7 de marzo de 2014 21:04 hs

En uno de los libros más memorables sobre el acto creativo de escribir, Stephen King describe en On writing que todo practicante del oficio de concatenar una palabra tras otra debía tener a mano una caja de herramientas. Esa caja puede tener diferentes tamaños y reparticiones, pero debe sí o sí tener los mecanismos y las piezas para hacer funcionar el artefacto literario.

La metáfora parece ser un tanto maquinal, pero no deja de ser cierta. Para que una obra funcione o marche no debe descuidar estas herramientas. Porque esa es la parte práctica del acto creativo con las palabras. Esa es la parte que se puede enseñar. No se puede enseñar inspiración, no se puede forzar el genio o la falta del mismo, pero sí se puede lograr que alguien que tenga inquietudes literarias las desarrolle.

Esto pretenden usualmente los talleres literarios. En este comienzo de marzo, muchos de estos talleres inician sus trabajos en Montevideo. El Observador puso el ojo en algunos de ellos, que se destacan por los nombres de quienes los llevan adelante. Se trata de tres escritores uruguayos y uno argentino (casi rioplatense) de diferentes generaciones y de obra diversa, pero con una carrera hecha y premiada, con muchos títulos publicados y un reconocimiento de la crítica, acorde a su dimensión.

Ellos son Enrique Estrázulas, Carlos María Domínguez, Hugo Fontana y Rafael Courtoisie.

Con características similares y con muchos puntos de divergencia, estos talleres ofrecen cuatro opciones en Montevideo de encontrar ámbitos de expresión, de análisis, de producción y de corrección para aquellos inclinados a la lectura y sacar afuera al posible escritor que está adentro.

Para Courtoisie, el taller literario se volvió el espacio que hoy sustituye a otros en cuanto a la orientación de los talleristas sobre cuál es la literatura de calidad. “El espacio es abierto y todo se puede analizar, pero planteamos una guía con respecto a cierta valoración, ordenamiento, diferenciación de los textos”, dice el autor de Tajos. En su taller se trabajan textos de todos los géneros, desde narrativa a poesía y reflexión. “Toda manifestación escrita primaria con el fin de producir un producto estético”, explica.

En el caso de Domínguez, quien comparte taller con la periodista y escritora Rosario Peyrou, el trabajo se enfoca solo hacia el género narrativo. “Se sigue el trabajo de cada participante, cada proyecto propio, y las dificultades que presenta cada texto, para que las supere”, dice Domínguez.

El taller de Hugo Fontana es incluso más específico con los géneros. Allí solo se trabaja con cuentos de autores referentes para Fontana (este año comienza con Herman Melville) y con consigna de estrategia de producción textual, a partir de estos cuentos. “Hay interpretación y producción. El coordinador puede mejorar la lectura y la información de escritores que los talleristas no conocen, y sobre todo enseñar a cortar y a eliminar lo innecesario. Más que de enseñar a escribir, este taller enseña a cómo editar”, explica Fontana.

El taller de Estrázulas es básicamente un ámbito de lecturas y comentarios de textos de escritores latinoamericanos y no de producción. El programa de este año incluye a Jorge Luis Borges, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Juan Rulfo y Julio Cortázar, a quienes Estrázulas conoció y trató.

La decisión geográfica se sostiene en el idioma porque los escritores tienen que ser leídos en la lengua original.

“Esas anécdotas que viví con ellos le dan un poco de sal a los textos. Eso es lo importante, me facilita mucho. Hay anécdotas que hacen reír y otras que no”, cuenta Estrázulas, quien cree que esta cercanía le da al tallerista más intensidad en su experiencia de lectura. “No es un taller académico, pero cuando se habla de literatura se habla en serio”, remata Estrázulas.

Domínguez resalta el seguimiento del trabajo de los talleristas para que cada participante prepare su proyecto propio, se enfrente a las dificultades del texto y pueda superarlas.

“Creo que todos queremos hacer que la gente entre en el juego de la literatura, porque ni la televisión ni las nuevas tecnologías pueden dar ese goce de la cultura que dan los libros”, opina Courtoisie.

Fontana introduce el tema de la confianza y la intimidad del ámbito del taller. “Este es un trabajo de mucha responsabilidad porque la gente termina confiando mucho en vos. Se movilizan contenidos emocionales internos y a veces no es del todo fácil”, confiesa el autor de El crimen de Toledo.

Los árboles todavía no han soltado sus hojas en marzo y el papel todavía está en blanco. Para saber la mejor forma de llenarlo de palabras las cartas están sobre la mesa.

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