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Nostalgias tropicales: inmigrantes que pelean para mantener su identidad

LLegadas desde Venezuela y República Domincana, dos mujeres quieren que este Año Nuevo, la comida se convierta en un antídoto contra el desarraigo

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31 de diciembre de 2017 a las 05:00

Cuando la venezolana Camila González se baja del auto, el chofer de Uber escupe la bilis que se venía aguantando casi todo el viaje: "¿Por qué no te vas a tu país?" Para que quede claro derrapa las llantas del auto contra el asfalto en la esquina de Chucarro y Gabriel Pereira y se va.
 
Camila se ríe, mueve las caderas y pasa a abrir su local de estética con el mismo brillo con que arrancó el día. Ella no se ofende, el viaje empezó mal desde el momento en que le cuestionó al chofer el camino que estaba tomando. "No soportan ver que un extranjero tenga más éxito que ellos", dice, "no me lo tomo mal porque yo también soy uruguaya y además, armo los mejores mates".
 
Aura Mecado llegó hace cuatro años a Uruguay desde República Dominicana y uno de los primeros consejos que le dieron fue que se sacara esas calzas rosadas fluorescentes que había traído en su equipaje. Es por su bien, le dijeron: "no querés parecer una prostituta".
 
Ellas, mujeres inmigrantes, vieron la cara de un Uruguay que a los locales les cuesta reconocer, el Uruguay xenófobo, reacio a lo distinto y conservador. Pero ellas prefieren mirar todo lo otro.
Ven un país que las acogió, que les permitió emprender, estudiar y querer. Sin embargo, pasar las fiestas lejos de los afectos, las costumbres y el folclore nunca es fácil.
 
Para pelear contra el desarraigo, estas dos mujeres cocinan.
 
caribeñas uy
 
La odisea de los ingredientes
 
Es viernes antes de Navidad y Montevideo parece otro. Ni en el Caribe vivió Aura tanto calor. Su misión es conseguir leche evaporada, el ingrediente secreto de su cocina, en la tienda de unos peruanos. Luego piensa ir a Ciudad Vieja, al único puesto que le vende plátanos. Plátanos de verdad, que no son lo mismo que una banana.
 
Los plátanos maduros son el ingrediente principal de su plato estrella este Año Nuevo.
Y no es cualquier comienzo de año, este es el primero que va a pasar con sus tres hijos después de cuatro años sin verlos. Tiene bien fresco en la memoria el día en que llegaron, hace dos meses. Le había dado instrucciones claras al más grande, Michael, por si se le complicaba la entrada. Michael debía decir que su viaje era por Reunificación Familiar, un derecho que Uruguay reconoce a los extranjeros que quieren traer a sus parientes. Y por las dudas, Aura le hizo memorizar número y artículo de la norma que lo establece.
 
A pesar de las precauciones, en migración los pararon. Michael hizo todo lo que su madre le había ordenado y lograron pasar. Afuera los esperaba ella, con los pelos de punta. "Ahí están mis hombres", recuerda haber pensado al verlos, erizada de la emoción y el llanto contenido, "estaban mucho más grandes que cuando los dejé".
 
Ahora, después de haber gastado más de US$ 4.000 y de haber pasado sus últimas semanas de oficina en oficina gestionando las residencias, quiere celebrar. Todo está encaminado, el más chico de sus hijos está inscripto en el liceo y para los otros dos espera poder poner un negocio de lavado de autos. Solo queda cocinar.
 
PASTELÓN DE PLÁTANO
 
Aura cuenta sus planes mientras elige los plátanos maduros que va a usar para el pastelón. José, el dueño del puesto, le hace un descuento, porque además de llevarse casi 30 plátanos le trae a toda la clientela dominicana. El pastelón combina un puré de plátanos con carne salteada y queso, mucho queso. Tiene un sabor agridulce que ya en el primer bocado se lleva la resistencia de cualquier local que le tenga miedo a la mezcla entre plátanos y carne.
 
En Venezuela, por otro lado, el centro de la fiesta son las hallacas. La tradición dicta que cada familia prepara las suyas pero después viene el intercambio. No hay dos formas de hacer hallacas que sean iguales.
 
HALLACAS 2
 
Vender pequeños placeres de la gastronomía venezolana se convirtió en una forma fácil de conseguir dinero para los recién llegados, que aprovechan la nostalgia de los que cambiaron de casa hace ya varios años.
 
Así fue que Camila pudo comprar unas hojas de plátano, ingrediente principal de este pastel relleno con varias carnes que lleva además aceitunas, alcaparras, y pasas de uva. Todo eso se pone dentro de una masa, se envuelve en pequeños paquetes de hojas de plátano y se hierve. Este año preparó unas 350 hallacas que vende a 200 pesos cada una.
 

Colaboración caribeña

CARIBEÑAS
Camila González vende sus hallacas, que son un plato tradicional venezolano, a 200 pesos
Camila González vende sus hallacas, que son un plato tradicional venezolano, a 200 pesos
La Navidad pasada, a Camila le llegó una llamada de su ahijado que le trajo un sabor amargo a sus fiestas. Estaba varado sin plata en un aeropuerto de Brasil, e intentaba llegar a Montevideo.
Sintió culpa de estar disfrutando con su madre, su perra y su hija María, a quienes había logrado traer, mientras él estaba perdido en un país desconocido, así que le dio indicaciones para llegar a su casa y lo esperó, nerviosa. El joven tuvo que hacer trueque con su celular por un pasaje a Uruguay.
 
Camila le dio de comer y lo llamó su "refugiado". Un año después, tiene otro inquilino, un joven que llegó, también sin nada, y que busca hacerse un futuro en el país. Ese es el camino que han seguido miles de caribeños que escapan de los problemas de sus países, principalmente, de Venezuela, República Dominicana y Cuba. Camila entiende lo que los empuja a salir y se compadece: "él sentía que si no lo mataba el hambre lo mataba la delincuencia".
 
caribeñas
Aura logró traer a sus hijos hace dos meses
Aura logró traer a sus hijos hace dos meses
Los que vienen de República Dominicana, por su parte, saben que tienen una referente, y que esa es Aura. Ella fundó la Asociación de Dominicanos Juana Saltitopa y desde que llegó ha participado en actividades de varias ONG, festivales gastronómicos y eventos que promueven la cultura de su país. Esa es su manera de instalarse, tendiendo redes.
 
Los últimos días de 2018 dejan las luchas de estas mujeres atrás. Ahora, para ambas hay nuevos comienzos. Y a pesar de todo, del gris, del frío, de los políticos y de las injusticias, ellas eligen sonreír.
 

Las cifras

Mientras que en 2014 el total de venezolanos que obtuvieron residencia fue 78, para setiembre de este año se registraron 1.617. Cancillería estima que el crecimiento por año es del 20%, según informó Portal 180.
 
Con los dominicanos pasó algo similar entre 2013 y 2014, hasta que Uruguay decidió exigir visa para el ingreso, decisión que dificultó (pero no frenó) los arribos. Varios activistas lo consideran una violación a los derechos humanos.
 
 

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