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Hasta el momento Cabildo Abierto ha sido el único partido que ha marcado una postura contraria a la venta de marihuana regulada por el Estado.

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Marihuana: enredos de una política que fue vanguardia pero tiene obstáculos para actualizarse

El gobierno ha dado pasos tímidos para cambiar la regulación vigente desde 2013

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19 de diciembre de 2021 a las 05:00

Cuando ya había fecha para la inauguración del Museo del Cannabis y los invitados estaban confirmados, las expectativas recayeron sobre qué novedades traería en cuanto a la regulación vigente. “Todos están esperando tus anuncios, ¿eh?”, le dijeron a modo de presión a Daniel Radío, secretario general de la Secretaría Nacional de Drogas y presidente del Instituto de Regulación y Control del Cannabis (Ircca), una vez que confirmó que estaría en la reapertura.
No hubo ningún anuncio. La posibilidad de que se habilitara la venta de cannabis también a quienes llegaran a Uruguay como turistas ya había sido descartada por el gobierno para esta temporada, pero la idea de que “es firmar un decreto” y que, “si hay voluntad, sale” siguió sonando entre los varios actores y activistas del sector, que esperan con ansiedad cambios en la regulación. 

Los consumidores que están dentro del sistema que estableció el Estado –a través de la compra en farmacias, por asociación a clubes cannábicos o por autocultivo– coinciden en que hay algunos aspectos de la regulación que deberían modificarse: ¿por qué solo las farmacias pueden vender marihuana? ¿Por qué tan bajo porcentaje de THC –lo que genera el efecto psicoactivo– en las dos variedades que ofrecen? ¿Por qué no se permite menos THC para quienes quieren fumar sin que ‘les pegue’?
Radío coincide con los cuestionamientos y desde el Ircca se marcaron tres líneas de trabajo para actualizar la normativa: la universalización de los usuarios –que pueda ofrecerse a cualquiera, sin necesidad de distinguir entre uruguayos residentes y extranjeros–, la diversificación de los puntos de venta –y que las farmacias dejen de ser las únicas que ofrecen marihuana– y el aumento de la cantidad de variedades de cannabis que se venden al público –con diversidad de niveles de THC para los diferentes gustos–. Esta administración habilitó una nueva variedad para que se ofrezca en farmacias y la idea es que tenga más THC de las que están hoy disponibles y ronde el 10%, aunque se desconoce cuál será el nivel de concentración debido a que todavía se está en proceso de producción y análisis. Como parámetro, los clubes cannábicos o los autocultivadores logran plantas con más de 20% de THC.

El idilio que sobrevuela desde hace un tiempo en el sector es que, en determinado momento, la marihuana se asemeje al vino de calidad: que puedan visitarse sus “bodegas”, que se organicen catas, que haya eventos culturales que lo rodeen, que puedan competir las diferentes variedades. 

Pero la ley, que en 2013 puso al país en el podio de la vanguardia por regular el mercado de marihuana, ocho años después es la que pone trabas para los cambios que se pretenden. El peso de ser país pionero llevó al Estado a implementar toda una serie de regulaciones y controles para evitar fallas que hacen que hoy las normas funcionen como un juego de dominó: el movimiento de una ficha puede hacer tambalear al resto.

Uno de esos movimientos es el que tiene que ver con la venta de cannabis a extranjeros no residentes. Si la habilitación fuera solo firmar un decreto, como en teoría lo es, ¿cómo se resuelven, luego, los puntos de venta? Por ley, hoy solo se puede vender en farmacias a quienes estén registrados, por lo que habría que implementar el registro también para los recién llegados. Después, ir a la captura de una farmacia que ofrezca cannabis psicoactivo. ¿Dónde? Hay apenas 24 habilitadas para vender, y varios departamentos –entre ellos Rocha y Colonia, donde los extranjeros más visitan– no tienen ninguna.

¿Y por qué las farmacias no quieren vender marihuana? Porque eso les implica que los bancos les cierren sus cuentas debido a normas internacionales para la prevención del lavado de dinero vinculado con el narcotráfico.

Una de las opciones que se manejaron para universalizar la venta, sin pasar por las farmacias, fue la de colocar dispensadores de cannabis. Pero eso disparó otras dudas: ¿bajo qué formato? ¿Como las máquinas de snacks? ¿Cómo cumplir con el registro y asegurarse que la persona que está delante de la máquina es la que está habilitada para comprar? No hay una referencia de este tipo en otra parte del mundo vinculada al cannabis.

