Claro que algunos pasajes de la personalidad de Dexter meten miedo. Por supuesto que Jigsaw, el retorcido personaje de El juego del miedo también asusta un poco si uno entra convencido a la película. Está claro que, a pesar de los años y que ese tipo de terror es visto desde la contemporaneidad como algo ingenuo, los villanos Jason (Martes 13) y Freddy Krueger (Pesadilla) todavía pueden activar algún tipo de susto.
Pero lo cierto es que la realidad siempre es un poco más, valga la redundancia, real. Y de ahí el sitio Cracked.com saca algunos personajes de terror que operaron en la vida real y cuyas historias serían dignas de un guión cinematográfico, mucho más convincente que el de una buena cantidad de películas de terror que sólo apuntan al efectismo de agarrar desprevenido al espectador para asustarlo. A saber:
¿Qué tal intentar ahorcar a tu marido después de que no quiera tener sexo más de tres veces en tu noche de bodas? O mejor, ¿qué tal correrlo con un hacha amenazando al resto de transeúntes mientras intenta escapar con su hija? Pero aquí viene lo peor: Knight, australiana y aparentemente no temida por la (hilarante) policía de ese país, se juntó con otra pareja, padre de tres hijos, a quien mató, cocinó y luego intentó ofrecer a sus propios hijos como comida. Lo extraño del asunto es que el señor Price, su última víctima, había avisado a sus compañeros de trabajo que ella podría terminar matándolo. Así lo encontraron una vez que llegaron a su casa. Knight, sentenciada de por vida en prisión, sigue viva en Australia.
Russell Williams:
Coronel retirado del ejército canadiense y a cargo de la base aérea más importante del país, Williams resolvió aparentemente mal sus traumas post militares y comenzó a meterse en los cuartos de las mujeres para fotografiarse con su ropa interior. Tiempo después pasó a la acción: secuestro y asesinato de mujeres a las que le pedía que posaran con esa misma ropa que él usaba. No le faltó ni siquiera grabar los horrendos asesinatos que perpetró. Es el canadiense más odiado de la historia, a tal punto que el ejército quemó su uniforme y las condecoraciones que obtuvo. Recientemente intentó matarse en la cárcel ingiriendo un rollo entero de papel higiénico, sin éxito.
Robert Pickton:
Querer a los chanchos de tu granja está bien, pero asesinar gente para darles de comer, no tanto. Se calcula que entre 5 y 60 personas fueron asesinadas por este salvaje granjero de la zona de British Columbia, en la también canadiense Vancouver. Pero no sólo los cerdos se alimentaban de ellas: muchas otras partes de cuerpos eran puestos en freezers y heladeras para luego ser llevados con deshechos de los cerdos a procesadoras vinculadas nada menos que a la industria cosmética. La policía de Vancouver se mostró un tanto apática: echó al único efectivo que decía que el caso podría estar vinculado a un asesino serial y sus superiores afirmaban que las desapariciones de las víctimas tenían que ver con cuestiones como las adicciones.
Magdalena Solís:
Uno de los casos más absurdos: en 1962, dos hermanos que llegan a una villa mexicana como profetas incas (tribu de la zona donde hoy se encuentra Perú) diciendo que habría oro y fortuna para el pueblo si todos se sometían a una rutina de sexo y sacrificios. Ante el transcurso de los meses sin mayores novedades, los hermanos hicieron aparecer a Magdalena como una especie de diosa inca que colaboró con ellos en reforzar el mensaje del sexo y los sacrificios, cada vez más frecuentes. Los descubrió un niño que caminaba por una cueva y que rápidamente dio parte a la policía. Un sólo efectivo fue a investigar y sufrió las consecuencias obvias. Los hermanos murieron en el tiroteo posterior cuando lelgó toda la caballería, y Solís fue puesta en la cárcel de por vida.
Nannie Doss:
Recordada como "la abuelita asesina", Doss tenia una particular relación con el arsénico. Con él mató, sin aparente motivo, a cuatro esposos, su madre, dos hermanas, dos hijas, un sobrino y un nieto. No le importó que una de sus hermanas tuviera cáncer ni tampoco que uno de sus maridos estuviera sumido en el alcoholismo. Pero todo tiene un final: a su quinto marido le dio una dosis de arsénico suficiente como para matar 20 personas. Por algún motivo divino, esto no fue suficiente y terminó en el hospital. La cuestión ya iba más allá de la muerte por la comida en mal estado y en este caso, ya comenzaron a sospechar. La mujer confesó a las risas los once asesinatos que ejecutó con la gracia de una abuelita simpática.
Adolfo de Jesús Constanzo:
Siempre hay un asesino vinculado a la magia negra. Pero Constanzo quizá sea el que más a pecho se lo tomó, tras aprender las artes de un brujo haitiano. Un detalle que lo pinta de pies a cabeza: a Constanzo no le hacían frente ni los propios narcotraficantes de su ciudad, muchos de los cuales aparecieron en las orillas de los ríos con sus dedos, cabezas y hasta columnas vertebrales flotando, como si el propio Depredador hubiera dado cuenta de ellos.
En un momento de su biografía, a Constanzo se le fue la mano: mató a un estudiante estadounidense y la policía de ese país comenzó a presionar a la de México -donde vivía- para esclarecer el hecho. Para ese momento, Constanzo ya tenía una banda de 15 personas dispuestas a matar y cocinar en calderos a sus víctimas tras raíds mortales que dejarían al clan de Charles Manson como un simpático grupo de gente nerviosa.