23 de abril de 2011 10:52 hs

El Gordera tiene 20 años. Viste siempre de bermudas y gorro con visera. Se traslada en su moto azul “tunnig” y tiene problemas para hablar. Él, junto a otro puñado de personas (entre ellos, su hermano de 25 años), fueron “contratados” por narcos del barrio Marconi para instalarse en puntos estratégicos de ingreso a la zona y alertar de la posible llegada de un megaoperativo policial, que ya pisó fuerte en tres barrios conflictivos de Montevideo y que, según lo establece el plan de Jefatura, se extenderá a 350 puntos de la capital.

En el barrio los llaman “serenos”, pero en la jerga delictiva también se los conoce como “campanas”.

El Observador comprobó la práctica el fin de semana del sábado 16 y domingo 17 de abril. El Gordera se instala en la esquina de General Flores y Enrique Castro, frente a un local donde no hace mucho tiempo funcionaba una pollería y, junto a otros dos, se turna en las guardias.

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Un segundo grupo se ubica en la esquina de camino Pedro de Mendoza y Niágara, en las ruinosas instalaciones de un expendio de carne que cerró hace décadas. El tercer punto vigilado por los serenos de los narcos es la esquina de Aparicio Saravia y Enrique Castro, a metros de la policlínica Santa Rita.

Los narcos retribuyen el servicio con dinero pero, además, con droga para que los serenos aprovechen y la comercialicen, si no la consumen.

El sábado de noche el comentario por los estrechos pasillos del Marconi era sobre la llegada de la Policía al barrio. Todos ensayaban teorías sobre el próximo “golpe” de “los botones”. Una señora cincuentona de piel curtida pronosticó, de brazos cruzados y desde la puerta de un almacén en la calle Guarapirú, que el megaoperativo llegaría primero al barrio Borro, después al asentamiento Los Reyes (sobre camino Mendoza) y después “al cante”, en referencia al Marconi, según escuchó de los propios delincuentes.

Mientras tanto, en el predio custodiado por los serenos en la noche del sábado todo era normal: en una esquina fumaban pasta base ocho adictos, los llamados “lateros”. A pocos metros, una orquesta casera de música tropical ensayaba el monótono ritmo de la cumbia villera.

El martes en la tarde, cuando la Policía desplegaba su poderío en Malvín Norte, los serenos del Marconi tomaron sus puestos como nunca y las especulaciones sobre la llegada del operativo estaban en boca de todos.

Punteros

A los empleadores de los serenos se los conoce como “punteros”. Son dueños y administradores de bocas de droga, en su mayoría de pasta base de cocaína y que, a su vez, responden a otros narcos de mayor jerarquía que se encargan de la distribución con rápidas visitas diarias que realizan a bordo de llamativos autos.

Un número nunca confirmado ni desmentido por la Policía habla de 30 bocas en el Marconi.

En ese lugar, el negocio de la venta de droga es cosa de familia. Según reveló un trabajo de la psicóloga Inés Bustelo, realizado durante seis meses en el Marconi para el Centro de Altos Estudios Nacionales (Calen), y publicado por Últimas Noticias en marzo de 2011, en el barrio gobiernan las bandas de narcotraficantes y el silencio es la única arma de sobrevivencia de los vecinos trabajadores.

“Hace tiempo que venimos sosteniendo que hay zonas que viven un proceso de feudalización”, dijo, por su parte, el ministro del Interior, Eduardo Bonomi.

Antecedente

La Jefatura de Montevideo había llegado al Marconi en febrero de 2010 con el fin de poner orden a una guerra de bandas de narcos que se enfrentaron durante el verano con sanguinarios ajustes de cuentas.

En menos de un mes hubo cuatro muertes en la zona. El célebre –y joven– delincuente apodado El Maca, que participó en ejecuciones, fue asesinado por la espalda cuando montaba a caballo en el Marconi, lo que fue señalado como el último capítulo del enfrentamiento.

Todo había comenzado a raíz del procesamiento –a fines de diciembre– de uno de los mayores distribuidores de droga de la zona. Con ese lugar vacante y un mercado en alza, dos grupos comenzaron a disputarse la zona.

El Maca (de 16 años) era aliado de uno de los potenciales sucesores del reinado. En la jerga delictiva ese rol se lo conoce como “perro”.

El Maca baleó a un hombre que hacía poco había salido de la cárcel y quería tomar el negocio de la droga. Las represalias llegaron casi de inmediato y un auto usado por un vendedor de droga fue incendiado en la puerta de su casa.

El Maca fue asesinado de un escopetazo cuando andaba a caballo por el Marconi, presuntamente por un delincuente apodado El Oreja, según la versión más apoyada en el barrio. Luego se sucedieron incidentes con armas de fuego para vengar la muerte del Maca, uno de ellos protagonizado por el hermano del menor asesinado.

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