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No es blanco o negro

No es un extremo o el otro, en la política mundial caben muchas opciones en el medio

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17 de agosto de 2018 a las 05:00

Por Ignacio Bartesaghi

Debido a las dificultades surgidas en las negociaciones entre el Mercosur y la Unión Europea, en estas últimas semanas se volvió a discutir sobre el estado actual de la estrategia de inserción de Uruguay. El debate es justificado en el marco de las diferencias que aún persisten entre los dos bloques tras la realización de las últimas rondas de negociación previo al receso europeo.

La posibilidad de que el acuerdo no se cierre en 2018, meta planteada por todos los gobiernos de los miembros del Mercosur, no debería ser un hecho que llame la atención. Cabe recordar que la postergación de la fecha del cierre de las negociaciones se ha repetido en reiteradas ocasiones desde que técnicamente se iniciaron hace ya más de 18 años.

En la actualidad todos los gobiernos del Mercosur confirman que existe una muy fuerte voluntad política para avanzar hacia el cierre de las negociaciones y es evidente que la administración del Presidente Macri le ha otorgado a la agenda externa una importancia clave, debido al vínculo de la misma con su política interna. De hecho, su liderazgo en el Mercosur tras el impulso otorgado a la agenda externa del bloque, el manejo de la crisis con Venezuela, la realización de la Conferencia Ministerial de la OMC en Buenos Aires y la actual presidencia del G20, confirman cierto éxito en este sentido.

Del otro lado Brasil, que si bien mejoró parcialmente su desempeño económico en los últimos meses, no ha logrado mantener la estabilidad política. La principal economía de la región y líder del Mercosur es hoy un barco a la deriva, con un nivel de incertidumbre política que se ejemplifica con el hecho de que el candidato con mayor popularidad para ganar las próximas elecciones presidenciales se encuentra preso.

De cualquier forma, wBrasil ha acompañado algunas de las propuestas para mejorar la oferta presentada a la Unión Europea (por ejemplo, en el sector automotriz), pero sigue mostrando otros reparos que fueron aprovechados por Europa para poner un freno al ritmo de las negociaciones.

Cabe preguntarse si los miembros del bloque europeo están tan interesados en cerrar un acuerdo debido a la crisis en Brasil, las tensiones internas por el Brexit y los esfuerzos de negociación que impone la guerra comercial desatada por Estados Unidos. Además, la Unión Europea no está tan necesitada como el Mercosur en mostrar logros en su política comercial, ya que recientemente cerró acuerdos con Canadá, Japón y renegoció el de México.

Por otro lado, más allá del positivismo que cancilleres y negociadores deben mostrar sobre los avances de las negociaciones, la realidad indica que aún se observan escollos técnicos que en parte siguen siendo los que históricamente han postergado el cierre del acuerdo, como por ejemplo el sector agrícola versus el industrial, algunas categorías de servicios, propiedad intelectual, indicaciones geográficas y otras normas regulatorias del comercio como el régimen de origen y los regímenes excepcionales. Adicionalmente, en relación a las ofertas presentadas años atrás, debe reconocerse que el negociado hoy es un acuerdo menos ambicioso y con nuevas excepciones sectoriales.

Analizando el estado actual de las negociaciones, una vez más cabe preguntarse si no estamos cerca de reconocer un nuevo estancamiento de las mismas. En este contexto confirmado públicamente por los negociadores y el canciller uruguayo, nuevamente entra en escena el debate sobre si el Mercosur es el instrumento adecuado para tener éxito en la tan reclamada y necesaria política de inserción de Uruguay.

Es bueno recodar que en la actualidad, un país pequeño pero muy competitivo en el sector agroindustrial y en algunos subsectores de servicios, no posee acuerdos con Estados Unidos, China, Japón, Corea del Sur, la Unión Europea, Canadá e India (el acuerdo que tiene con este último país es muy limitado). El problema de no tener acceso preferencial en estos mercados, no sería mayor si otros países competidores estuvieran en la misma situación. Pero este no es el caso, ya que no daría el espacio de esta columna para listar el importante número de economías que sí cuentan con acuerdos comerciales con las principales potencias a nivel mundial, realidad que evidentemente afecta la competitividad de los exportadores nacionales.

Dadas las bajas expectativas de cerrar el acuerdo con la Unión Europea, cabe preguntarse entonces cuál es el plan B. Naturalmente que el TLC con Chile recién aprobado por el Parlamento no lo es, ya que se trata de un acuerdo de escaso impacto económico. Algunos mencionan que ahora el Mercosur tiene una agenda muy activa nada menos que con Canadá, la Asociación Europea de Libre Comercio, Singapur y Corea del Sur, pero otros entendemos que estas negociaciones llevarán años y se verán impactadas de darse una nueva postergación en el cierre de las negociaciones con la Unión Europea.

Respecto a los legítimos cuestionamientos sobre si Uruguay debe seguir negociando con el Mercosur o finalmente adoptar una estrategia bilateral, para por ejemplo poder avanzar en una negociación para suscribir un TLC con China y otras economías asiáticas, el canciller Nin Novoa respondió recientemente que "no aguantaríamos ni 15 minutos fuera del Mercosur". No recuerdo propuestas serias y bien fundamentadas que fomenten el alejamiento de Uruguay al Mercosur, lo que no quiere decir que no se puede seguir negando que el bloque no tuvo éxito en su inserción externa.

No se trata entonces de una lógica de blanco o negro, en política internacional, hay una amplia variedad de grises, los que hacen posible que los países avancen en el cumplimiento de sus objetivos. Por tanto, no se está planteando por parte del sector académico la salida del Mercosur, sino su reformulación a partir del sinceramiento de que el mismo es hoy una precaria zona de libre comercio y no una unión aduanera que exija negociaciones conjuntas.

Esa realidad es la que Uruguay no puede seguir desconociendo y debe con liderazgo, estrategia, consensos mínimos y pragmatismo, reclamar dichos cambios para reaccionar a otro ritmo frente a las tendencias internacionales.



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