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Metro de Montevideo está compuesta por 16 episodios de media hora

Espectáculos y Cultura > ESTRENA EL 5 DE OCTUBRE

Metro de Montevideo: el complejo de inferioridad de la ciudad hecho comedia

La serie, que podrá verse en TV Ciudad, Canal 5 y YouTube, se enfoca en los absurdos dilemas de este ficticio –e ineficaz– sistema de transporte

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03 de octubre de 2021 a las 05:05

Montevideo es una ciudad con complejo de Napoleón. Quizás sea la cercanía y los celos de hermano menor con Buenos Aires, quizás sea la constante necesidad de compararse con otros lugares –en particular con el eternamente añorado espejo europeo–, pero en algunos rubros, la capital uruguaya se siente inferior. Como que le falta algo.  

Los humanos somos bastante contradictorios, entonces, por un lado los montevideanos nos jactamos de nuestra escala amigable, humana, de nuestra paz y tranquilidad que es uno de los grandes puntos de venta para los extranjeros que vienen a radicarse aquí. Pero por el otro, queremos ser más grandes, tener lo que no tenemos. Y uno de los pendientes que cada tanto emerge en la lista de deseos es tener un metro.

No debe ser muy habitual que los habitantes de una ciudad sepan qué tienen debajo de sus calles. Buena parte de los montevideanos saben, desde hace décadas, que el suelo es rocoso, y esa fue durante años la razón esgrimida por la que no había trenes circulando debajo de 18 de Julio, 8 de Octubre, Avenida Italia o Garzón.

Pero Montevideo quiere tener un metro, sea viable o no, viajen llenos los ómnibus o no, las calles se tranquen en hora pico o no. Lo quiere y punto. Porque con eso sería, ahí sí, una ciudad grande. En tu cara, Buenos Aires. Mirá de quien te burlaste.

Hace once años, Marco Caltieri –realizador audiovisual, creativo publicitario, editor de revistas– creó una imagen que era al mismo tiempo un chiste, un engaño y una forma de jugar a cumplir ese sueño. Un mapa del inexistente Metro de Montevideo: doce líneas, entre subterráneos, tranvías y trenes que conectan a la ciudad e incluso van más allá, llegando hasta Las Piedras, el Aeropuerto de Carrasco, Pando y Atlántida.

Como todo mapa de metro, la ciudad se ve resumida en líneas y ángulos rectos, líneas de colores y puntitos que son elegantes y amigables. Fácil de leer y fácil de imaginar esos recorridos, esas estaciones.

El mapa del Metro de Montevideo que inició el proyecto

El mapa se convirtió en una pequeña sensación entre los locatarios –que preguntaban por las estaciones que no podían encontrar, y Caltieri los mandaba a buscar las entradas en las galerías del centro cuando le consultaban en las redes sociales– y los turistas –una vez que entendían que no había metro y que aquello era un juego–, y fue sucedido por un libro en 2011, en el que se resumían entrevistas entre el responsable de la empresa pública de gestión privada detrás de ese sistema de transporte, el Ingeniero Estero Bellaco, y el periodista Emiliano Cotelo.

El Metro de Montevideo es una ficción, entonces. Porque no existe realmente, y ahora también porque el próximo 5 de octubre se estrena en TV Ciudad la serie Metro de Montevideo, que se emitirá los martes y jueves a las 20.30 horas. El 11 de octubre se estrenará en Canal 5, y a partir de esa fecha también se podrá ver en el canal de YouTube de TV Ciudad.

Caltieri, creador, director, y uno de los guionistas de la serie de 16 capítulos ganadora del fondo SeriesUy en su tercera edición, pensó primero en seguir el proyecto con un libro de cuentos, planteado como el resultado de un concurso ficticio organizado por el metro ídem,  en el que imitaría el estilo de diferentes escritores uruguayos. Después, ya más metido en el rubro realización, pensó en hacer una película. Ese proyecto devino en la serie, que está planteada como un falso documental, creado en base a un audiovisual institucional que el Metro encarga para celebrar sus 25 años de existencia, y complementado con entrevistas en prensa, informerciales, publicidades y otros materiales. También saldrá en estos días un segundo libro, un manual de autoayuda escrito por el Ingeniero Estero Bellaco sobre su experiencia al frente de la empresa.

Carlos "Bananita" González y Martín Larrosa en el rodaje de Metro de Montevideo

En la serie, el Ingeniero está encarnado por Carlos “Bananita” González, y es el protagonista principal de cada uno de los episodios de media hora. El primero presenta al extenso elenco, en el que se incluyen Jimena Márquez, Martín Larrosa, Jimena Vázquez, Maxi González, el músico Tabaré Rivero, los hermanos Pedro Dalton y Marcelo Fernández de Buenos Muchachos, y al periodista Fernando Vilar encarnándose a si mismo, uno de varias figuras populares que interpretan versiones exageradas y retorcidas de ellos mismos, algo poco común en la ficción uruguaya.

