Opinión > EDITORIAL

Muros o puentes

El papa Francisco reflexionó sobre el famoso muro fronterizo de Trump

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31 de mayo de 2019 a las 05:03

El papa Francisco hizo una interesante reflexión en estos días sobre el significado de la construcción de muros para separar fronteras. Sus valiosas palabras permiten entender mejor el impacto que tiene la política dominada por una lógica de hostilidad binaria en la que no hay lugar a los matices: se es amigo o enemigo. Que ve con recelo al otro, al extranjero o al rival. Es una actitud de crispación permanente que no deja lugar a los matices tan necesarios para la negociación en aras del entendimiento para vivir en paz. 

“El levantar muros como si esa fuera la defensa. Cuando la defensa es el diálogo, el crecimiento, la acogida y la educación, la integración, o el sano límite del ‘no se puede más’, pero humano...”, responde el Sumo Pontífice en una reciente entrevista con la periodista Valentina Alazraki, corresponsal de Televisa en el Vaticano.

La construcción de barreras o murallas no resuelven los problemas que se quieren resolver. Francisco pone el ejemplo del Muro de Berlín” que bastante dolor de cabeza nos trajo y bastante sufrimiento…”. Un error que se vuelve a cometer.

Ningún muro podrá detener la dinámica de los flujos de capital, bienes y servicios y personas que han determinado una enorme transformación del poder estatal y la soberanía política. 

Por eso es que las medidas represivas contra los migrantes, que tanto desvela al Papa, solo sirven para caer “en la crueldad más grande”. Y “para defender ¿qué? El territorio, o la economía del país o vaya a saber qué”, afirma el Papa.  

Y esos “esquemas de pensamientos” no son monopolios de Trump y de algunos líderes europeos. Son también conductas que se observan desde hace algunos años en la India, en Pakistán, en varias naciones pobres africanas, que en 2017 la revista The Economist los incluyó dentro de “El club de los hipócritas”, por sus políticas hostiles contra los refugiados. 

En lugar de muros, el Papa prefiere los puentes. “Quien construye muros termina prisionero de los muros que construye…” y quien “construye puentes fraterniza, da la mano, aunque se quede del otro lado…  Pero hay diálogo ¿no? Y se puede defender el territorio perfectamente con un puente”. Para el Sumo Pontífice, son los “puentes políticos” y los “puentes culturales” -para lograr un entendimiento entre los que piensan diferente- la mejor alternativa para solucionar los problemas.

La metáfora de muros y puentes es muy adecuada para comprender los variados problemas políticos de países de América Latina. La actitud de las dictaduras de Nicolás Maduro, en Venezuela, de Daniel Ortega, en Nicaragua, responden a la misma lógica de la construcción de muros.

La falta de puentes -por variadas circunstancias- explican también la crispación política en el Brasil de Jair Bolsonaro y los problemas de gobernabilidad en Argentina y Colombia.

Es que el muro divide, mientras que el puente contribuye al entendimiento. El muro es un ataque a la democracia. El puente es la mejor defensa de las libertades civiles.

El Papa cree que es posible un saludable ejercicio del poder. “La política (…) es una de las formas más altas de la caridad, del amor, del amor social, pero cuando la política es tirar para cada lado, entonces ahí se crea una situación de violencia ya en el mismo seno del quehacer político”. ¡Qué gran verdad! 

 

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