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Mujeres que corren con olas: Salty Girls, una comunidad de surfistas

Camila Meana y Agustina Brum lideran e inspiran a un grupo de mujeres que comparten un estilo de vida, dentro y fuera del agua 

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24 de enero de 2021 a las 05:00

¿Qué harías para encontrar un momento de felicidad? Ese instante perfecto donde el tiempo parece detenerse y todo vuelve a tener sentido. Para Camila Meana y Agustina Brum ese lugar está en una ola, y fueron capaces de atravesar el mundo para encontrarla. 

Hay deportes que son un pasatiempo, otros pueden convertirse en una pasión, pero solo algunos llegan a ser un estilo de vida. Eso es el surf para ellas. "Te das cuenta de que todas las decisiones que vas tomando en tu vida son para poder surfear. No se si es consciente o inconsciente pero siempre terminás cerca de la playa", explica Agustina; que estudia Ciencias Biológicas para especializarse en Oceanografía. Desde los primeros días de enero está a cargo de la "Salty House", informó Galería días atrás. Se trata de una casa en Cabo Polonio donde "se respira surf". A cientos de kilómetros Camila da clases en la escuelita que montaron este año en la bajada 8 de la Playa Brava de Punta del Este: "El surf para mi más que un deporte es una filosofía de vida. Es mi día a día, desde que me levanto hasta que me acuesto estoy pensando en surfear".

Ambas heredaron el amor por las olas. Mientras a otras niñas Papá Noel les regala una bicicleta, una pelota o una muñeca a Camila le dejó un tablón con enormes flores rojas debajo del árbol de navidad y con solo cinco años aprendió a surfear cuando su padre la empujaba en La Paloma. Para Agustina se dio tan natural que no recuerda su primera ola, como quien no recuerda cuándo empezó a caminar, pero sí recuerda las barras de primos y amigos con las que surfeaban con tablas heredadas de hermanos mayores en Cabo Polonio: "Estábamos horas y horas adentro del agua”. Con los años lo que era un pasatiempo de verano se fue arraigando cuando a los 17 años no esperaron el calor y empezaron a surfear también en invierno. 

Se encontraron porque tenían amigos en común, que básicamente les dijeron "vos surfeas y vos también, háganse amigas". Y así fue. Desde la adolescencia encontraron en la otra la compañera perfecta dentro y fuera del agua. Por aquellos años no era común ver mujeres surfeando y coinciden en que eran las únicas chicas de su edad que lo hacían. "Cuando conocí a Cami se me iluminaron los ojos", dice Agustina y se ríe al recordarlo. 

Los viajes son la clave de esta historia. Camila empezó a competir en la categoría sub-18 de la International Surfing Association cuando era adolescente. En 2011 viajó por primera vez a surfear con la selección uruguaya, el destino era Perú y luego lo siguieron Panamá, Nicaragua y Ecuador. Con 18 años decidió alejarse de la competencia pero las ganas de viajar no cambiaron. "Le empecé a agarrar el gustito a otra parte del surfing que no es solo la competencia en Uruguay sino ir conociendo otros lugares y otras personas", comenta. La compañera ahora sería Agustina, o "Titi" como le dice con cariño. 

Costa Rica, México, España, Portugal, Sri Lanka, Indonesia. En 2019 hicieron el último viaje juntas, pero cuando aterrizaron ya estaban pensando cuál sería el próximo destino de surfing. Se pusieron como objetivo Praia da Rosa (Brasil) y decidieron compartirlo con amigas y conocidas para abaratar los costos, contrataron una combi y alquilaron una casa, pero no llegaban a completar los cupos. "No era tan fácil conseguir ocho chicas a las que les dijeras 'vamos a surfear a Brasil un fin de semana y volvemos', la mitad nos decía que no", recuerda Agustina. Decidieron probar en Instagram. Hicieron una publicación con la información del viaje y completaron los lugares que faltaban. Aunque no era una condición subirse a la tabla para viajar, terminaron siendo instructoras de algunas chicas que no sabían surfear. Ambas tenían experiencia como profesoras, Camila tiene una escuelita de surf en Punta del Diablo desde 2014: Wanna Surf. 