¿Y si los clubes cannábicos pudieran también vender a turistas? Estos clubes –hay más de 200 habilitados a los que la regulación les permite hasta 45 socios– están registrados como asociaciones sin fines de lucro. No son empresas, no pueden vender.

Otro problema que surge es el de las licencias ya pagadas por las empresas que producen marihuana y los contratos que se firmaron. Hay cuatro empresas que ganaron licitaciones y son las únicas que pueden producir y vender cannabis recreativo: Symbiosis –que está desde que se aprobó la ley–, Biopharmaceutical Research Company, Jabelor y Legiral.

Estas empresas tienen que cumplir con los requisitos y controles que les establece el Estado: qué semilla venden, a quiénes y a qué precio.

¿Qué pasa si, en medio de la vigencia de esos contratos, cambian las reglas de juego y el mercado se abre? En el gobierno temen que un paso en falso y un decreto a las apuradas termine exponiendo al Estado a juicios millonarios por parte de las empresas que se crean damnificadas.

Sobre todo, porque se ha convertido en un mercado no tan atractivo cuando de un lado de la balanza están las licencias, los requisitos y los controles y, del otro, el retorno de la inversión. ICC, la empresa que empezó junto con Symbiosis a producir marihuana, no renovó su licencia este año para producir cannabis psicoactivo, aunque sí se quedó con la producción de cannabis medicinal. En la misma línea, el holding de cannabis Terraflos decidió no invertir en Uruguay por las demoras en la apertura de venta a turistas.

Mientras Uruguay se quedaba con el primer paso que dio en 2013, otros países como México y Canadá avanzaron en políticas para despenalizar el consumo y regular la venta.

Los vericuetos en la regulación del mercado de cannabis para uso recreativo han llevado a que, pese a las presiones de activistas, consumidores y emprendedores del rubro, el gobierno haya dado pasos todavía tímidos respecto a las líneas de trabajo que se marcó para este período.

La vía legislativa

Por fuera de los posibles decretos que se puedan modificar a nivel de gobierno, en el Poder Legislativo también surgió una iniciativa para actualizar la ley. Un borrador de proyecto fue presentado por los diputados frenteamplistas Sebastián Sabini, Alejandro Sánchez y Eduardo Atonini, según informó La Diaria días atrás. En diálogo con El Observador, Sabini dijo que el objetivo es actualizar “el esquema muy rígido” que está vigente y habilitar  el acceso a turistas, aumentar y diversificar los puntos de venta, y subir la cantidad de socios –y por tanto también de plantas– que pueden tener los clubes cannábicos. 
El plan, según Sabini, es que el proyecto entre antes de que empiece la próxima legislatura. 

Hasta el momento Cabildo Abierto ha sido el único partido que ha marcado una postura contraria a la venta de marihuana regulada por el Estado. “La marihuana afecta las neuronas, el cerebro, es un dato científico y hay que decirlo con todas las letras. En nuestra propuesta de gobierno habíamos hablado de terminar con la autorización de la marihuana recreativa, de combatir la marihuana en los jóvenes en forma más efectiva. Indudablemente no tenemos la mayoría necesaria para plantear un tema de esta naturaleza, para lograr que se derogue la legalización de la marihuana recreativa, pero eso no nos cambia nuestra posición”, dijo el líder del partido y senador Guido Manini Ríos en su audición en radio Oriental a principios de noviembre.

 

Venta de cannabis batió récords en 2021

El bajo nivel de THC que tiene el cannabis que se ofrece en farmacias no impidió que los consumidores, cada vez más, se volcaran a comprarlo. Este 2021 se batió récord de ventas de marihuana en esos puntos de venta: con el último dato disponible a noviembre, se compraron más de 1.600 kilos en el año que se tradujeron en una facturación que rondó los US$ 2,5 millones.
Estas cifras baten las de 2017, el primer año de venta de marihuana en farmacias en el que se produjo un efecto destape, con filas de varios metros para probar el producto recién salido al mercado y un stock que se agotaba rápido. Una vez superada la novelería, al año siguiente las ventas bajaron, y en 2018 y 2019 volvieron a repuntar. 

 

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