15 de agosto de 2014 19:14 hs

Mercedes Carlevaro (25), fusionó sus dos pasiones en un emprendimiento donde el aprendizaje es lo primordial. Mona Bartola es la marca de los juguetes de madera confeccionados por la egresada del Centro de Diseño –rama industrial– y estudiante de educación inicial en la Universidad Católica.

Tras su experiencia trabajando como auxiliar en un jardín, Carlevaro descubrió el interés por la educación inicial y, decidió jugársela por generar su emprendimiento personal para lograr conjugar a la vez el diseño y la pedagogía.

Si bien el simpático nombre del emprendimiento remite a canciones y “cosas de la infancia”, no es la intención de Carlevaro que Mona Bartola referencie a nada en concreto.

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Acompañar al niño
La didáctica infantil es un terreno muy explorado y sus aristas son variadas y cuestionadas. Para la emprendedora el objetivo más importante de sus productos es lograr que el niño aprenda lo más posible mediante el juego.

Es por eso que sus productos tienen su fundamento teórico en la psicología del desarrollo.
“Si bien el desarrollo psicológico de cada niño es distinto, sí hay algunas pautas en común que permiten estudiarlo. Lo que intento con los juguetes es acompañar al niño a lo largo de su desarrollo.

“Comunmente se cree que en los juegos infantiles por tener números, por ejemplo, los niños van a aprender a contar y no es así. Lo importante para mi es que adquieran los aprendizajes por su propia cuenta mediante el juego”, señaló Carlevaro. Esto puede verse por ejemplo en productos como el llamado Animal mil caras, que permite formar diferentes personajes, el tetris de animalitos, las casitas apilables, o el árbol de las estaciones, que permite encastrar pequeñas piezas.

La emprendedora dejó en claro que el proceso de producción de los juegos es prácticamente unipersonal.

“Hago casi todo yo sola, compro la madera, diseño la idea y se la paso a un carpintero para que haga el corte con una máquina que no tengo –router– sincronizada con una computadora para hacer el corte específico. Sería imposible hacerlo con una sierra”, explicó Carlevaro, quien renunció a su puesto en un jardín de infantes para poder dedicarse a su emprendimiento y a su formación.

Manos a la obra
Fabricar productos para un público prescolar conlleva contar con precauciones de forma obligada. Para la diseñadora es vital el proceso de terminación del producto para que sea apto para el uso de los niños.

“Soy bastante exigente con el lijado de los bordes. A los juguetes que tienen color, se les pasa pintura acrílica en base a agua –no tóxica– y a su vez arriba de esa pintura se le da un barniz que funciona como sellador –también al agua– para generar una capa resistente al agua, en caso de que el niño se lo lleve a la boca”, destacó.

Desde la elección de los materiales para su fabricación hasta el acabado del producto, todos los aspectos son fundamentales para Carlevaro. Por ejemplo, la madera elegida es el pino nacional, que a pesar de ser más costoso, “es cálido al tacto y se pueden ver fácilmente sus vetas”, lo cual contribuye al estímulo cognitivo del niño, siempre y cuando “esté acompañado en el proceso de aprendizaje por un adulto”.

No todo es dinero
Para la creadora de los juguetes es importante poder dejar una huella en los consumidores, los niños. Y para eso es que mantiene firmemente determinados conceptos a la hora de su elaboración.

El hecho de utilizar materiales “amigables con el medio ambiente y que no contaminen”, no solo es un valor agregado al producto, sino que además la emprendedora pretende que su durabilidad sea prolongada (a diferencia del concepto de lo descartable que predomina hoy en día), pudiéndose heredar de una generación a otra sin problemas.

“La idea es que el mismo juguete que usó el hermano mayor de la familia pueda ser usado por el menor”, agregó Carlevaro.

Otro aspecto importante implícito en los productos de Mona Bartola, es la cuestión “anti-sexista”. Se hace énfasis en que son aptos tanto para niños como niñas.

La emprendedora dedica aproximadamente de tres a cuatro horas semanales en generar la producción.

Y tiene claro que aspira a más. “Lo que sé es que necesito estar en contacto con los niños y profundizar en la educación. Lo ideal sería conjugar mis profesiones en un taller donde los propios niños puedan crear sus juguetes ”, reflexionó.
La emprendedora está trabajando en el lanzamiento de su página web.

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