"Cuando volvimos de Praia habían quedado un montón de chicas afuera de ese viaje e hicimos el segundo para el Cabo", cuenta Agustina y agrega: "Con todo más pensado y más formado para dar clases, llevamos trajes y tablas para todas y de ahí no paramos". 

Una comunidad de mujeres surfers

"La rompieron". Paula Bologna acaba de salir del agua con cuatro chicas jóvenes que surfearon por primera vez. Se sacan los trajes y devuelven las tablas mientras otro grupo de mujeres rubias y bronceadas se resguardan del viento en la plataforma de madera del "surf spot", la escuelita de Punta del Este.

Salty Girls es una comunidad de mujeres surfistas. Ser parte no se limita solo al surf, se trata de compartir una filosofía.

"La idea es enseñarle a todas las chicas que quieran aprender desde cero o que simplemente quieran venir a la playa y conocer a más chicas que estén en la movida. Si quieren probar pueden probar, si les da miedo que esperen, pero invitar a todas a que puedan hacerlo", alienta Camila. "Cuando empezó a surgir todo no fue planeado, fue un poco espontáneo de esa necesidad de que había chicas que querían surfear y no se animaban", explica Agustina y recuerda que siempre vio pocas mujeres en el agua, no sólo en Uruguay sino en los destinos que visitaron.  

Hoy se comunican mediante un grupo de Whatsapp donde hay unas 200 mujeres que participan de las actividades, algunas con más regularidad que otras. En la escuela de Punta del Este toman clase unas 20 alumnas por día. Camila es la referente de esa escuela y explica que la idea es que las chicas que participan puedan tomar algunas clases que les permitan ser autónomas cuando entren al mar: "Que se suelten y vayan solas".

“Elegí las saltys porque me copó la movida de que sea un grupo de chicas y que estemos todas en la misma sintonía con ganas de aprender a surfar. Toda mi vida estuve en contacto con el deporte, por mis hermanos, pero no conocía a ninguna chica que lo haga o de clases” - Verónica Caballero 

A cientos de kilómetros está Agustina, en la "surf house" de Cabo Polonio. En el escenario perfecto para abrir la ventana hacia la Playa Sur y salir a buscar las olas. La casa es el lugar ideal para compartir ese estilo de vida que predican. Se levantan temprano para salir a surfear, toman clases de surf y yoga, comparten comidas y momentos juntas. "Se respira surf acá adentro". 

"Ayer me quede a surfear acá en El Cabo y era la única chica en el agua, pero hace dos semanas me tiré al agua y había dos chicas más de La Paloma que habían venido. Eso no se veía antes", dice Agustina y agrega: "Hay algo que esta cambiando y esta animando más a las chicas a surfear. Cada vez son más y eso está buenísimo".

“Me re gusta lo que transmiten, porque son todas mujeres que se mandan a lo mismo. Me da tremenda seguridad, confianza y ganas de darle para adelante ver tantas minas cracks queriendo surfear que me dieron ganas a mí. Una vez que me metí eran todas re abiertas y buena onda que seguí, y me daban re para adelante. Me copé tanto que todos los días a las 7 am. estoy en la escuelita” - Victoria Idoyaga.

Como otras disciplinas, y ámbitos de la vida, las mujeres se van abriendo un espacio que era ocupado principalmente por hombres. Aunque la mayoría de las veces no hay problemas, Camila y Agustina coinciden en que muchas veces tienen que demostrar cuáles son sus capacidades para hacerse un lugar. "Cuando entro al agua tengo una actitud que demuestra que estoy ahí, siempre con respeto y desde un lugar para disfrutar y divertirme. Pero siempre es imponerse", cuanta Agustina y agrega: "Te ven en la primera ola y por ahí se te tiran adelante, te roban la ola, si la segunda ya la surfeaste más o menos bien te dejan surfear porque 'algo encarás'".

"Me pasa que estoy remando una ola y al lado tengo tres que la están remando por si yo no llego a agarrarla porque soy mujer y se supone que tengo menos fuerza en los brazos. A mí es más, hasta me divierte. Es de la personalidad de cada uno", comenta. 

Ese también es el valor de la comunidad. No es lo mismo entrar sola al agua que con un grupo de amigas. "Estás totalmente empoderada, es otra cosa".

