Dados todos los problemas reales que la economía estadounidense encara, sacar el remoto peligro de una deflación es tonto y casi podría decirse que la intención es infundir miedo.
Sí, estamos en la peor crisis financiera desde la Gran Depresión, cuando los precios al consumidor cayeron un 25%. No obstante, la economía, aunque débil, se asemeja poco a la de principios de los años de 1930.
En su mensaje radial del sábado, el presidente electo Barack Obama prometió un paquete de estímulo masivo de recortes de impuestos e incrementos en el gasto para estimular el crecimiento. Ayer los líderes demócratas en el Congreso dijeron que un programa de cientos de miles de millones de dólares estará listo para ser aprobado el día que Obama asuma el cargo, el 20 de enero. Eso es exactamente lo que la economía necesita en este momento, y las promesas deben de aquietar el temor a una deflación.
Las advertencias sobre una deflación aumentaron luego de que el Departamento del Trabajo informó el 19 de noviembre que los precios al consumidor bajaron un 1% en octubre. Esta fue la mayor caída mensual desde que comenzó la publicación de las cifras desestacionalizadas en 1947.
Un detenido estudio revela que la caída, aunque pronunciada, no es indicio de que estemos próximos a una deflación. Los precios básicos, excluyendo alimentos y energía, solo han bajado un 0,1%.
La mayor parte del retroceso en el índice general fue resultado de la aceleración de la caída en los precios de la energía, que bajaron un 8,6%, el cuarto descenso mensual consecutivo. Esto forma parte de una contracción generalizada en los precios de las materias primas, la tendencia contraria a una tremenda alza que llegó a su apogeo en julio.
Si bien más bancos fracasarán, ello no será una tendencia general. Y con las cuentas aseguradas por el gobierno federal, el dinero de los depositantes no se desvanecerá, como ocurrió en la Depresión.
Salarios
Tampoco hay indicios de que los salarios vayan a desplomarse, como lo hicieron cuando el desempleo se disparó al 25% en 1933. Es probable que la paga suba más lentamente en los próximos meses, como normalmente ocurre durante una desaceleración. Los recortes en la paga serán inusuales.
Aunque es verdad que el índice sobre precios de viviendas Case-Shiller de Standard & Poor’s ha caído un 20% con respecto al nivel máximo alcanzado en julio de 2007, sigue estando más elevado que en mayo de 2004. En otras palabras, el valor de muchas viviendas, probablemente de la mayoría, sigue siendo tan alto como hace tres años y medio.
Recordemos que una deflación es una caída amplia y sostenida en los precios, no solo un bajón mensual ocasional. ¿Realmente debemos esperar que el coste de la atención médica, la enseñanza, los libros de texto, las entradas al cine y otros servicios bajen constantemente?
No es imposible, naturalmente, aunque pienso que las cosas tendrían que empeorarse drásticamente para que se produzca una deflación.
Debate sobre el IPC
Hace tan solo unos meses muchos economistas -y varios estrategas de la Reserva Federal- debatían si el cambio de 12 meses en el IPC general, que tocó un nivel del 5,6% en julio, bajaría hacia el índice básico, o si el básico se aceleraría.
Con la caída de octubre, el índice general seguía un 3,7% más arriba que en octubre de 2007. Tras alcanzar un nivel máximo del 3,5% en julio, el incremento de 12 meses en el índice básico el mes pasado fue del 2,2%.
El 19 de noviembre, el vicepresidente de la Fed Donald L. Kohn dijo durante una conferencia en Cato Institute en Washington que concuerda con la noción de que la economía está “muy débil”. Cuando se le preguntó sobre la perspectiva de deflación, Kohn respondió: “Existe el riesgo, pero yo considero que sigue siendo pequeño”. Agregó que el riesgo era lo suficientemente importante para justificar el ser “audaces en nuestra política monetaria”.
Jeffrey Lacker, presidente del Banco de la Reserva Federal de Richmond, dijo en una entrevista al día siguiente: “El riesgo sigue siendo bastante pequeño”.
Primer incremento en los tipos
Lacker dijo que espera que la economía empiece a recuperarse en algún momento el año entrante. Cuando lo haga, está decidido a tomar medidas rápidamente en materia de política monetaria para asegurarse de que la inflación no empeore de nuevo.
“Me preocupa que mantengamos los tipos demasiado bajos, por demasiado tiempo”, dijo Lacker. “El primer incremento en los tipos siempre genera dudas”.
Si la economía empieza a expandirse de nuevo el año entrante -como muchos economistas esperan que ocurra-, será en parte porque la Fed fue audaz en el uso de la política monetaria. El banco central no lo hizo a principios de la Depresión. Lo mismo puede decirse sobre el Banco de Japón durante la deflación mucho más modesta de los años de 1990.
Los funcionarios de la Fed son conscientes del ejemplo de Japón. Esa fue la razón principal por la que El Comité Federal del Mercado Abierto (FOMC) bajó su tipo meta para préstamos interbancarios al 1% en 2003, cuando la inflación amenazaba desaparecer por completo.
En respuesta a la crisis financiera actual, la Fed ha bajado el tipo de referencia una vez más al 1%, en comparación con el 5,25% en setiembre de 2007. Es posible que el FOMC lo recortarte de nuevo, quizá en 50 puntos básicos, cuando se reúna los días 15 y 16 de diciembre.
También ha inundado el sistema bancario con efectivo y otorgado préstamos de forma sin precedentes.
Obama y los demócratas del Congreso dicen que proporcionarán un estímulo fiscal tan pronto él asuma la Presidencia. Es una pena que, mientras tanto, el presidente George W. Bush esté cruzado de brazos.