Hay olor a lana. Y ese aroma, a veces, funciona como un viaje expreso a la emoción de todo lo que viene a continuación: invierno, infancia, leña quemándose en el fuego, café recién hecho, al alba en el campo, un puchero pronto para comer, atardeceres de domingo lejos de casa y así se podría seguir conectando imágenes. La lana, para muchos, toca algunas fibras de la memoria afectiva. Y, por más insólito que resulte, no cualquiera sabe cómo huele uno de los materiales más nobles y naturales con los que trabaja la industria de la moda.
Manos del Uruguay celebra sus 50 años con una muestra que enaltece el trabajo de las mujeres rurales
El buzo que usó John Lennon, los diseños para marcas internacionales y una series de ruanas intervenidas por diseñadores locales componen la exposición que se puede visitar en el MAPI

