Joaquín Phoenix como Napoleón
Nicolás Tabárez

Nicolás Tabárez

Periodista de cultura y espectáculos

Espectáculos y Cultura > CINE

Napoleón: batallas épicas, romance fallido y una mirada burlona a un personaje histórico en la nueva película sobre el emperador francés

Joaquín Phoenix interpreta a Napoleón Bonaparte en esta película que puede verse en cines uruguayos desde esta semana
Tiempo de lectura: -'
25 de noviembre de 2023 a las 05:01

Napoleón Bonaparte es uno de los miembros de esa selecta lista de figuras históricas que cada tanto vuelven a inspirar a creadores de todo pelo y color y los invitan a revisitar sus biografías. Es una lista que va desde Cleopatra hasta Jesús. El hecho de tener ya más o menos trilladas sus historias hace que uno se plante ante cada nuevo relato de estos personajes con ciertas expectativas.

En el caso del general y emperador francés, uno se imagina de antemano que se va a encontrar con sombreros bicornios, con un protagonista adusto, implacable y majestuoso, con una celebración de un militar ilustre y un hombre ambicioso.

La sugerencia, si va a ver la recientemente estrenada Napoleón al cine, es que deje la enorme mayoría de esas expectativas en la puerta de la sala.

Eso es porque la película que firma el británico Ridley Scott, el responsable de Alien, Blade Runner, Gladiador y Thelma y Louise, es tanto una épica histórica al uso como una crítica contra el general corso. Bonaparte es representado como un tipo patético, consumido por su ansia de poder, y por extensión es un palo contra la ambición desmedida de los hombres, capaces de conducir a millones a la muerte por complacer su propio ego, aunque digan que lo hacen en nombre de su patria o de la paz.

En ese ánimo cuestionador, la película tiene algunos de sus –sorpresivos– mejores momentos cuando se desliza hacia el lado de la comedia. Y lo hace porque el absurdo rige las vidas de sus protagonistas, sobre todo en las instancias que ocurren puertas adentro de sus palacios.

Uno no le puede pedir exactitud histórica precisa a este tipo de obras, pero Scott se anima a jugar con algunas situaciones que involuntariamente, por el patetismo de Bonaparte, hacen que se escape alguna risa, y pintan a un personaje que, aunque se ha demostrado que no era petiso como marca el estereotipo, según este retrato no era un tipo de una estatura moral muy elevada.

Es que el Napoleón que compone su actor principal, el oscarizado Joaquín Phoenix, está en la misma estantería que otra de sus colaboraciones con Scott, el emperador romano Cómodo de Gladiador, y también que la de los ricachones de la serie Succession.

Este Napoleón es un raro, un niño de mamá con el que Freud se haría las delicias. Un hombre de actitudes infantiles, caprichoso, vengativo y obsesivo, al que poco le importan los vaivenes políticos de Francia, solo demostrar que es mejor que todos. Y también le importa mucho su amada Josefina.

La célebre y telenovelesca relación con su reina es, lógicamente, uno de los ejes centrales de esta biografía resumida en dos horas y media. El amor demente y obsesivo que Napoleón siente hacia ella, la relación de mutuo beneficio que ambos generan, el juego de poder entre la pareja, su costado más sexual –que también genera algunos momentos de hilaridad– el dilema de la descendencia que no llega, todo eso está ahí.

Napoleón (Joaquín Phoenix) y Josefina (Vanessa Kirby)

Aunque su duración pueda llevar a pensar lo contrario, Napoleón nunca para. Y no está dicho como ventaja, sino como un defecto. El gran problema del retrato de este vínculo es la propia velocidad que impone la película, que no se toma un segundo para descansar y dejar que lo que acabamos de ver pueda ser procesado y digerido.

Esta es una de esas biografías cinematográficas que se pueden llamar “entrada de Wikipedia”: una sucesión de nombres, fechas, situaciones y episodios debidamente señalizados con cartelitos, pero que caen como una salva de cañonazos sobre el público sin dar mucho tiempo a hacer otra cosa más que correr para adelante.

Y si uno trata de vender un romance como algo central en la vida del personaje que se está estudiando, pero cuando suceden los puntos de quiebre de ese vínculo uno se queda frío cual soldado francés marchando hacia Moscú, tenemos un problema. Porque queda la sensación de que nada importa demasiado, que los eventos no tienen más peso que ser otra cuenta en un collar de episodios que se van contando.

Dicho eso, hay mérito en lo que hace Joaquín Phoenix, por más que su Napoleón se parezca a algunos de sus papeles anteriores, y si de acá a unos meses llega a estar en el quinteto de nominados al Oscar una vez más, no va a ser sorpresa, aunque no merezca luego ganar. Por su parte, la Josefina de esta versión, la inglesa Vanessa Kirby (tal vez la recuerde como la princesa Margarita de las dos primeras temporadas de la serie The Crown), hace lo que puede con un guion que no le deja mucha cancha para jugar.

Y también la película tiene otro gran mérito, que es el que prácticamente vale por si mismo el precio de la entrada. Y eso es cuando muestra el genio militar de Napoleón, con largas y épicas secuencias de batalla tan crudas como alucinantes.

Lejos de hacer “la gran Hollywood” y poner a dos ejércitos a correr uno hacia el otro y fajarse, Scott juega con las tácticas de la época, con cargas de caballería, cañonazos, emboscadas, infanterías en formación y una sensación real de violencia que pone los pelos de punta.

Las batallas, lo mejor de Napoleón

Es en esos momentos –en Austerlitz, en Waterloo– cuando la película brilla. Cuando esos miles de hombres se enfrentan en los campos europeos y uno siente una capa de realismo en esas recreaciones que en esta época de uso y abuso de efectos especiales generados por computadora, es un vaso de agua en el desierto. O más bien, un río entero.

Más allá de sus claros defectos, la balanza se termina inclinando hacia el lado positivo en este caso. Aunque no deja la sensación de que se comprende más al personaje que retrata al salir de la película, sí hay una línea clara en el relato y una intención del director al meterse con esta historia que vuelve cada tanto.

Sin ir más lejos, a comienzos de este 2023 Steven Spielberg anunció su intención de llevar a cabo la versión que Stanley Kubrick desarrolló en vida y no llegó a terminar, más allá de haber realizado un largo trabajo de preproducción y de investigación detallada sobre la vida del emperador francés, como una serie en siete partes, que irá por HBO.

Y aunque será difícil verla en Uruguay, ya que la película está distribuida por Apple, cuya plataforma de streaming Apple+ no está disponible en estas tierras, Scott advirtió que hay una versión de casi cuatro horas de esta película que él considera es la definitiva. Habrá que ver si es tan así, y si no, será cuestión de esperar al próximo Napoleón. Cuya vida, como marca la historia, tarde o temprano volverá a ser contada.

Comentarios

Registrate gratis y seguí navegando.

¿Ya estás registrado? iniciá sesión aquí.

Pasá de informarte a formar tu opinión.

Suscribite desde US$ 345 / mes

Elegí tu plan

Estás por alcanzar el límite de notas.

Suscribite ahora a

Te quedan 3 notas gratuitas.

Accedé ilimitado desde US$ 345 / mes

Esta es tu última nota gratuita.

Se parte de desde US$ 345 / mes

Alcanzaste el límite de notas gratuitas.

Elegí tu plan y accedé sin límites.

Ver planes

Contenido exclusivo de

Sé parte, pasá de informarte a formar tu opinión.

Si ya sos suscriptor Member, iniciá sesión acá

Cargando...