14 de julio de 2016 6:22 hs
Psicopedagoga y profesora de matemáticas Juliana Cabrera. Directora del Centro Alphapsi y del Instituto Pirámides. [email protected]

Mucho suena y resuena en torno a la interrelación entre la música y la matemática. Los padres, maestros y otros profesionales, muchas veces, se cuestionan si escuchar música desde temprana edad es beneficioso para el aprendizaje de la matemática.

En primer lugar se debe tener en cuenta que el niño que aprende debe ser considerado como una totalidad, el mismo niño es el que aprende música, matemática, a hablar, a escribir, a dibujar, etcétera. El niño aprende, siente, cuenta, canta y juega al unísono. Podría decirse que es armónico en tales actividades. Los aprendizajes estimulan el desarrollo integral del niño. De un modo general, podría decirse que el acto de aprender desarrolla la inteligencia.

La música y la matemática se caracterizan por ser lenguajes empleados en el mundo entero, que hablan sobre la vida. Cuentan y cantan sobre las personas, los objetos, las emociones, la realidad. En términos más abstractos ambas áreas del conocimiento tienen un código propio que es necesario conocer para "hablar sobre las cosas con el mismo idioma". Aprender a contar es tan natural como aprender a cantar, son idiomas que toda persona puede aprender ya que nace dotada para ello. El sistema nervioso, el organismo, el cuerpo, toda la persona... nace dotada para aprender música y matemática. El hacer música estimula las herramientas cognitivas para hacer matemática y recíprocamente. El ritmo por ejemplo, caracteriza la música, las sucesiones numéricas, la vida. Desde la antigüedad muchos matemáticos también han sido músicos o amantes de la música. Sin embargo, esto no debe llevar a razonamientos inferenciales simplistas y erróneos tales como: "si mi hijo escucha a Mozart aprenderá rápidamente las tablas de multiplicar". (Hay grandes diferencias entre la manera de escuchar activamente o pasivamente. Se escucha activamente cuando hay una motivación para ello). Podría pensarse en cambio: "las experiencias musicales enriquecen al niño y son posibilitadoras de nuevos aprendizajes".

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La educación formal tradicional estimula mucho las tareas que implican el uso del lenguaje oral y escrito, principalmente asociados al hemisferio cerebral izquierdo, y suele prestar menos atención a aquellas que involucran más al hemisferio derecho, como la geometría, la representación espacial de los números, la percepción de las tonalidades, la captación de melodías sin letra, etcétera.

La matemática y la música emplean ambos hemisferios cerebrales, predominando uno u otro según la tarea que se esté realizando. Ambas están íntimamente relacionadas a las emociones del niño que aprende, a las percepciones, la sensibilidad y la belleza. Tales características de algún modo las hace hermanas.

En síntesis las experiencias musicales tales como escuchar el latido del corazón de la madre, las canciones de cuna, cantar, bailar y experimentar con diferentes instrumentos musicales, son vivencias importantes para el desarrollo armónico del niño y por lo tanto facilitadoras del aprendizaje en general y del aprendizaje de la matemática en particular.

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