A partir de ahí, cada entrega se enfoca en diferentes aspectos del funcionamiento de la compañía y del sistema de metro, y en los problemas tan absurdos como uruguayos que van surgiendo. Así, aparecen desde incidentes relacionados a la antigüedad de los trenes –fabricados, básicamente, con descartes de otros países, algunos que ya no existen más– a otros más mundanos como la búsqueda de la empresa por ser elegida en la encuesta Best Place to work, a las catástrofes generadas por los pasajeros que vacían sus mates en las vías. Varios de esos problemas, de hecho, no se resuelven, sino que se van postergando para más adelante y se van apilando con los nuevos dilemas.

Aldo Martínez es una de las figuras que se interpretan a si mismos en la serie

Caltieri empezó a imaginar este proyecto cuando vivía en Buenos Aires. Obsesionado con los metros, cada día se tomaba el subte para ir a trabajar, fascinado. “Empecé a vivir el desencanto cotidiano, de descubrir que ese amor de tus sueños tiene mal aliento: señaléticas confusas, construcciones delirantes. Igual me iba a pasear al subte, y una de las últimas veces que fui a Buenos Aires me tomé la línea H porque no la conocía, fui solo a conocerla. Aprendí bastante, y leí bastante, hay algo de obsesión”, contó a El Observador.

“Hice el clásico pensamiento uruguayo de ‘¿por qué no hay en Montevideo?’, y entendí que había una larga conversación inconclusa que tenemos nosotros sobre el subterráneo, con la que solemos sustituir la cosa real. Nos gusta más conversar sobre las cosas que hacerlas. Todos sabemos que el suelo de Montevideo es rocoso. Estoy seguro que vas a Beirut y no saben que suelo hay abajo. Creo que hay algo de eso, las vivencias personales, las obsesiones y el oído para escuchar esa conversación que estaba ahí. Viene de eso y de mi trabajo en publicidad y una cierta capacidad para falsificar cosas. Una cierta diversión a la hora de falsificar cosas. El mapa, que fue la primera expresión de este mundo, es básicamente un signo falso, y uno no espera que el diseño gráfico le mienta en la cara de esa manera”, dijo Caltieri.

A la altura de las grandes capitales

Para el creador de Metro de Montevideo, la serie tiene como temas de fondo la incapacidad de resolver problemas, la ineficacia y la ineficiencia que se da en las sociedades y en distintos ámbitos, no solo en lo público, sino como en el caso de la series, en las empresas privadas.

Y también está la necesidad montevideana de equipararse a “las grandes capitales”. Ese es, de hecho, el eslogan del Metro. El Ingeniero resalta todo el tiempo que vivió “en Múnich, en España”, como mérito. Un nuevo tren suizo es un motivo de orgullo y gran fanfarria para la empresa. Más allá del humor a veces disparatado y absurdo, hay situaciones y aspectos de este metro que hacen pensar que si existiera, sería así. Y a eso se suman los planos que muestran los trenes en funcionamiento, con algunas decisiones de infraestructura que solo pueden calificarse como espantosas, que son verosímiles. Uno hasta puede imaginarse los debates urbanísticos en Twitter.

Los personajes tienen cada uno un perfil muy definido por su función en la empresa y están marcados por algunos rasgos básicos. Idiarte, el director de comunicación, es el alcahuete del Ingeniero; Diógenes Espósito, el responsable de Objetos Perdidos, es un viejo guerrillero que rememora su pasado constantemente; Gladys, la secretaria del Ingeniero, se especializa en resolver problemas y es mucho más eficaz que el hombre para el que trabaja; y los hermanos Dalton son dos mecánicos simplones que disfrutan golpeando cosas o tirándole pedazos de carne por las ventanillas a los turistas pasajeros de un tren fuera de control cada vez que pasa por la estación en la que están, al grito de “Esto es asado ¡Uruguay nomá!”.

Caltieri explicó que “en un momento estuvo de moda el falso documental, pero se volvió un recurso para mover la cámara. Acá los personajes están siendo conscientes de que los están filmando todo el tiempo. Y eso tiene mucho que ver con la construcción de los personajes, que fue muy ardua y muy interesante, porque los actores tienen que construir sus personajes en la vida, en lo que son realmente, pero también lo que son impostando para la cámara, el personaje del personaje. Eso es muy difícil. En un momento dudé del tono falso documental, aunque siempre sentí que era la forma de contarlo, porque el afiche es un afiche falso, el libro es un libro falso, son como objetos encontrados”.

La dinámica de la serie, en la que la amplísima mayoría de cada episodio está compuesta por planos de los personajes hablando a cámara o entre si, y donde la acción no abunda, hace que sea tan importante lo que se dice y se muestra como lo que no. A eso también se suma que es una serie que no se enfoca en la construcción del metro, sino que el sistema ya es un hecho consumado desde el principio. Ya tiene 25 años, la ciudad ya lo integró.

