30 de octubre de 2020 5:04 hs

Se acercan dos fechas que los orientales, al igual que muchos cristianos, tenemos “accanto a cuore”. Son días en los cuales recordamos a quienes han muerto ya -jóvenes, menos jóvenes y  adultos-. Nuestra gran Juana lo enseña didácticamente utilizando a las flores y a sus tiempos. No es necesario hacer largas excursiones para que desde la infancia se reconozca el otoño, el inverno, la primavera y el verano.

Pues bien, el invierno ya ha partido para dejar paso a la primavera. Algunos extranjeros que nos visitan, dicen que tenemos un clima ideal. Quizás lo sea así, pero el cálido y el invierno se hacen sentir en esta tierra nuestra.

Desde hace muchos siglos, el cristianismo posee unas fechas que se viven universalmente. En algunos países toma a todos con el frío intenso. En el nuestro trae calor y aunque estas líneas se han apartado de caracterizar los meses del año, siempre y en cualquier momento, se producen muertes.

“La muerte llama a la puerta”, es un dicho popular. Todos los días se va gente de este mundo. Lo sabemos bien. Algunos dicen: “es ley de vida”. Los cristianos vemos la mano de Dios. Para ellos van nuestras oraciones y las visitas a las tumbas donde descasan después de una vida muy larga o muy corta en esta tierra. Por eso celebramos con cariño sus aniversarios a lo largo del día y, en noviembre les llevamos algunas flores porque vamos de visita.

 Cité al principio a nuestra a Juana. En “Chico Carlo” ,está descripta maravillosamente la elección de las flores para llevarlas al cementerio, en principio, el 1 de noviembre. El 2 de febrero nos trae a la memoria un acto de caridad. Es el rezo por el eterno descanso de todas las almas.

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos