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Martín García: la otra cara del futuro

Con identidad, títulos y convicción en sus ideas, se proyecta con fuerza desde las formativas de Peñarol

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27 de agosto de 2017 a las 05:00

"Tenés una peritonitis, Tato, andate ya al médico", le dijeron el coordinador de juveniles Fernando Curutchet y el dirigente Mario Torterolo. "Ni loco", respondió Martín García. Era el entretiempo del clásico de Séptima (sub 14) del año pasado y el entrenador salió igual a la cancha a dirigir el segundo tiempo. Su equipo ganó 3-1. "Grité los goles como loco, después agarré el auto y casi desmayado llegué a emergencia. El médico le dijo a mi mujer que si llegaba dos minutos después era boleta".

Era más que un simple clásico. Era más que el compromiso con los chiquilines que dirige. Es Peñarol. "Después lo pensé y me di cuenta que pude haber dejado a mi familia destrozada por dirigir un clásico de Séptima. Pero son los colores, lo que yo siento por Peñarol", le dijo a Referí.

Martín García, el Tato, tiene 41 años, salió cinco veces campeón con Peñarol como jugador y hace tres años dirige con suceso a las formativas del club.

Pero apenas iniciada la charla deja en claro lo que quiere: "La voy llevando, venimos bien, pero a la espera de que me surja una posibilidad en Primera. Acá o en Paraguay", dijo.

Jugó cinco años en Olimpia y en cuatro llevó el brazalete de capitán. Se retiró en suelo guaraní y tomó, en la función de manager, a un club de barrio llamado Independiente de Campo Grande y lo llevó a primera división. Dirigió en su primer año a la reserva con juveniles y recuerda un 5-0 que le endosó a Olimpia y el tercer puesto logrado.

También confiesa que no le fue bien cuando al segundo año le tocó asumir en el primer equipo. Estuvo solo cinco partidos y volvió a Uruguay cuando su madre enfermó.

"Hice la escalera al revés. Empecé en Primera afuera y acá de abajo", contó.

Primero, en 2013, en la captación de Peñarol: "No me gustaba, andaba de noche mirando gurises en el baby fútbol y es una guerra. Vi discutir captadores para robarse jugadores. No era lo mío".

Después en la Sexta y Séptima de Bella Vista, donde logró el ascenso de las categorías. Más tarde, en 2014, en Danubio, donde fue vicecampeón con la generación 1998 de Marcelo Saracchi, Diego Chagas, Santiago Mederos y Joaquín Ardaiz. Perdieron la final contra el Peñarol de Federico Valverde.

Entonces Rodolfo Catino, presidente de las juveniles de Peñarol, lo hizo pegar la vuelta en 2015. Porque los colores tiran.

En dos años y medio que lleva en el club ganó el Inicial 2016, los Apertura 2015, 2016 y 2017 (los tres que disputó) y las Tablas Anuales 2015 y 2016.

Empezó con la generación 2001, con la que perdió la final del Uruguayo contra el Nacional de Gustavo Dalto: "No estaba para nosotros", dijo. El año pasado formó una arrasadora 2002: "Metimos un invicto de 34 partidos, 160 goles a favor, 20 en contra. Coronamos un año histórico".

Para esta temporada pasó a Quinta con los nacidos en el año 2000, una generación que nunca había ganado ningún torneo: "Cuando la agarré vi que era rica técnicamente pero muy frágil de cabeza. Trabajamos mucho para hacerla más agresiva". Pelearon el Inicial, que se llevó Liverpool, y ganaron recientemente el Apertura.

"Los gurises lo respetan y lo quieren muchísimo; se los gana laburando", contó a Referí el directivo de juveniles Pablo Torres.

En Peñarol existe la convicción de que tarde o temprano, García va a llegar al primer equipo aurinegro: "Lo primero que quiero es el bien para el club porque yo quiero a Peñarol. Hoy está Leo (Ramos) y muchos amigos en el plantel como el Lolo (Fabián Estoyanoff), el Cebolla (Cristian Rodríguez), que se crió conmigo con 16 años, y en 2003 hizo su primer viaje en una gira a España. Los domingos prendo la tele y quiero que Peñarol gane. Sé que en algún momento la oportunidad va a llegar y me siento superpreparado. Si me tocara dirigirlo sería un privilegiado sea cual sea la situación. Uno quiere lo mejor para el club y si tengo la oportunidad no lo pienso un segundo".

Su única receta para manejar los grupos es "ser derecho, buena persona y frontal con el jugador".
El "compromiso" es lo que le exige a cambio al jugador: "Estos son unos colores especiales, el hincha de Peñarol te pide dejar la vida".

Gregorio Pérez y Luis Cubilla fueron los entrenadores que lo marcaron a fuego.

"Trabajo mucha la pelota quieta, tenemos jugadas de lateral, de inicio, faltas de costado. Es un arma importante, me encanta y la laburo; se ganan partidos y campeonatos con pelota quieta", dice, y recuerda la era del quinquenio bajo el mando de Gregorio.

"Como Cubilla, nadie leía los partidos. El tipo te desmenuzaba los rivales y te decía lo que iba a pasar y adentro de la cancha vos veías que eso pasaba. Era un fenómeno", agrega el Tato.

Peñarol no solo proyecta juveniles de calidad sino también entrenadores. Robert Lima se fue a Estudiantes como ayudante de Gustavo Matosas y García crece desde abajo a ritmo de campeón.

Martín Tato García

El cuerpo técnico

Lo compone el preparador físico Fabián Boyaro, Rafael Canovas como asistente encargado de edición de video y hace un mes se sumó Luciano “Cafú” Barbosa como ayudante.

El manual del Tato

Intensidad: “Somos agresivos y de presión alta. Se empieza y se termina corriendo”.
Defensa: “La línea de cuatro de Peñarol tiene que jugar en la mitad de la cancha; el anticipo tiene que ser muy seguro, si no les pido temporizar para permitir el retorno de los contenciones”.
Tenencia: “Quiero tener la pelota para que se creen los espacios y ahí ser verticales y agresivos”.
El sistema: 4-2-4. “Trabajamos mucho la apertura de la cancha, los cambios de carril: si la jugada inicia sobre izquierda tratamos de volcar al rival sobre el lado del balón y enseguida la pelota va al medio y termina en un uno contra uno por la derecha”.

Las cifras

  • 7 títulos lleva ganados en dos años y medio en las formativas de Peñarol: Uruguayo 2016, Inicial 2017, Aperturas 2015, 2016 y 2017, y Anuales 2015 y 2016.
  • 5 veces fue campeón uruguayo como jugador en Peñarol: 1995, 1996, 1997 (durante el quinquenio), 1999 y 2003.

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