Son momentos de solidaridad con el prójimo, mucha comprensión, paciencia, seguir las indicaciones de los expertos y tratar de evitar sacar rédito político y económico en la mayor crisis sanitaria del siglo XXI.
La pandemia del Coronavirus viene a demostrar que las partículas de un estornudo pueden llegar a ser mucho más dañinas que varios misiles teledirigidos lanzados por los ejércitos de las naciones y que no es necesario un conflicto bélico para desestabilizar la economía mundial y hacer colapsar los sistemas de salud.
En este contexto de pandemia, Uruguay con gobierno recién asumido y aun sin poder comprender a cabalidad cómo cambió todo de un día para otro, se adentra en el 2020 debiendo hacer un cambio de hoja de ruta en todos los niveles. La agenda del nuevo gobierno volcó por la fuerza de los hechos que vienen del exterior y es necesario replantear metas y objetivos. Pero también deben modificarse las estrategias de las empresas, los planes de los comercios, las proyecciones de las familias y las acciones de los individuos.
Resulta positivo que el presidente sea alguien joven y que tanto él como su gabinete estén en el gobierno frescos y con las pilas cargadas. Van recién tres semanas y parece que están hace varios meses. La intensidad de respuestas que demanda la acción ante el avance del Covid-19 y el estado de permanente alerta con que la población sigue las instrucciones que parten de la Torre Ejecutiva pueden llevar a esa falsa conclusión. Esto recién empieza: tanto la gestión del nuevo gobierno como la lucha contra el virus.
El presidente ha dado señales de enorme templanza en la tormenta. Aparece firme en sus decisiones, apoyándose en expertos y lógico en su accionar. El Uruguay lo necesita claro, seguro y convencido. Eso es lo que viene mostrando ante la crisis. La población hasta ahora viene actuando bastante bien, acatando en gran parte las exhortaciones de las autoridades e informándose al tiempo que los distintos ministerios adaptan sus estrategias para el nuevo escenario.
En esta batalla gobierno y ciudadanía deben estar juntos. Son aliados.
Lo que sí amerita preguntarse es: ¿Por qué la irrupción del primer caso y todo lo que desencadenó tomó tan por sorpresa al Uruguay entero? Ni el gobierno saliente, ni el entrante, ni la academia, ni los expertos, ni los medios de comunicación estaban con la guardia alta.
Bastaba leer lo que venía padeciendo Italia y España para escuchar las alarmas sonando frenéticamente, pero estábamos todos sordos, o alienados. Nadie las escuchó. El viernes 13 nos caímos todos de la cucheta y aún estamos mareados.
Con el diario del lunes es evidente que ni los que asumieron ni los que se fueron del gobierno dimensionaron la enorme gravedad que significaba la potencial llegada del virus de origen chino. Ahora a mirar para adelante. El coronavirus viene demostrar por la vía de los hechos que ese dicho que dice que lo que pasa en Uruguay va a llegar, pero veinte años más tarde, no va más.