falla tampoco en Foxcatcher que, más allá de la discusión de su fidelidad con la realidad o su argumento de poca profundidad, es una muestra de buen cine de actores.

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