3 de mayo de 2012 14:53 hs

Desastres ambientales, la debilidad del dólar, conflictos diplomáticos y la desesperada reacción de gobiernos mal rumbeados llevan a que la industria del oro negro atraviese el momento de mayor incertidumbre de las últimas décadas. Sin embargo, los platos rotos siempre los pagan los mismos: aquellos que en algún momento llenaban el tanque y hoy tienen que conformarse andando con la reserva.

Con precios por los cielos, el mercado del petróleo desbancó a la crisis de deuda europea como la principal amenaza para la economía mundial. El fantasma de la inflación ronda por los modelos de predicción de los economistas, ya sea del sector privado como en las oficinas de los principales hacedores de política en el mundo. Y se trata de un fantasma molesto, que obstaculiza el anémico crecimiento de los países desarrollados, ata las manos a los gobiernos y recorta el poder de compra de los consumidores.

En octubre del último año, el crudo se pagaba a 95 dólares el barril. Desde entonces, el petróleo no hizo más que subir y a fines de marzo alcanzó los 126 dólares, lo que implica un encarecimiento de 32% en solo seis meses. La oferta de petróleo se restringe. Las perspectivas no son buenas. Tarde o temprano el aumento en el precio de los combustibles se paga y bien caro. Desde el punto de vista económico, porque esa suba se traslada rápidamente a los bienes y servicios que utilizan el petróleo o sus derivados como insumo.

Desde el punto de vista político, en una rápida caída de la intención de voto, que puede llevar a los gobiernos a tomar malas decisiones.

Y otra vez...

Cuando parecía que la problemática europea dejaba de ser motivo de insomnio para los mercados financieros, los gobiernos de Occidente no tuvieron mejor idea que ensañarse con el régimen de Teherán.

Mal momento eligieron para tomar medidas económicas contra el gobierno iraní y su plan de enriquecimiento de uranio. La paciencia de la comunidad internacional, y en particular de la Unión Europea, llegó a su fin en enero, cuando los 27 países que conforman el bloque se comprometieron a no comprar más crudo iraní y a terminar los contratos vigentes a partir del 1º de julio. Desde entonces, las importaciones al Viejo Continente, provenientes del país musulmán cayeron 31%.

El Fondo Monetario Internacional espera que el embargo, una vez consolidado, lleve a un aumento adicional de 30% en el precio del petróleo. No conforme con ello, Teherán redobló la apuesta y amenazó con cerrar el estrecho de Ormuz, la principal puerta de salida del petróleo mundial, que llevaría a una suba aun mayor de los precios. Irán concentra 5,5% de la producción mundial de petróleo. Parece una cifra menor, pero en términos del mercado del crudo, es suficiente para afectar y mucho los precios mundiales. Principalmente, porque es difícil para el mundo compensar la pérdida de un gran productor. Sucedió con la invasión a Irak, que ocupa el puesto número nueve en el ranking mundial.

12 economías conforman la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), un cartel que controla 75% de las reservas de crudo y 43% de la producción mundial El precio del crudo a nivel mundial aumentó 32% en un período de seis meses, debido a las tensiones en el mercado petrolero 150 dólares fue el precio máximo registrado por el barril de petróleo en los meses previos al estallido de la crisis mundial en 2008, cuando las materias primas eran reserva de valor para los inversores

El magnate estadounidense de los medios de comunicación, Rupert Murdoch, defendía la acción militar emprendida por la administración de George Bush en 2003 diciendo que “lo mejor que va a salir de todo esto para la economía mundial es un barril de petróleo a 20 dólares”. Lejos de eso, el barril pasó de 32 dólares al cierre de 2003 a 74 dólares 10 meses después.

No va más

Desde entonces, el petróleo no dejó de subir. En julio de 2008, antes de que estallara la crisis financiera en Estados Unidos, alcanzó su máximo histórico de 150 dólares el barril. El crecimiento insostenible de la demanda de los países emergentes en un contexto de producción estancada, dispararon los precios por las nubes. A nivel mundial, la producción de los yacimientos de petróleo registró un sólido crecimiento desde 1988 a 2005. Pero entonces algo cambió. La producción de crudo comenzó a retroceder a una tasa de entre 4% y 6% anual. La razón es sencilla. Las reservas más accesibles se agotan y las que le siguen en el orden de extracción no tienen la misma calidad y requieren costosas inversiones. El interés de las empresas petroleras por los yacimientos en territorio uruguayo es el resultado de la escasez. Con un precio de 20 dólares, como en 2001, ninguna empresa estaría dispuesta a realizar inversiones por 1.561 millones de dólares como la que se disponen a hacer las empresas BG, BP, Tullow Oil y Total, para convertir a Uruguay en un país productor de petróleo, en asociación con ANCAP.

