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Sebastián Marset, en el año 2013

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Marset: la primera vez que la policía lo detectó, ya era un meganarco con vínculos internacionales

Cuando lo apresaron en 2013 ya tenía vínculos internacionales y manejaba una red

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10 de septiembre de 2022 a las 05:03

A fines de setiembre de 2013, Sebastián Marset se presentó en una dependencia policial, como quien no tiene nada que esconder. Sin tapujos, dijo que trabajaba en Toledo Chico, que ganaba $ 10 mil al mes y explicó brevemente un confuso episodio en el que iba en el auto con su amigo Richard “Tato” Chaves llevando unas plantas de marihuana, fueron interceptados por la policía pero lograron huir. Eso le valió un procesamiento sin prisión por hipótesis de tenencia de estupefacientes para no consumo. Detrás de la fachada de un nervioso Marset, que cuando supo que lo estaban persiguiendo se presentó en la seccional, ya existía un meganarco que tenía gente bajo su mando en varios barrios de Montevideo, en otros departamentos del interior del país y en otros países. Sus movimientos y sus vínculos eran seguidos de cerca por los investigadores que realizaban intervenciones telefónicas solicitadas por la fiscal Mónica Ferrero y la jueza Adriana de los Santos.

La transformación de Marset en un narco de gran porte no ocurrió en forma progresiva —o al menos no fue documentado de esa forma—, la primera vez que las autoridades detectaron sus operaciones fue el 12 de agosto de 2013. Según declaró un oficial ante la Justicia, la investigación sobre Marset comenzó cuando se pidieron medidas sobre los datos extraídos del piloto paraguayo Juan Domingo “Papacho” Viveros –tío del expresidente paraguayo Horacio Cartes–, detenido en el departamento de Durazno cuando fue a tirar droga desde una avioneta. En su teléfono se registraron vínculos con varios números paraguayos y argentinos, pero también dos celulares uruguayos que los investigadores vincularon con Sebastián Marset. También había mails que conectaban a Papacho con otros reclusos alojados en la cárcel de Las Rosas, de Maldonado.

A partir de allí, comenzaron las escuchas sobre Marset que luego fueron sobre el resto de su familia. De allí surgió que dos artiguenses dueños de una whiskería apodados “El Gallego” y “El Joti”, que además eran padre e hijo, le daban la droga a Marset y a su socio, Pablo Invernizzi —de quién se informó que se suicidó en la cárcel de Punta de Rieles el fin de semana pasado—. Los artiguenses se la compraban a un brasileño que vivía en Barra do Quaraí —una pequeña localidad lindera con Bella Unión—. De esa forma, Marset e Invernizzi iban a buscar la droga a Bella Unión y luego la guardaban en la casa de Martín Chaves, en Jacinto Vera. Chaves la vendía al menudeo y le daba lo recaudado a Marset.

Además, del expediente judicial al que accedió El Observador, surge que, de diferentes formas, Marset tuvo vínculos con gente en Colonia, San José, Paysandú, Maldonado, Mercedes, Durazno y Salto, e incluso estuvo en esos departamentos por el negocio de la droga.  En el área metropolitana tuvo vínculos con personas de los barrios Aires Puros, el Cerro, Malvín Norte, Parque Rodó, Peñarol, Costa de Oro, entre otros. En algunos de esos lugares había estado haciendo negocios, en otros tenía gente y por otros habían pasado cargamentos de él.

En el plano internacional, los principales lazos que tenía eran regionales: compraba droga en Argentina —en la Operación Halcón fue condenado por eso—, en Brasil y, según declaró Invernizzi en la causa, también tenía “algún contacto en Bolivia y Paraguay”. Pese a eso, su novia de ese momento, Romina Rodríguez —también condenada— declaró que con sus magros ingresos —no ganaba más de $ 15 mil—, había viajado con Marset solo a Buenos Aires y a España a comprarse ropa. A su vez, Chaves declaró que le debía a Marset dinero en euros.

Si bien él intentaba quitarse responsabilidad, para la policía estaba claro: era Marset quien conseguía los clientes y los proveedores. Cuando un cargamento que trajeron de Bella Unión no sirvió y se lo devolvieron por la mala calidad de la droga, fue él quien sugirió traerla de otro lado y fueron a comprarla a Buenos Aires, según declararon otros implicados.

Al ser consultada para quién iba la droga, su novia contestó: “La droga iba toda para Sebastián”. Ante la pregunta de quién era el dueño del negocio, otro de los imputados respondió: “Sebastián”. “Yo intermediaba, tenía conocidos que querían droga y se los presentaba”, agregó.

En esta causa lo terminaron condenando por tráfico de drogas desde Bella Unión y por un cargamento que Invernizzi y Rodríguez trajeron desde Buenos Aires. En este último episodio fue detenido cuando hacía de puntero de Invernizzi a la altura de Mercedes.

Sospechaban que un policía de la Zona III hacía entregas para él

La madre de Marset declaró ante la Justicia que en determinado punto del operativo, sabía que la estaban vigilando, dijo que los mismos policías se lo habían dicho. “Yo pensé que —los policías— eran narcos porque estaban de particular y armados”, sostuvo.

Uno de ellos preguntó insistentemente por Marset. Días antes, este policía había estado hablando un largo rato con su hijo en el pallier de su casa.  Al otro día, a la mujer la interceptaron cuando volvía del banco y los policías avisaron que le iban a allanar la casa. En determinado momento, mientras le mostraban las escuchas telefónicas y le pedían información al respecto, le preguntaron a la madre de Marset si alguna vez le había entregado algo a ese policía. Ella le contestó que no. “Me tenés que traer algo”, le había dijo ella a él según quedó grabado en una conversación. En otro momento el policía le preguntó “cómo estaba Sebastián” y si le habían llevado “los paquetes” a Tato.

También fue interrogada sobre  otra parte del audio en el que ella le decía al policía: “Pasá después de las cinco para buscar aquello”. La madre de Marset dijo no recordar a qué se refería con “aquello”. Luego, Marset declaró que conoció a este policía cuando lo procesaron sin prisión y que cuando dijo “aquello” se refería a la memoria de una cámara de fotos que le habían incautado y que nunca le habían devuelto.

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