“Tuve muchos incidentes en Perú, donde los hombres me dijeron que no podía montar ciertas olas y que no me permitían estar en la línea de fondo porque no podía manejar las olas. Perdí mucha confianza y cuando llegué a Uruguay sentí pavor de volver a entrar al agua (...) He construido confianza y experiencia a través de las Salty Girls. Me encanta entrar al agua y ver un grupo de mujeres conmigo, ¡confiadas y seguras!” - Yess Howes.

Otra experiencia que destacan es el surf como una actividad entre madres e hijas. No hay edad para aprender a surfear y tienen varias parejas de madres e hijas en la comunidad. 

Recomendaciones para nuevas surfistas: 

  • Ponele atención a la teoría.
  • Tené cuidado al entrar en el agua. Las indicaciones de seguridad son importantes para evitar golpearse con las tablas.
  • "Hay que tenerle respeto al mar, no miedo", sugiere Camila y dice que hasta que las que tenían temor al empezar "al final de la clase siempre terminan copadas".
  • Divertite. "Surfear es eso, si te paraste bien o más o menos no importa, ya vas a ir mejorando. Lo importante es pasarla bien", subraya Agustina. 
  • Animate. "Te puede gustar, obviamente no a todas les fascina; algunas quedan copadas, se compran la tabla y están buscando todo el día la ola, pero si no te copa mucho igual es una experiencia más que suma y está buena. Si nunca lo hiciste está bueno probarlo. Si te gusta te va a atrapar y vas a querer surfear todos los días", advierte Camila. 

La ola perfecta 

Llegaron a Indonesia sin conocer el idioma. Solo cargaban con sus tablas y un par de mochilas con tres bikinis. Cuando llegaron a Mentawai se encontraron con un australiano y salieron a buscar la ola a las cinco de la mañana, atravesando la jungla con una linterna en la cabeza mientras otro surfista iba adelante de la fila abriendo camino con un machete. Cuando llegaron encontraron el paraíso. 

Pueden viajar miles de kilómetros hasta el otro extremo del mundo o recorrer las playas del país en busca de la ola perfecta. “No quiere decir que sea una ola monstruosa y gigante, es la ola que a cada una la hace sentir cómoda y le divierte. Eso es buscar la ola”, explica Agustina y agrega: "Para un surfista encontrar la ola es la felicidad máxima". 

"Buscar la ola es buscar la que te gusta a vos. Las olas son todas diferentes, a mí me gusta un estilo y cuando el pronóstico marca que va a haber olas trato de buscar la que me gusta a mí. Si puedo recorro de Punta del Este a La Paloma para encontrarla", dice Camila. 

"Estar surfeando significa estar en el momento presente, significa estar pensando solamente en lo que estás haciendo en ese momento", dice Agustina y explica que la olas no son iguales, por lo tanto no hay un movimiento automatizado que te garantice la estabilidad; tenés que leer la ola en ese momento para ver cómo la vas a surfear. "Hay muchas chicas a las que les da miedo surfear porque no están en el momento presente, están pensando en lo que les podría llegar a pasar si las revuelca la ola o en un revolcón que tuvieron hace tiempo", comenta. 

El sonido del mar, el sol en la piel y la sal en el pelo: surfear es vivir en el aquí y ahora.

Las mejores playas uruguayas para buscar olas
No es necesario atravesar el mundo para surfear, menos en medio de una pandemia. ¿Cuáles son las mejores playas del Uruguay para surfear? 

La Moza en Santa Teresa, la Laguna de Rocha y El Rivero en Punta del Diablo son las preferidas de Camila. Agustina prefiere la Playa Sur de Cabo Polonio, la La Moza nuevamente y playa Bikini en Punta del Este. 

    "Es muy loco esto, con Cami a veces nos miramos y no podemos creer", comenta Agustina y asegura que muchas de estas mujeres están cambiando sus vidas: "Chicas que por ahí nunca se hubiesen imaginado subirse a una tabla y de repente se ven soñando con viajar a lugares a surfear o hacen amigas que por ahí van a tener para el resto de la vida. Es muy lindo todo lo que se está generando".

    Surfear, comer y dormir. Volver a surfear. Las Salty Girls viven con una ola atravesada en el cuerpo. 

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