Pero hoy los mercados aseguran un precio al menos por encima de los 100 dólares el barril para los próximos años. Y hay quienes apuestan a que será muy difícil retroceder de los tres dígitos. Además, en la medida en que las tensiones se disuelvan, la crisis se esfume de las economías desarrolladas y los países emergentes retomen su dinamismo, un exceso de demanda ocupará el lugar que deje la escasez de oferta como motor para el aumento de los precios.

Un costo muy alto

Para encontrar nuevos yacimientos es necesario cavar y cavar cada vez más profundo. En tierra y también en el mar.

Cuanto más lejos se avanza, más riesgosas son las operaciones de extracción. Un error, por más mínimo que sea, tiene un costo altísimo no solo desde el punto de vista económico, sino también ambiental. Los derrames marcaron la agenda de las petroleras durante los últimos dos años. En abril de 2010, la protagonista fue la empresa británica BP, con una fuga que duró cuatro meses en el golfo de México y tuvo la mala fortuna de alcanzar las costas estadounidenses. Las autoridades responsabilizaron a la empresa por todos los daños causados, lo cual significó pérdidas de 4.900 millones de dólares para la empresa y costó la cabeza de su principal responsable.

En Brasil, 17 ejecutivos de la compañía estadounidense Chevron enfrentan cargos criminales por una serie de derrames en la costa a la altura de Río de Janeiro, en el campo de Frade, el área más rica en petróleo del territorio brasileño pero cuya extracción presenta serios desafíos debido a la profundidad a la que se encuentran los esquistos. En noviembre se dio el primer derrame, que significó 3.000 barriles volcados al mar. La mancha llegó a las costas de Río de Janeiro y las autoridades debieron presionar a la empresa para que responda. Los trabajos de contención y limpieza fueron lentos y difíciles, lo que reveló la escasa capacidad de respuesta del Estado brasileño y de la industria petrolera ante desastres ambientales en el gigante latinoamericano. En marzo se detectó una segunda mancha proveniente del mismo yacimiento y explotado por la misma empresa estadounidense.

Sin embargo, los derrames no son exclusivos de Chevron. El 10 de abril se detectó una nueva fuga en el Campo Roncador, el segundo más importante del país, explotado por la petrolera estatal Petrobras. En el mar del Norte, la histórica plataforma Brent Charlie de Shell permanece cerrada, junto con su vecina Gannet Alpha, debido a problemas técnicos recurrentes, que no llegaron a generar un desastre ambiental. En Canadá, las autoridades ordenaron un extenso mantenimiento de las plataformas costa adentro. Los recientes derrames llevaron a los operadores del mundo a tomar precauciones. Y eso tiene un costo en términos de producción.

Privatización

Hacer negocios en Argentina nunca es sencillo. El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se caracteriza por la heterodoxia y la arbitrariedad en sus decisiones. Con una oposición débil, una ideología de desprecio a las reglas del mercado y unas necesidades acuciantes de capitales frescos, ya no quedan certidumbres. Más aún para empresas como YPF, una subsidiaria de la española Repsol, que adquirió las operaciones petroleras en Argentina durante la década de las grandes privatizaciones, en 1990. A Cristina Fernández se le hace agua la boca al ver el millonario negocio que realizan los europeos dentro de su país, que proveen al mercado local y a su vez, exportan una parte del combustible al exterior. No alcanza con los elevados cánones, si el negocio es rentable se puede sacar una tajada más. A pesar de que la petrolera YPF redobló la inversión en Argentina durante los últimos años, el gobierno del país vecino les exige más. La idea es evitar que la empresa repatríe sus dividendos y de esa manera, mantener los dólares adentro de su economía. En los últimos meses, varias provincias comenzaron a quitarles a los españoles sus concesiones a los petroleros y ya existe malestar a nivel diplomático.

