El remate del Gardiner Angus Ranch en Ashland, Kansas (Estados Unidos) del sábado pasado fue todo un hito para la raza Aberdeen Angus. Luego de varios años de sequía persistente en Texas, y con muchos ganaderos sin demasiado ánimo de compra, este año fue, de alguna manera, un batacazo.
Y el batacazo fue por partida doble: el promedio de venta de 300 toros llegó a US$ 9.130, mientras que el mismo promedio un año atrás fue de US$ 6.633, casi un 38% de incremento en una campaña.
Por otra parte, el precio de la principal vaca del remate llegó a US$ 425.000. Sí, leyó bien: ¡casi medio millón de dólares por una vaca !
¿Qué tiene de especial esta vaca? ¿Puede tener “tanto” de especial para semejante precio? Bueno, en verdad es hija del GAR Progress, un toro cuyo principal mérito genético es haber sido el único hijo del legendario GAR Predestined (recientemente fallecido) que logró tener bajo peso al nacer. No es un tema fenotípico. Esta vaca ni siquiera ha pisado una pista en su corta vida (ni la va a pisar).
Es un tema de números y atributos de calidad de la carne. Hacia allí va el mercado en los Estados Unidos. Con menos vacas tienen que producir cada vez más y mejor carne para no perder competitividad. Esto es un tema para otra nota y un buen debate: ¿hacia dónde va entonces la genética en Estados Unidos?
El precio máximo de los toros fue de US$ 130.000 también por un hijo del GAR Progress. Todo un día de fiesta, que señala un camino: esta cabaña es probablemente la que lidera el mercado en términos de atributos de calidad de carne y nos muestra que la calidad vale tanto o más que el show.