La enseñanza de oficios a jóvenes de zonas carenciadas en cuarteles del Ejército agrega un valioso eslabón a los muchos aportes que las Fuerzas Armadas prestan a la sociedad civil, al margen de sus funciones estrictamente militares. Estas actividades han incrementado la simpatía popular hacia la estructura militar, superando con 54% al 35% del movimiento sindical y al 29% del sector empresarial, según una encuesta realizada el año pasado por Equipos Consultores. Son varias las razones de estos resultados, que alejan el rechazo que todavía sustentan algunos sectores del Frente Amplio por rémoras de los años de dictadura, pese a que las Fuerzas Armadas de hoy están ideológicamente muy lejos de las que existían hace más de tres décadas.
Esas razones van desde la valiosa contribución de unidades uruguayas en las misiones de paz de Naciones Unidas, reiteradamente elogiadas por el organismo mundial, hasta su intervención ante desastres naturales y otras dificultades internas. La asistencia a los damnificados por las recurrentes inundaciones, asegurándoles alimentación, alojamiento y otras formas de ayuda, le ha valido a los soldados aplausos de la gente en muchas oportunidades. Lo mismo sucedió cuando contribuyeron decisivamente a la reconstrucción de Dolores después del tornado que la devastó o cuando en 2010 el Ejército se hizo cargo de retirar la basura que ahogaba a la capital a raíz de otra de las frecuentes huelgas del sindicato municipal. La Fuerza Aérea y la Armada, por su parte, también intervienen directamente en tareas de respaldo a necesidades sociales.
Profundiza este acercamiento militar a la sociedad civil el anuncio del Ejército de que empezará a aprovechar su estructura para enseñar oficios tanto a hijos de sus efectivos como a jóvenes residentes en las zonas periféricas donde están instalados la mayoría de los cuarteles en Montevideo. El plan está en línea con una vieja iniciativa del comandante en jefe de esa arma, Guido Manini Ríos, de aprovechar su estructura para ayudar a jóvenes de áreas conflictivas a formarse para una vida más digna y de trabajo. Cuando la planteó inicialmente enfrentó la resistencia de los resentidos de siempre, que siguen viendo en los militares a enemigos desasociados del resto de la sociedad. Oficios tan diversos como técnico electricista o informático, carpintero, herrero, sanitario y muchos otros pasarán a ser enseñados a jóvenes que tienen escasas perspectivas de desarrollo en degradados entornos familiares o barriales. Wilfredo Paiva, jefe del Departamento de Comunicación Social del Ejército, informó a El Observador que los cursos comenzarán en cuarteles en Montevideo y que, una vez que se valoren los resultados obtenidos, serán ampliados a centros del interior.
La estructura militar uruguaya es cuestionable en muchos aspectos, por su exceso de personal y carencia de equipamiento moderno. Incluso más de una vez se ha barajado la opción de tener, en vez de tres armas, una especie de única guardia nacional como la de Costa Rica o el cuerpo de Carabineros de Chile. No es un proyecto descabellado para un país pequeño y que difícilmente ingrese a un estado de guerra, pero ni se lo avizora. Entre tanto, prestigia su existencia entre casi toda la población su mayor vinculación con la sociedad civil al asistirla cuando se producen desastres naturales y otras situaciones de emergencia.