A las cinco de la tarde llegan al club para maquillarse, aprontar el vestuario y alistar los accesorios. Dos horas después parten para trabajar en los tablados. Vuelven a casa a veces muy próximo al amanecer. Se dan una ducha, comen algo y a trabajar. A cumplir con las ocho o más horas diarias de labor. Y a las cinco de la tarde nuevamente marchan hacia el club.
Los murguistas que duermen en el bus
La Clave: carnaval con una dosis extra de talento y sacrificio