La revista The Economist ilustra de manera muy clara el riesgo que hoy corren los capitales españoles. Un cartel en una conocida avenida muestra el mapa de las islas Malvinas a la izquierda y el logo de la empresa YPF, embanderados con el pabellón patrio. Los militantes del partido de gobierno anticipan una estatización: el petróleo como causa nacional. Las acciones de la petrolera cayeron en picada y el riesgo país de Argentina subió por encima del de Venezuela por primera vez en la historia reciente, como reprimenda de los mercados y una advertencia al gobierno kirchnerista de que la pérdida de confianza de los mercados se paga cara.

África y Medio Oriente

En señal de protesta por las altas tarifas que cobra Sudán por el uso de oleoductos, su vecino homónimo, Sudán del Sur, decidió poner freno a su producción de petróleo por tiempo indeterminado. La terquedad y el largo enfrentamiento entre los dos gobiernos han reavivado viejas tensiones que imposibilitan un acuerdo.

Sudán del Sur es un pequeño productor a nivel mundial. Sin embargo, su crudo básicamente se exporta y eso representa una menor oferta a nivel mundial. En un contexto en el cual la incertidumbre cubre como un velo los mercados, cualquier suceso que se agregue genera nuevos impulsos alcistas para los precios. En Siria, en tanto, la guerra civil hizo estragos en la producción. Si bien la Unión Europea desplegó un embargo y hoy el petróleo sirio solo se destina al consumo interno, la explosión de oleoductos por parte de los ejércitos rebeldes recorta las previsiones de largo plazo sobre la oferta mundial de crudo.

El dilema de las reservas

Año electoral en Estados Unidos. Barack Obama enfrenta una batalla por permanecer en el sillón presidencial. La percepción de los votantes acerca del estado actual de la economía será uno de los puntos fundamentales de la contienda. Y quienes votan, entienden la economía como las monedas disponibles en sus propios bolsillos. A diferencia de Uruguay, en Estados Unidos los precios de los combustibles no son administrados por el Estado. Obama no decide cuánto cuesta la nafta, pero sí puede influir en ellos a través de dos instrumentos.

El primero de ellos es la política monetaria. Al imprimir más billetes, el dólar pierde fuerza frente otras monedas y también frente a los bienes y servicios. Esto es, los precios de la nafta y los alimentos aumentan, lo que genera inflación. Por otra parte, están las Reservas Estratégicas de Petróleo, que administra el gobierno estadounidense y que tienen como objetivo reducir el impacto de los shocks de precios y la volatilidad del mercado externo. Otros países, en Europa y Asia, poseen también pequeñas reservas, pero no se comparan con la bóveda sobre la que descansa el sillón de Obama. Los rumores hablan de que Estados Unidos trabaja junto con Europa en una liberación coordinada de reservas, pero aún no hubo ningún anuncio oficial.

La oposición republicana en Estados Unidos y algunos analistas privados ponen el grito en el cielo con la sola posibilidad de que Obama haga uso de las reservas, destinadas a situaciones que pongan en riesgo el suministro y no cuando se da la suba en el precio del crudo, reduce las posibilidades de una administración de ser reelegida.

En Uruguay

En Uruguay es el Ministerio de Economía el que marca el precio que aparece sobre los surtidores de combustibles, previo estudio financiero realizado por técnicos de ANCAP. Pero los cometidos de la cartera de Estado no están vinculados únicamente con las finanzas de la empresa pública. La estabilidad macroeconómica, de hecho, está primera. En Uruguay, las tarifas públicas fueron históricamente un instrumento que permitió al gobierno perseguir sus objetivos, dejando en un segundo plano las finanzas de las empresas como ANCAP. La suba de precios afectó de forma importante los costos de la empresa.

En 2011 tuvo un rojo de 94 millones de dólares, explicado en buena medida por mantener las tarifas entre marzo y noviembre. Entre enero y marzo de este año, la empresa estatal perdió entre 20 y 24 millones de dólares. Recién el lunes 9 de abril, ANCAP logró la autorización para una suba de 6% en el precio de los combustibles. La preocupación de Economía está centrada en la inflación, que con un registro de 7,48% en marzo, se ubica durante 15 meses consecutivos por encima del rango objetivo comprometido por las autoridades, de entre 4% y 6%. El petróleo es mala noticia a nivel mundial y, al menos durante el próximo año, el mercado seguirá convulso e impredecible. Es un mal momento para ser petrolero. Uno peor para llenar el tanque.

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