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11 de febrero de 2012 21:30 hs

Miles de ojos se detienen frente al televisor. En cualquier lugar del planeta. En la helada Italia, en las afueras de Manchester, en El Salvador donde el hermano de Luis despertó temprano para ver el partido y en los lugares más remotos de Uruguay.

Llega el instante esperado... Los jugadores de Liverpool rompen la fila para saludar a sus colegas de Manchester United. Las cámaras de televisión tienen un único objetivo: Luis Alberto Suárez. El uruguayo que volvía a Old Trafford luego de la sanción de ocho partidos por insultos racistas contra Patrice Evra que ahí estaba, en la fila, esperando el saludo. Y llega Luis. Pero su mano se eleva y saltea al francés que le toma el brazo y con cara de pocos amigos algo alcanza a murmurar. Un compañero de Suárez lo aparta colocando la mano abierta en el pecho de Evra. El árbitro Phil Dowd se interpone y habla con Evra. El uruguayo sigue saludando pero encuentra una mano que no se abre, la de Ferdinand, que le pagó con la misma moneda.

Otra vez Luisito. Desafiando las normas inglesas y diciendo al mundo, soy como soy. ¿Estuvo bien? ¿Estuvo mal? Será tema para la polémica. Acá también se vivió una situación de similares características cuando Camejo no saludaba a Bengoechea en el sorteo de capitanes y había dos bibliotecas.

El hecho es que el partido ya comenzaba con clima caliente.

Luis tomó su lugar en el campo, se acomodó las medias y comenzó a recibir insultos de los hinchas de los rojos de Manchester. El partido fue un padecimiento. Cada vez que tomó contacto con el balón fue abucheado.

Las cámaras de la televisión inglesa convirtieron el clásico en un duelo entre Luis Suárez y Evra, después que el lateral acusó al delantero de haberle proferido insultos racistas por los que la federación castigó a Luis.

El primer tiempo terminó y Suárez se fue al vestuario escoltado por sus compañeros, achuchado por los rivales y abucheado por el público por su actitud de haber dado un pelotazo hacia la grada al escuchar el silbato final.

El uruguayo se enojó por una acción donde Rio Ferdinand le cometió falta cuando se disponía a enfilar rumbo a la meta de De Gea. El árbitro desestimó la falta.

El desprecio de la gente de Old Trafford no se hizo esperar cuando enfiló rumbo al vestuario.
Algunos medios internacionales revelaron que en el entretiempo se generaron problemas cuando los equipos se disponían a volver al campo de juego. Sin embargo, nadie reveló que de los incidentes hubieran participado Suárez y su acérrimo enemigo Evra.

Rooney pareció sentenciar la historia en favor del conjunto local, pero Suárez se encargó de poner un manto de temor en Old Trafford descontando.

En los minutos finales Liverpool lo tuvo a los saltos a Manchester. Incluso Luis dispuso de una oportunidad que hubiese paralizado Inglaterra.

Pero al final el duelo lo ganó Evra que terminó celebrando el triunfo como si se tratara de la final del Mundo.

En ese instante las cámaras también fueron para los protagonistas del duelo.

Evra se paró de cara a su gente de Old Trafford con los brazos tensos y los puños apretados arengando. A su lado pasaba un derrotado Luis Suárez que enfilaba al vestuario. Quedó la sensación de que el francés le pasaba la victoria por la cara a Luis. Entonces Reina corrió a recriminarle la actitud a Evra, así como un árbitro asistente. Se generó un pequeño tumulto que hizo pensar en lo peor, pero Suárez permaneció impasible en su paso.

Después fue tiempo de las polémicas y el cruce de declaraciones. Ferguson dijo que Suárez era “una vergüenza para el Liverpool”. Luis no respondió.

Inglaterra durmió excitada por la actitud de un uruguayo que desafío las normas inglesas y le dijo al mundo, soy como soy.

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