“Todo el tiempo estamos enfrentados a las consecuencias de acciones que ocurren fuera de campo, la acción está ocurriendo en otro lugar o ya ocurrió, y lo que vemos son personas lidiando con las consecuencias de esas acciones, y personas lidiando con las consecuencias públicas de esas acciones o inacciones frente a una cámara. La serie te obliga a ver que detrás de ese ‘está todo bien’, no está todo bien. Atrás están pasando cosas. Es una serie que trata de filmar al fantasma, la huella que deja en el aire una acción reprobable o pésima que ya ocurrió o que está pasando atrás”, señaló su responsable, que la considera también una pequeña carta de amor a la “maravillosa” Montevideo –también le parece divertido que el canal del gobierno departamental la emita; dice que “cierra el círculo de forma fantástica”–.

El afiche de la serie que se estrena el 5 de octubre

La decisión de que el Metro ya esté construido desde un primer momento tiene que ver con el paso del tiempo entre el inicio del proyecto y la concreción de la serie, y también con el interés del creador en empezar por la mitad. “Los cuentos más interesantes son los que arrancan con todo ya empezado. Creo que lo mejor que tiene Star Wars es que arranca en el episodio IV, y después ves que pasó antes. Eso ayuda a disimular probablemente el proceso de construcción del universo y lo vuelve más fresco también”, reflexionó Caltieri.

Y también responde a que a nivel narrativo, se buscaba que el Metro de Montevideo fuera hijo de la década de 1990 y el neoliberalismo. “En esa década parecía que podíamos hacer todo, y nos rompimos los dientes en 2002. En los 90 vinieron unos tipos y dieron un montón de entrevistas, fueron tapa de la revistas Posdata y Tres, hablaron en la radio, decían que se estaban reuniendo con el intendente, y que era prácticamente un hecho, que en dos años había un metro. Y notabas un entusiasmo muy grande en la gente. Y los tipos desaparecieron. Creo que como sociedad tenemos un sistema de medios demasiado grande para lo que es esto, y creo que la serie trata también sobre lo provincianos que somos. Es como la chica aquella que dio notas por haber ganado un Grammy en iluminación y era mentira, siempre hay alguien que tira algo así. Todo gira alrededor de ellos por un rato, y después desaparecen. Pero las tapas quedaron. Y este proyecto me permitió que el metro se fundara en los 90, y tiene entonces muchos vicios de esa época”, contó el realizador.

Montevideo Springfield

El tren pasando frente al Hospital de Clínicas en la serie

Uno de los episodios más recordados de Los Simpson es el doceavo de su cuarta temporada, y se llama Marge contra el monorriel. En ese capítulo de la serie animada, la ciudad donde vive la familia amarilla, Springfield, es convencida por un empresario de que debe construir un tren elevado con un costo millonario, que les asegura que con esa obra, la ciudad dará un salto de calidad y será definitivamente una gran ciudad.

El empresario resulta ser un estafador, el tren es un chasco y genera tanto desastres como momentos hilarantes. Es inevitable pensar en una conexión espiritual entre ese episodio y la serie uruguaya, y también entre las dos ciudades que quieren abandonar su provincianismo, pero no pueden. Montevideo, entonces, es Springfield.

Caltieri reconoce que esa entrega de Los Simpson y el ensayo de Jonathan Swift Una modesta proposición son las dos influencias más grandes para la serie. “Es lindo ver como una idea tan querida y tan abrazada por nuestro subconsciente colectivo se tropieza y se llena de barro y de caca. Es muy divertido. El episodio del Monorriel nos representa muchísimo, creo que hay algo en las aspiraciones que una ciudad chica tiene de ser más grande de lo que es. Y creo que es también una consecuencia de tener un PBI cultural mayor que el PBI económico. Hay un grupo de clase media y alta que viaja, esos 300.000 que debemos ser, que vamos y conocemos, y a la vuelta decimos 'como nosotros no, en Bilbao hay metro y son 600.000 habitantes'. Es como una señal de que nos falta algo. Siento que la conversación sobre porqué no hay Metro es una ortopedia simbólica que sustituye eso que nos falta. Nos encanta eso, somos muy buenos imaginando cosas y hablando sobre ellas en lo colectivo”.

El Metro de Montevideo que imaginó Caltieri fue utilizado por un grupo de estudiantes de arquitectura como tesis. Su mapa fue sometido a un estudio de viabilidad, y para asombro tanto de los estudiantes como del creador, que no tiene formación en transporte ni en urbanismo, el proyecto era plausible casi en su totalidad. O sea, si Montevideo tuviera un metro, tendría que ser más o menos así. La conclusión a la que los arquitectos y el creativo llegaron fue que el tema se discute hace tanto tiempo que la población tiene algunas nociones ya incorporadas.

Esa discusión eterna es para Caltieri el diferencial. “Al capítulo de Los Simpson le agrego nuestro complejo de inferioridad, no solo por ser una ciudad pequeña, sino por sentir que nos falta para ser una capital, porque lo vemos y nos damos cuenta. Creo que la clave es el tamaño de la estatua de Artigas en la Plaza Independencia, que es gigantesca. Tenemos esa cosa de compensar. El Salvo es gigantesco, el gemelo en Buenos Aires es un edificio más. El Centenario, la Rambla, acometimos en el pasado esas obras grandiosas para compensar algo, evidentemente. Pero esta no pudimos hacerla y la sustituimos por algo más retorcido, que es una conversación. Eso nos hace más divertidos que Los Simpson”.

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