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Malhumor en el trabajo: cómo dejar de ser el que siempre se queja de todo

La ansiedad, la depresión y el estrés sostenido en el tiempo suelen manifestarse en comportamientos de enojo cotidiano en el entorno laboral

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22 de julio de 2019 a las 11:27

Parece ser que en tiempos ásperos, también las relaciones interpersonales se convierten en espinosas. La decepción, frustración y el enojo irrumpen a cada momento, y tenemos que lidiar con comportamientos que rozan el mal trato. Dentro de ellos, está el mal humor, un rasgo de la personalidad humana totalmente natural y razonable, siempre que sea por períodos determinados y que no afecte el normal desenvolvimiento de una persona y su entorno.

Por lo general, además de rasgos basados en las experiencias de vida, las decepciones, los problemas, las situaciones tortuosas y las frustraciones cotidianas, sus causas están muchas veces relacionadas con la ansiedad, la depresión encubierta, el estrés sostenido en el tiempo y el miedo. El cansancio, el hambre, la sensación de soledad y desamparo son, también, desencadenantes de esta variación del estado de ánimo.

Un mal día lo tenemos todos: el problema aparece cuando se sostiene en meses, años, y toda una vida atravesada por la pesadumbre, la queja y la victimización, que son primas hermanas del mal humor manifiesto.

Amanecer con el pie izquierdo

Muchas personas han desarrollado un mecanismo de defensa autodestructivo hacia ellos y, sobre todo, con un impacto negativo hacia los demás. Desde que se levantan hasta que van a dormir están ofuscados con todo y todos, por cualquier motivo. Esta manifestación de su energía vital produce un efecto contraproducente desde toda perspectiva, ya que:

-Afecta la salud

-Deteriora los vínculos

-No aporta soluciones

-Desencadena situaciones de ira y descontrol

-Frustra y deprime al malhumorado y a quienes lo rodean

-Corroe la autoestima y la valoración personal

 

Cómo dejar de ser el eterno gruñón

Si sos una persona malhumorada por naturaleza, estas sugerencias pueden ayudarte:

-Dejá de afirmar “yo soy así y no voy a cambiar”. El primer paso es aceptar que tenés un trastorno disfuncional que te afecta a vos y a los demás. Y pedí ayuda.

-Participá de actividades que te contacten con experiencias gratas. Aunque al principio te veas un poco forzado, consumí comedias en Netflix; apuntate en clases de yoga de la risa -excelente disciplina- o risoterapia, escuchá chistes graciosos mientras vas al trabajo.

-Hacé ejercicio diariamente. Está probado que desconectar de la constante rumiación interna en negativo, a través de la actividad física, ayuda a superar el malhumor.

-Descubrí tus fortalezas y expandilas. ¿Hay algo que tenés pendiente por hacer desde chico?. Jamás es tarde para empezar. Hacelo paso a paso, hasta que puedas disfrutarlo: no lo descartes al primer escollo que se presente.

-Establecé un código con las personas íntimas. Se trata de que ellos te adviertan cuando estás pasando determinado límite en tu conducta malhumorada. Por ejemplo, un gesto establecido te hará saber conscientemente que te estás pasando la raya. Aprendé a sonreír, aunque no te den ganas. Debés hacer el esfuerzo, aunque suene artificial. Verás cómo te ayuda si lo sostenés en el tiempo.

-Incorporá permanentemente frases como “Muchas gracias”, “Perdón por mi malhumor” y “No debí haber usado ese tono con vos”. Esto permitirá que resignifiques -le des la vuelta- a tu comportamiento que ya es costumbre, y puedas establecer un punto de inflexión hacia tu nueva actitud conciliadora.

-Reconocé a las personas alegres. Felicitalos, pediles consejos, compartí tu problema y abrite a escucharlos. Seguro encontrarás algo de valor para implementar de a poco.

-No le eches la culpa a tus ancestros. “Mi abuelo era…”, “Cascarrabias como papá…”, o cosas por el estilo lo único que hace es que te autojustifiques. Se trata de que asumas la total responsabilidad por quien sos, y todos tus comportamientos. Andá a un terapeuta profesional si sentís que no podés controlar o corregir tu mal humor. No lo confundas con la ira o bronca, que es natural que la sientas en algunos momentos.

-Practicá la introspección. Debés preguntarte y responderte varias veces, en un patrón de continuidad hasta llegar al fondo de la cuestión: “¿Qué es lo que me produce malhumor ahora?”. Empezá a pelar esa 'cebolla emocional' hasta llegar al fondo. Anotá la primera y la última respuesta de cada vez que lo hagas: será muy revelador. Observarás que, conociéndote más profundamente, estarás más cerca de dejar de manifestar malhumor todo el día. Sentirás que rejuvenecés; aprenderás a disfrutar de la vida, de los afectos, y aún de tu soledad si eso es lo que elegís.

 

El Cronista

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